Es increíble la contradicción permanente de Aníbal Tortoriello. En nuestra provincia se presenta como el enviado de Dios, el paladín de la ética y el puritano que viene a dar lecciones de transparencia. Pero apenas cruza el mapa y pisa Buenos Aires, se transforma automáticamente en un encubridor de la casta centralista.

Ayer, junto a Lorena Villaverde y Sergio Capozzi, pegó el faltazo para vaciar el recinto, dejar la sesión sin quórum y blindar la interpelación a Manuel Adorni. Toda esa farsa de la honestidad que declama en territorio rionegrino se termina cuando sus jefes políticos de Capital le ordenan silencio y complicidad.

Para defender los intereses de Río Negro y pararse de manos frente a los atropellos nunca están. Pero para esconderse en los pasillos del Congreso y tapar los desaguisados del poder central, duermen en la banca.

Se les nota mucho. Menos pose de mesías y más coherencia con el pueblo que los votó para representarnos, no para ser delegados del ocultamiento porteño.