Guillermo Perícola estuvo diez años como gerente de la Asociación Empresarial del cerro Catedral. En los últimos seis años dispuso la compra e instalación en la Plaza Catalia Reynal de dos cañones de nieve suecos, y demostró que el movimiento en la base cambió en forma radical, aumentando la facturación de todos los comercios del lugar.Al tiempo, se puso a estudiar en detalle el asunto. Vio que un cañon de primera, de los que se fabrican en los países nórdicos, Alemania o Canadá, cuesta 20.000 dólares (15.000 euros), lo que más el flete, IVA y seguro, y puesto en Bariloche se eleva a 35.000 dólares.
También descubrió que esos cañones, por muy buenos, en lugares como Bariloche y el cerro Catedral pierden eficiencia, porque están diseñados para lugares mucho más fríos y menos húmedos. Además acá se usan menos de lo necesario.
Así Perícola desarrolló una veta de inventor aficionado y desarrolló el cañón Consulbar Andino. Comenzó en 2006, cuando ganó un concurso del Comité Federal de Ciencia y Tecnología (COFECYT), que le dio 70.000 pesos y en cuotas –hace dos meses cobró la última-, que a la distancia se fue haciendo escaso: finalmente le costó más de $100.000.
“Es un prototipo de cañón de nieve, el primero y único argentino. Es configurable en lugares como Bariloche, lo que es una ventaja ante una máquina importada, preparada para otro clima, el de los países de origen, mucho más fríos, como Suecia, Canadá o Alemania”, explicó Perícola a Económicas Bariloche.
Agregó que además de tener un mejor rendimiento, adaptable a las condiciones del Cono Sur americano, “se puede lograr mejores costos que con las importadas, y tiene la ventaja de un servicio de mantenimiento y reparación local”.
Puso el caso de Teleférico Cerro Otto ejemplo, donde compraron una máquina sueca Lenco. “Es una de las mejores, que allá tiene un rendimiento excepcional y una tecnología bárbara, pero no produce bien en condiciones como las del Otto”.
“Será un gran negocio para el industrial o financista argentino que lo tome, porque ya hay muchos interesados en el asunto”, afirmó, señalando que en el desarrollo “surgieron nuevos mercados para el cañón, como hoteles, parques de nieve (sólo para esparcimiento) o complejos turísticos de montaña”.
Perícola terminó su invento esta primavera y no llegó a tiempo para tener las condiciones de nieve para probarlo. Igual lo hizo en su casa en noches de bajo cero y alcanzó a comprobar su éxito. “Con la presión exigida va a funcionar perfectamente”, sostuvo.
Explicó que en Bariloche sería más difícil su fabricación, porque hay pocos talleres metalúrgicos y están comprometidos con Invap, por lo que muestra el prototipo en Neuquén, Bahía Blanca, Buenos Aires y otros grandes centros. (Económicas Bariloche)