A partir de
entender que el club no es de un socio vitalicio ni es del intendente; es
patrimonio social y cultural del pueblo, ambas partes, tanto miembros del club como
integrantes de la sociedad deberán discernir
y manifestarse a través de sus representantes para determinar el valor
específico y destino del lugar, erradicando el largo rosario de inverosímiles dimes
y diretes. Porque está en juego un valor patrimonial y no los influyentes compromisos
políticos, que no faltan a la hora de resolver los temas para el bien común y el
desarrollo de esta ciudad.
Discusiones estériles
y altisonantes hasta hoy hacen que la gente no pueda digerir con facilidad la
puja, hartándose de los discursos sin lógica ni destino. Sólo generan desidia producto
de banales antagonismos de personajes que, por el hecho de considerarse poblador
se atribuyen una potestad sin derechos, pretendiendo arrebatarle a la cultura
lugareña lo que le pertenece por naturaleza. Haciendo que su propia existencia sea
una impúdica exhibición ante los medios que propagan sus caprichosas posiciones
sin ningún rubor. En El Bolsón es moneda corriente discutir para llegar a
ninguna parte.
El edificio fue
fundado hace algo más de medio siglo por viejos pobladores. Luego los hijos, vaya
alguien saber porqué razón, falta de voluntad u olvido, dejaron que el club social
se cayera hasta el deterioro. Abandonado a la deriva, el “viejo y querido club” que hoy se quiere
recuperar fue decisión del estado salvarlo con una onerosa inversión,
remodelación que lo sacó del acabose definitivo. Sin embargo, pese a ello, los
reclamantes sin ningún pudor piden a gritos la devolución ¿para qué fines? ¿Con
qué propósitos?
El gobierno
tiene la obligación de recuperar el espacio destinado a la vida social, cultural
y educativa de la gente, del pueblo, sin que le pese la dimensión generacional
que separan a la nostalgia del progreso. Sólo superando esas vetustas ideas en
danza de quienes lo pretenden ahora, después de la costosa remodelación, podrá definir
sin culpas su expropiación por ser un bien patrimonial intransferible del
estado. Para ello bastará con exigirles documentación fidedigna del registro de
propiedad, de sus estatutos, legalidad en los balances y registros contables
que un club de asociados debe cumplimentar para sus funciones porque es el
propio estado quien lo requiere.
Sería
necesario, de manera efectiva en la sesión de concejo, la participación de
pobladores que expresen su genuino sentimiento por el actual edificio, como
también la gente en general y en
particular, el conjunto de la sociedad de artistas en todos sus géneros a pronunciarse por éste ámbito que hoy
fomenta la vida cultural de toda la región. Una clave que, probablemente,
podría escindir de los propósitos personales de quienes arremeten sin
importarles lo que se llevan puestos, aún a costa de sus propios y egoístas
errores. Ambiciones personales que llevan a la confusión para lograr ganancias.
Algo así está sucediendo con el reclamo y devolución de El Refugio.
Este lunes el
Concejo Deliberante de El Bolsón tratará el tema aunque de antemano se vaticina
que por “compromisos y presiones” ´del poder político los ediles oficialistas
tendrían definido el voto para la aprobación con pase a comisión. De ser así, trasluciría el camino a tomar por
parte del Poder Ejecutivo, que dejaría de velar por ese bien patrimonial si no
aplica con autoridad su decisión en favor de la cultura. En todo caso, para
honor de su propio gobierno la vía de una consulta popular remediaría el
conflicto. Que Dios lo ilumine.
Angel Daniel Morales
Periodista / Ex director de cultura
twitter: @orson55
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