Todas las rutas conducen a Ceferino

Miles de fieles inician sus peregrinaciones para venerar el próximo fin de semana al beato patagónico. Siete devotos cuentan sus historias, para empezar a vivir de cerca la fiesta de Chimpay.

Miles de rionegrinos y neuquinos están iniciando por estas horas el camino a Chimpay. Cabalgando, en bicicleta, corriendo y hasta caminando, todos van a encontrarse con Ceferino Namuncurá. Devotos o no, viajan para agradecer, para pedir o simplemente como un desafío. La celebración por el beato patagónico empezará el próximo viernes y se extenderá hasta el domingo.

La ciudad del Valle Medio se viste de muchos colores, recibe fieles de innumerables ciudades e inunda sus calles de esperanzas. El intendente, Hugo Funes, se animó a especular que la concurrencia superará ampliamente la del año pasado y que se podría llegar a contar con cerca de 80 mil personas.

Tomás Olivieri es devoto de Ceferino Namuncurá y sus viajes comenzaron a los 12 años, de manera alternada, a través de su familia. A partir de los 18 comenzó a viajar todos los años, a veces en la fecha del natalicio y otras veces en otra época.

Unos de los viajes fue particular y muy emocionante. Fue luego de conocer la situación de un allegado, quien tenía a su hijo con graves problemas de salud. “Es un sentimiento que nace, es difícil de explicarlo hay que sentirlo, es cuestión de fe”, aseguró el hombre. Relató que sintió la necesidad de ir a Chimpay y que iba a haber un momento indicado para realizar el viaje.

El momento que eligió para viajar tuvo que ver con el desenlace que se esperaba del niño. Sin organización previa, preparó la mochila y empezó a caminar. Solo con su alma.

El camino lo recorrió por las bardas, donde se encuentra el gasoducto de la zona norte de Roca, para evitar el tránsito de la Ruta 22. Llegando a General Enrique Godoy recibió una llamada del conocido: “Tomás no sé si lo que estás haciendo tiene algo que ver, pero Danilo está respondiendo bien”. Con emoción, el hombre siguió adelante, en un viaje duro y con las emociones a flor de piel.

Luego de cuatro días y con 140 kilómetros detrás, Tomás arribó a Chimpay para pedirle al beato patagónico que Danilo, el hijo del amigo, se recuperara. Y eso finalmente ocurrió.

Este año quiere volver. Hasta el momento no tiene definido si irá acompañado o solo, pero sí que lo hará caminando.

Otro grupo de personas que viaja habitualmente a la ceremonia ceferiniana son los y las jinetes de toda la provincia, e incluso de otras provincias.

Desde Roca un grupo de aproximadamente 10 personas se organiza para agradecerle a Ceferino. A raíz de pedidos específicos, relacionados con enfermedades, todos son devotos del beato patagónico.

Cuentan que luego del pedido al mapuche las complicaciones en la salud se resolvieron. “No sabemos si fue él específicamente, pero las cosas surgieron así”, aseguraron.

Carlos Fontenla tiene 76 años y continúa con la tradición religiosa junto al grupo. El hombre asegura que “la fe no tiene explicación” y que el hecho de compartir con amigos y de conocer gente nueva es esencial para el camino.

Eduardo Yop (47) hace 23 años que realiza este viaje. Relató que el primero lo hizo en un momento de desesperación. “¿Viste cuando te querés agarrar de algo? Y bueno, fuimos”, resume.

Luego de la primera experiencia, la creencia se fortaleció, el grupo de viaje quedó y los momentos para compartir se esperan con ansiedad.

“Ahora somos todos devotos del “Cefe”. Algunos años vamos a agradecer y otros vamos a pedir”, agregó.

Silvana (39) hizo sólo un viaje con el grupo, y “me pareció fantástico, por eso lo voy a volver a repetir”. Destacó la belleza de la fiesta religiosa y asegura que es incentivo para volver a ir.

Aníbal tiene 73 años y desde el 2014 parte cada agosto a caballo con sus amigos. “Viajo porque me gusta la amistad y también por ser creyente”, comentó. Relató que se comparten silencios, charlas, recuerdos, conocen nueva gente, se trata de compartir y “el postre es llegar a destino”.

Siempre que ha viajado para agradecer la vida que tiene, “me siento un tipo privilegiado por la salud que tengo y por lo que me ha tocado vivir”, concluyó.

Ezequiel (40) es de San Luis y por primera vez realizará el camino a Chimpay. “Esta cabalgata tiene algo de fe, además de la amistad que comparto con ellos”, aseguró.

Para el viaje explicaron que, en primer lugar, a los caballos “hay que caminarlos”. Lo demás es todo equipo para acampar, para comer y para abastecer a los caballos. Y luego de cuatro días llega la recompensa, mirando de cerca a Ceferino para renovar la fe.

Increíbles milagros cuentan algunos devotos de Ceferino Namuncurá: “No sé si es lo que estás haciendo vos Tomás, pero Danilo está respondiendo bien”.
Los dos milagros reconocidos
Ceferino Namuncurá Burgos es considerado beato por dos milagros. El primero le sucedió a una niña de Perú, que actualmente tiene 14 años.
La niña a sus cinco años, “sufría una grave afección al corazón sobre la que clínicamente no había mucho más por hacer. Una noche, se le apareció una figura que le dijo ‘dile a tu mamá que no llore más’. La nena nunca más tuvo problemas y un día con toda la inocencia, le dijo a su madre que se le había aparecido un señor, ‘el del poncho’, resulta que era Ceferino”. El segundo, que le habilitó la beatificación de Ceferino, fue de Valeria Herrera, una joven cordobesa, a quién se le había diagnosticado cáncer de útero a sus 24 años. La noche del viernes, luego de enterarse la situación de su salud, tomó una imagen de Ceferino y le pidió que interfiera ante Dios para salvarla del cáncer. Al lunes siguiente, en el segundo control, le aseguraron que no había registros del tumor.
“Fuimos en un momento de desesperación, dando manotazo de ahogado. A partir de allí viajamos todos los años con ellos”.
Eduardo hace años que viaja. Poco a poco el tiempo lo convirtió en devoto.
“Lo hice sólo una vez al viaje y me pareció fantástico. Las cosas que se viven en Chimpay son magníficas, pienso ir con mi hermano”.
Silvana viajó por primera vez en el 2016, y este año se sumó nuevamente.
“El viaje es para compartir con amigos y conocer nuevos, sentirse acompañado en un viaje como éstos es indispensable”.
Carlos Fontenla tiene 76 años y continúa realizando la peregrinación.
“Esta cabalgata tiene fe además de la amistad. Hemos compartido muchas cabalgatas con el grupo pero esta ocasión es especial”.
Ezequiel es de San Luis. Este año pudo viajar, no sólo por placer sino por fe.
“Viajo porque me gusta la amistad que me brindan mis amigos y también por ser creyente. En el viaje se comparten muchos momentos”.

Aníbal (73) hace tres años realiza la peregrinación a Ceferino Namuncurá.











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