La construcción con barro, paja, madera y otros materiales disponibles en el entorno vuelve a ganar protagonismo en la región, no solamente como una alternativa económica para levantar una vivienda, sino también como una forma de construir espacios saludables y recuperar conocimientos que durante generaciones estuvieron presentes en distintos puntos de la Patagonia. Diego Lev y Georgina Sancho, instructores de construcción natural del CEA 3, explicaron las posibilidades que ofrece esta técnica y destacaron el creciente interés de vecinos que buscan capacitarse para avanzar con sus propios proyectos.
En las instalaciones del CEA 3, y teniendo como ejemplo una construcción realizada con materiales naturales, los instructores remarcaron que este tipo de trabajo está al alcance de cualquier persona. Barro, paja y madera se combinan para obtener estructuras que, con los conocimientos y técnicas adecuadas, pueden alcanzar excelentes niveles de terminación y brindar condiciones muy confortables.
“La construcción natural la podemos hacer todos y todas”, señalaron durante la presentación, recordando que el contacto con la tierra y el barro comienza prácticamente desde la infancia. Además, destacaron que no se trata de una práctica nueva, ya que generaciones anteriores utilizaron técnicas como el adobe para construir sus viviendas, algo que todavía puede observarse en numerosos sectores rurales y de la estepa patagónica.
Georgina Sancho explicó que su acercamiento a este mundo surgió inicialmente de una necesidad concreta: construir su propia casa. A partir de allí comenzó un proceso de aprendizaje y especialización que posteriormente le permitió transmitir esos conocimientos a otras personas. En ese sentido, defendió especialmente la autoconstrucción, aunque remarcó la importancia de capacitarse para realizar correctamente cada etapa.
Uno de los objetivos es también terminar con la idea de que una construcción natural necesariamente debe ser rústica, precaria o tener terminaciones deficientes. Por el contrario, explicaron que aplicando correctamente las técnicas se pueden lograr viviendas estéticamente cuidadas, resistentes y agradables, evitando inconvenientes como paredes deterioradas por la lluvia o mezclas realizadas en proporciones incorrectas.
Precisamente, conocer los materiales y aprender a preparar las mezclas forma parte fundamental de las capacitaciones. No existe una única fórmula que pueda aplicarse de la misma manera en todos los lugares, ya que la composición de los suelos cambia considerablemente de una región a otra.
Los instructores señalaron que en la zona cordillerana existen arcillas con determinadas características, mientras que hacia otros sectores pueden encontrarse suelos con diferentes cantidades de áridos, sales u otros componentes. Esto obliga a analizar previamente el material disponible y modificar las proporciones utilizadas en cada mezcla.
Esa característica es, al mismo tiempo, una de las principales ventajas de la construcción natural: buena parte de los elementos necesarios pueden encontrarse en el propio territorio. “Cada zona tiene sus materiales propios”, explicaron, destacando que el desafío consiste en reconocerlos, experimentar con ellos y determinar cuál es la combinación apropiada para obtener buenos resultados.
El interés que existe actualmente por aprender estas técnicas quedó demostrado con la convocatoria del nuevo taller. Inicialmente se había pensado trabajar con alrededor de 20 participantes, luego el cupo se amplió a 25 y finalmente la charla introductoria reunió a 32 personas, superando ampliamente las expectativas de los organizadores.
Para Diego Lev y Georgina Sancho, esa respuesta evidencia una necesidad concreta que atraviesa a muchas familias. Buena parte de quienes se acercan cuentan con un terreno y buscan alternativas para comenzar a levantar su vivienda, encontrando en la construcción natural una posibilidad de avanzar mediante la autoconstrucción y reducir determinados costos frente a los sistemas convencionales.
Sin embargo, aclararon que la cuestión económica no es el único motivo que despierta interés. También existe una búsqueda vinculada con viviendas más saludables y con una relación diferente entre las personas, los materiales y el ambiente.
Entre las características que destacaron aparece la capacidad de este tipo de viviendas de regular naturalmente determinadas condiciones interiores. La utilización de materiales naturales permite generar espacios con características diferentes a las construcciones convencionales y constituye uno de los motivos por los cuales cada vez más personas se interesan en aprender estas técnicas.
En cuanto a la modalidad de capacitación, desde el CEA 3 mantienen una fuerte apuesta por la presencialidad. Al tratarse de una escuela de educación no formal dependiente del Ministerio de Educación, los instructores consideran fundamental que los participantes puedan trabajar directamente con los materiales.
Tocar el barro, reconocer una arcilla, observar su comportamiento, experimentar con diferentes mezclas y comprender sus texturas son experiencias difíciles de trasladar completamente a una capacitación virtual. Por eso, pese a la gran cantidad de propuestas online que surgieron especialmente después de la pandemia, Lev y Sancho sostienen que el aprendizaje presencial resulta especialmente importante en este oficio.
Quienes no consiguieron ingresar al actual taller igualmente pueden acercarse al CEA 3, conocer las propuestas que se desarrollan y permanecer atentos a nuevas convocatorias. Las capacitaciones se organizan muchas veces de acuerdo con la demanda, por lo que el interés de la comunidad también ayuda a definir cuáles serán los próximos cursos.
Además, la propuesta no queda limitada únicamente a la sede. El CEA 3 trabaja con un sistema de descentralización que permite trasladar capacitaciones hacia otras localidades y parajes. Los instructores recordaron experiencias desarrolladas en lugares como Cholila y también mencionaron actividades realizadas en otros puntos de la región, llevando el conocimiento directamente hacia las comunidades.
Esta posibilidad resulta particularmente importante para habitantes de zonas alejadas de la Comarca Andina. Una persona puede capacitarse y posteriormente trasladar parte de esos conocimientos hacia su comunidad, aunque siempre teniendo presente que deberá estudiar las características de los materiales disponibles en su propio territorio.
Una vez finalizada la actual capacitación, otra de las propuestas será un taller de murales de tierra, especialidad en la que Georgina Sancho viene trabajando. Allí la construcción natural se vincula directamente con la expresión artística mediante la utilización de barro, texturas, relieves y diferentes técnicas aplicadas sobre paredes.
Los murales naturales permiten trabajar incluso técnicas que tradicionalmente se realizaban sobre cemento, adaptándolas al barro y a otros componentes naturales. Pero además de la cuestión técnica, los instructores remarcaron que cada mural puede convertirse en una herramienta para contar una historia, transmitir un mensaje o expresar la mirada de una comunidad.
La durabilidad también forma parte del aprendizaje. Al no tratarse simplemente de aplicar una pintura convencional sobre una pared, es necesario preparar correctamente los materiales y trabajar las superficies para evitar que el paso del tiempo y las condiciones climáticas deterioren rápidamente la obra.
Para quienes quieran participar de futuras capacitaciones, desde el CEA 3 recomendaron seguir sus redes sociales, tanto en Instagram como en Facebook, además de permanecer atentos a las convocatorias que habitualmente se difunden a través de los medios de comunicación y mediante el tradicional boca a boca entre quienes ya participaron de las distintas propuestas.
Con un taller que debió ampliar sus cupos ante la cantidad de interesados, la construcción natural demuestra que existe una creciente búsqueda por recuperar técnicas antiguas y combinarlas con conocimientos actuales. Una alternativa que propone volver a trabajar con las manos, conocer los materiales disponibles en cada territorio y comprobar que barro, paja y madera pueden transformarse, con capacitación y creatividad, en mucho más que una construcción rústica: pueden convertirse en una vivienda propia.
