“Estamos terminando con el Corralito”, expresó el ministro de Economía Hernán Lorenzino, y a su entusiasmo no le falta fundamento. El gobierno nacional cancelará el próximo 2 de agosto el Boden 2012, el último título de deuda pública devenido del Corralito, que hace diez años confiscó ahorros privados y terminó por derrumbar a sus autores intelectuales y materiales: el ex presidente Fernando de la Rúa y su ministro Domingo Cavallo.
Los analistas destacan que resulta curioso que este afamado título ya no es “tan representativo” de los ahorristas que salieron a la calle a protestar con sus cacerolas en las puertas de los bancos para recuperar sus dólares: un 75% del bono está en manos de acreedores privados, los cuales en su gran mayoría son inversores del exterior.
En Argentina quedan pocos inversores “acorralados”, un puñado de los que también resiste en Bariloche. Esta persistencia se habrá convertido en agosto en una buena decisión financiera.
El final del Corralito será presentado con fervor por el gobierno, en función del pesado costo para las arcas nacionales y su valor simbólico del cambio del modelo, del neoliberalismo de los 90 a la economía nacional y popular en curso. De hecho el portal del Ministerio de Economía en internet (mecon.gov.ar) puso un reloj con la cuenta regresiva para la cancelación total del Boden.
Lorenzino recordó que la deuda del Estado con el sector privado se redujo del 124% del PBI en 2002 al 14 por ciento en 2011, para finalizar este año.
"Estamos terminando con el corralito con el claro objetivo de administrar los recursos del Estado en beneficio de la gente, apostando a la producción, al empleo y al crecimiento con inclusión social", indicó el ministro, al repasar la política de desendeudamiento en marcha, uno de los pilares del modelo nacional.
El Boden 2012 es el bono más emblemático que emitió la Argentina luego del descalabro del 2001. El pago alcanzará los U$S 2.198 millones en capital y U$S 9 millones en intereses.
Los pagos comenzaron por disposición del ex presidente Néstor Kirchner en 2005, con la cancelación del capital. Desde entonces se pagaron U$S 19.600 millones, de los cuales cerca de U$S 17.100 millones corresponden a capital y U$S 2.500 millones a intereses.
Si bien hay algunos ahorristas argentinos que esperaron a cobrar cada cuota del Boden hasta el vencimiento, resultan ser los menos ante la importante tenencia de los grandes fondos de inversión a nivel internacional.
Según registros públicos con datos actualizados a mayo, los mayores tenedores del Boden 12 eran el fondo Franklin Resources Inc, Capital Internationl Fund, MFS Investment, Black Rock, Capital World Investment y el conocido fondo Fidelity Investment (uno de los que más tradea deuda emergente).
El diario El Cronista informó que el título siempre fue una abultada carga para el país. El pago de Boden 12 (capital e intereses) representa aproximadamente el 30% de los servicios totales a privados en moneda extranjera este año. Eso desaparece de caras a 2013. De hecho, los números que manejan en los pasillos oficiales marcarían que después del pago del Boden 12, el ratio de deuda con privados como porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI) bajaría de 13,5% a aproximadamente 11,5%.
Es más, resulta probable que el año próximo tampoco exista necesidad de pagar por los cupones atados al PBI. Este diciembre se deben abonar u$s 3.500 millones por los cupones, instrumento que acumula pagos por el equivalente a lo que se debe al Club de París. Sin Boden y sin cupones, el año próximo en términos de vencimientos de deuda en dólares quedaría muy despejado.
Pero la saga en torno a este título público próximo de cancelarse tuvo varios ribetes. Por un lado, hubo un duro golpe por parte de los fondos buitres quienes reclaman los pagos por el default. Tuvieron un parcial éxito ante el juzgado de Thomas Griesa bloquear los pagos de la Argentina, algo que se apeló y terminó por suspenderse. Esto disparó una batería de rumores acerca de lo que sucedería con el Boden. En rigor, el bono nunca podría ser embargado ya que está emitido bajo ley local, o sea fuera la jurisdicción de Nueva York. Pero las especulaciones no terminaron con eso. El cepo cambiario también hizo que los inversores especularan con una “pesificación” del pago. Desde la mesa de dinero de varios bancos de inversión hacían circular comentarios internos a clientes para alertarlos acerca de esta posibilidad. Si bien esa alternativa nunca estuvo en análisis por parte del Gobierno, lo cierto que el mercado estaba inmerso en un mar de especulaciones que sólo cedían cuando la misma Presidenta salía a reafirmar el pago en dólares contantes y sonantes. Para los inversores, la cancelación del Boden le dará mayor atractivo a los bonos en dólares bajo ley local, despejando un escenario de pesificación, algo que traería una relativo alivio a la curva de rendimientos. (Económicas Bariloche y El Cronista)