El Bolsón vivió el 25 de setiembre una jornada histórica.
Analizar que fue lo que pasó en ese día no requiere de profundos pensamientos sino de seguir la irrefutable lógica popular expresada en el voto masivo en contra del actual Intendente.
El primer síntoma fue sin duda el hartazgo hacia un sistema de gobierno autoritario, sospechado de corrupto con detalles a la vista de todos, ineficiente en la gestión como producto del aislamiento de la provincia y de la nación, arbitrariedades varias, soberbia constituída en mojada de oreja para casi todos, etc, etc, etc.
Pero evidentemente lo más hermoso y apasionante para quienes creemos en la democracia ha sido el método utilizado por el ciudadano común, algunos de ellos con muy poca experiencia política pero todos unidos en una misma causa.
Aparecieron algunas señales en dichos que se escuchaban en la calle, tal como “si todos los candidatos opositores dicen más o menos lo mismo porque no se juntan?”o “hay que apoyar al que le pueda ganar a Cacho”.
Y fue creciendo la figura de Kaleuche como el gran antagonista a Cacho. El Elegido para la misión.
Los comentarios en las casas, en los lugares de trabajo, en el barrio se hicieron más y más fuertes. “Cacho se tiene que ir, el único que le puede ganar es Kaleuche”.
Y así fue. Al abrir los sobres en el escrutinio iban apareciendo los razonamientos y sentimientos de los ciudadanos expresados en el voto.
Muchos votos para Kaleuche sin candidato a gobernador, votos a Kaleuche con Soria y también con Barbeito. Votos a Kaleuche con Odarda y con Lueiro. Y hasta algunos con Lehner.
Ayudado, es cierto, con el sello de Cristina (Frente para la Victoria) en la boleta.
No puedo pensar en algo organizado en tamaña manifestación popular. El resultado ha superado cualquier expectativa.
Pero tampoco se debe menoscabar el mérito de los ganadores. Acertaron con el mensaje, con la imagen y con el método. Mis más sinceras felicitaciones.
El futuro aún no está escrito. Pero las lecciones de la democracia comienzan a ser contundentes. Hay que gobernar bien y no subestimar al electorado. La gente ya no come vidrio.
Jorge Levy. |