Habló el primer vecino afectado por el brote de hantavirus

Un vecino de Epuyén, Víctor Díaz, dialogó con el diario La Nación, de Capital Federal; y relató cómo fueron los últimos meses, desde el comienzo del brote que afectó a la Comarca Andina, hasta estos últimos días. Esta cepa del virus hanta se transmitió de persona a persona, afectando a un total de 34 vecinos, de los cuales 11 perdieron la vida. Otro centenar de personas permaneció entre 30 y 45 días en aislamientos selectivos y la Comarca comienza a retomar su habitual ritmo de vida.


Se trata de Víctor Díaz, un vecino de Epuyén a quien califican como el “paciente cero” del brote de hantavirus que afectó primero a la localidad y luego a la comarca andina. Él recuerda que el pasado mes de noviembre concurrió hospital de Epuyén para sacar turno y recibir atención por la afección que padecía.

Si bien presentaba al comienzo síntomas coincidentes con un cuadro de resfrío, los mismos fueron empeorando. Pese a ello, Víctor sacó un turno el primer domingo del mes para ser atendido en la semana.

Díaz diálogo sobre las primeras semanas de incertidumbre en Epuyén y las localidades vecinas con el diario La Nación. Repasó esos días hasta la llegada de los profesionales del laboratorio nacional de referencia para hantavirus e insumos.

Luego haber sido diagnosticado como paciente positivo de hantavirus, Víctor recuerda que los médicos le decían que "no era contagioso", lo cual hasta este brote se creía, pese a un antecedente de transmisión entre personas registrado en El Bolsón en 1996.

Este vecino fue internado en Esquel a la semana de ser atendido en Epuyén. "Andaban todos sin barbijo", añadió luego. Fue allí cuando las consultas en los hospitales de la Comarca se multiplicaban y había otros pacientes con síntomas "sospechosos", los cuales recibían un "seguimiento ambulatorio".

El primer parte diario del Ministerio de Salud sobre el brote se brindó el 7 de diciembre. Fue dos días después de la declaración oficial de brote epidémico y al otro de que un funcionario de Salud se reuniera con vecinos que ya se habían autoconvocado frente a la Municipalidad para pedir información y saber qué medidas de prevención tomar.

Díaz es un jubilado de 68 años que trabajó durante más de 30 en una maderera de la zona. Actualmente realiza reparaciones en su casa, donde cría algunas ovejas y gallinas. 

Él aseguró que aún no sabe con certeza cómo contrajo el virus con el que también enfermaron su hija Isabel, uno de los cinco casos del primer eslabón de contagio, y su ex esposa, que falleció los primeros días de enero. Si bien la investigación epidemiológica lo identifica como el “paciente cero”, él duda que haya sido la persona que comenzó con la cadena de transmisión.

"Autoricé que en mi casa colocaran 20 trampas para ratones porque son los que transmiten el virus y no había. Como estaba todo limpio, hasta me pidieron permiso para instalar el laboratorio en el que un grupo de Buenos Aires y Rawson sacaba las muestras para estudiar los que capturaban en todas partes porque tenían agua y sombra", recordó.

Él sospecha que pudo haber estado expuesto al virus en la casa de vecinos que se dedican a la recolección de hongos, camino a El Coihue. "Pudo haber sido ahí cuando fui a buscar a mi hija", considera, ya que allí “es donde los especialistas en zoonosis capturaron un roedor infectado”.

La cepa Andes Sur del virus hanta es epidémica de la Patagonia, concretamente de Chubut y Río Negro; y luego de este brote que afectó a 34 personas, de las cuales 11 fallecieron, se comprobó fehacientemente que el mismo se puede transmitir de persona a persona.

Cabe señalar que previo a esto se descartaba esta posibilidad y la vía de contagio que se conocía era a través de la exposición a las partículas virales que eliminan los roedores silvestres por las heces, la orina o la saliva, al igual que el resto de las cepas distribuidas en el país.

El sábado 3 de noviembre, el medio centenar de invitados a un cumpleaños de 15 fue llegando al salón Peumayen en Epuyén. Fue la reunión en la que coincidieron las cinco primeras personas que enfermaron entre el 20 y el 26 de ese mes, además del caso de Víctor.

Él cuenta que compartió la mesa con su hija y su compadre, que fue la segunda víctima fatal. No tuvo contacto, según recuerda, con el resto de los primeros casos detectados. "Nadie más se acercó a la mesa. Mi hija ayudaba a atender a los invitados. Pero ella enfermó mucho tiempo después", acotó.

En la madrugada del domingo 4 de noviembre, Díaz empezó a sentirse mal. No tenía fiebre, pero los escalofríos, el dolor muscular y el decaimiento lo asustó lo suficiente como para ir al hospital rural, donde le pidieron que volviera con turno. 

Sin embargo, el hombre debió regresar y ahí le indicaron una radiografía de tórax y un análisis de sangre, que estaría listo el jueves de esa semana. Pero un día antes, quedó internado por gastroenteritis. Tenía fiebre, náuseas y no comía.

Se creyó incluso que padecía de un cáncer, recuerda la hija del hombre. Ese día, empezó a tener dificultad para respirar. El viernes, otro médico indicó el traslado al Hospital de Esquel. En la ambulancia, debieron administrarle oxígeno ya que avanzaba el síndrome respiratorio por hantavirus.

"Le volvieron a hacer estudios y los médicos nos dijeron que podía ser gripe A, neumonía atípica, un virus o un hanta. Estuvo 4 días en terapia intensiva y, después, una semana más, en sala común. Dos días antes del alta, el infectólogo le confirmó que fue hantavirus, pero que ya lo había pasado y no era contagioso", añadió la mujer. El diagnostico llegó el 14 de noviembre.

Ya de regreso en Epuyén, fue la hija de Víctor la que comenzó a sentirse mal. "Hasta ahí, nadie decía que era contagioso", insiste ella. Quedó internada y con los resultados de laboratorio, le diagnosticaron una infección urinaria y volvió a su casa con un antibiótico e ibuprofeno.

Sin embargo, al otro día se desmayó mientras desayunaba y junto a su madre regresó al hospital. A las dos semanas, después de otra internación y otra alta, llegó el diagnostico del Malbrán, confirmando que tenía hantavirus.

Sin embargo, para ese entonces, la infección había avanzado al pulmón derecho. Casi al mes, su madre también enfermó y falleció el 3 de enero.

"Lo pude pasar, pero no quiero saber nada más de todo esto porque se llevó a mi mamá. Actuaron mal. Nadie nos dijo que era contagioso. Nadie me va a decir lo que es tener hantavirus y perder a alguien", señaló la mujer, Isabel.

Por su parte, Víctor les reprocha a los médicos los diagnósticos y la demora en la asistencia psicológica. "Fue muy difícil todo acá. Tuve la suerte de que la gente no se enojó. Muchos trataron de darme fuerza. Me fueron a visitar al hospital. Es un pueblo chico y cuando me veían, me decían 'Qué suerte que te compusiste rápido' o me preguntaban '¿Qué hiciste Díaz para zafar?'", comenta.

A todo esto, ya era el 11 de enero cuando se decidió implementar los aislamientos respiratorios selectivos, que finalmente demostraron ser efectivos para frenar los contagios, ya que los casos que se confirmaron luego correspondían a vecinos que realizaban esta medida. Los aislamientos alcanzaron a más de un centenar de vecinos de la Comarca Andina.

Cabe recordar que las autoridades sanitarias que conformaron la mesa de contingencia prevén que el 24 de marzo próximo concluirán el aislamiento respiratorio selectivo extendido las últimas personas que tuvieron contacto con pacientes infectados, en Epuyén y El Maitén.

Al momento se considera controlado el brote y de acuerdo al último parte diario emitido por el Ministerio de Salud, hubo 34 casos positivos de los cuales 11 fueron casos fatales.

Fuente: La Nación









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