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14 jul 2013

Carta de amor, para Rafa.

Querías irte y te acompañé a hacerlo, me lo agradeciste con una lagrimita que se asomó de tu ojo derecho y a los 20 minutos te fuiste. Mi cuerpo y mi alma se desgarraron con tu ausencia, con la ausencia física y el vacío que dejaste a mi alrededor: te busco, te siento, te escucho.
En este momento es lo que más siento: quiero verte aparecer y abrazarte.
Me parece un sueño, una situación ridícula que no imaginé ni en mis peores pesadillas (y tuve muchas)
Siempre me dijiste, cuando fantaseábamos los dos con la muerte, que de ninguna manera te expusiera a la mirada de los otros. Te pedí y te pido perdón por no cumplirlo: había tanta gente que ansiaba despedirte, honrarte, acompañarte!. Seguro que estarías protestando y pensando: “¿por qué me miran?” pero fue con el mayor de los respetos, agradecimiento y dolor. Yo te dije que hicieras de cuenta que estabas en la tele. Además, dicen los que te vieron, que estabas con una sonrisa. Vos sabés que nosotros ya nos habíamos despedido antes, cuando todavía estabas, después…después ya permaneciste grabado en mi cuerpo y alma, no hacía falta ver tu envase; ya eras parte de mí.
También siempre me dijiste que tu deseo era que tiremos tus cenizas al Piltri y al lago…”¿al Piltri?- te dije-una vez me hiciste subir y dejé mis pulmones y mis piernas y pretendés que vuelva?, ¿no podrá ser en la base?”-te pregunté. 
-No, en la cima-me dijiste, en lo más alto
Eso te encantaba, la adrenalina, el riesgo, para vos dormir la siesta era estar muerto; cuantas veces te decía: -“acostate un rato, pa; miremos tele”. Y vos:-“vamos a caminar, vamos al lago, llevemos a la perras”. Aprovechaste todos los instantes de tu vida, como presintiendo la premura que te respiraba en la nuca. Yo, sin entender, te pedía que descanses, que te relajes,… que tonta…no sabía que tu tiempo acá era corto.
Vino mucha gente a despedirte: conocidos, amigos, familiares, personas que yo nunca había visto, gente que te conocía “de la televisión”. Todos me contaban cómo eras vos… a mí. A mí que me enamoré justamente porque vi quién eras y durante 9 años viví tu trabajo, tus ideas, tus preocupaciones, tus dolores, tus angustias, las injusticias, los logros. Yo sé quién sos, Rafita, y te amo por eso. Pero fue muy emocionante, y desgarrador a la vez, escucharlo y sentirlo de toda una comunidad. Vos ya lo sabías, pero estoy segura de que te gustó poder estar ahí.
No me imagino la vida sin vos, en realidad, nunca mi vida va ser sin vos, eternamente estarás en mí… tengo que aprender que será de otra manera. Hoy duele mucho, duele en cada célula de mi cuerpo, en cada objeto tuyo, en cada frase tuya, en cada canción, en cada lugar…
De mi parte agradezco infinitamente a todos los que estuvieron, acompañaron, se entregaron y se pusieron a entera y total disposición-“para lo que necesite”-; tanta grandeza hizo que sintiera mi mezquindad. Tengo tanto que aprender…Me sentí entera y completamente acompañada.
Todos me dicen con tanta convicción y cariño: “fuerza”. Hoy no la tengo, pero de a poco empezaré a construirla, transitando el dolor…no hay otra manera.
Vos elegiste quedarte acá, en las montañas y en el lago, en este lugar…yo elijo quedarme con vos.
Gracias por elegirme, por haberme amado y por haber sido parte de tu vida.
Te amé, te amo y te amaré hasta que nos volvamos a encontrar…y más allá también
Buen viaje, Rafita!!!!!

Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.
Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.
Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.
Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.
Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.
Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.
Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.
No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.
Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.
La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.
Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.
Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.
Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme.


Claudia











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