Un informe conocido el viernes niega rastros de sangre o fractura en el cráneo, que “descartaría la hipótesis de que fue asesinado” en un calabozo de la Comisaría 12°, como se afirmó luego del cambio de carátula del expediente, que se inició “como presunto suicidio” en enero de 2011.
En concreto, se trata de un informe de la especialista en patología forense, Adriana Susana Diamantti (perito de la sede Lomas de Zamora de la Corte Suprema de Justicia de la Nación), quien dijo en una audiencia judicial de los tribunales de Bariloche que “no hay hallazgos que sugieran vitalidad”, ni rastros de sangre, ni fractura en el cráneo de Guillermo Garrido (24), cuyo deceso produjo inmediata reacción popular.
Cabe recordar que profesionales de la Procuración bonaerense, convocados expresamente para la investigación –tras una exhumación del cuerpo a 9 meses de ocurrido el hecho- discutieron “los groseros fallos de la primera autopsia” y afirmaron que Garrido había recibido un golpe en la nuca “con un objeto duro y romo”, lo que motivó el cambio de carátula a “investigación de muerte dudosa”.
“Durante la autopsia se cortó el pedazo de cráneo donde se encontraba la mancha, sobre el que hizo el estudio (…) Macroscópicamente no veo nada, solo hay un cambio de coloración. En el examen no se encontró eritrocitos o glóbulos rojos que indiquen vitalidad de una lesión”, aseveró en su declaración la experta.
“Cuando tengo una infiltración hemática se rompe un hueso y tengo sangre, eso acá no está”, respondió en referencia a una consulta sobre las lesiones.
Por el incidente dentro la Comisaría 12° hay 12 policías procesados. El sábado, unos 40 manifestantes volvieron a marchar por la plaza Pagano para pedir “juicio y castigo a los responsables y encubridores del asesinato de ‘Coco’ Garrido. Ya han transcurrido 16 meses y a pesar de los resultados contundentes del equipo forense de la provincia de Buenos Aires, loas asesinos y encubridores no sólo están sueltos, sino portan armas y continúan protagonizando malos tratos y abusos de autoridad”.
Aquella noche
En la noche del 14 de enero el trabajador de La Anónima apareció ahorcado con su propio cinto de una reja en la celda en la que fue encerrado tras protagonizar un accidente de tránsito sin mayores consecuencias.
Al parecer, durante la requisa de rigor le habrían quitado los cordones de las zapatillas y otros elementos, pero se les pasó por alto sacarle el cinto que -según dijeron-, “estaba tapado con una remera larga”. A las 22,05 Garrido pidió ir al baño y se lo llevo al sanitario que usa habitualmente el personal policial. Cerca de las 22,50 llegó a verlo su hermana, pero como estaba incomunicado el encargado del turno se ofreció consultarle si quería cenar. Fue entonces cuando encontró al joven colgando y ya sin vida.
Según se pudo reconstruir, aquel día, Garrido llegó desde Epuyén conduciendo un Renault 12 apurado para alcanzar un micro que lo llevara a Bariloche para llegar a tiempo a su trabajo. Aparentemente estaba “algo ebrio” y pasadas las 18,30 -en la esquina de San Martín y Belgrano, en pleno centro de El Bolsón-, rozó a una VW Suram de un turista.
Una comitiva policial ordenó su arresto tras la contravención (ilegal a criterio de organismos de derechos humanos), por que se lo llevó al hospital para su certificación física general. Un rato más tarde apareció muerto.
El juez Ricardo Calcagno ordenó pronto archivar la causa como “suicidio”, aunque la insistencia de Marina Schifrin, abogada de la familia Garrido, logró que la Cámara Segunda del Crimen atienda su reclamo para “seguir investigando. Hay elementos de juicio para entender que puede haber habido un asesinato”, valoró.
Indicó que el fallecido “no era una persona con antecedentes suicidas. Tenía todo un futuro por delante, con novia y trabajo estable, tampoco tenía conflictos penales Estaba lamentablemente arrestado por un choque en el que no hubo lesionados. Por un delito menor y por un arresto inconstitucional Guillermo Garrido terminó muerto en una comisaría”.
La verdad
A criterio de Víctor Hugo Massimino, abogado defensor “de varios policías”, restan “muy pocas pruebas periciales y técnicas para determinar la causa de muerte de Garrido. En muy poco tiempo, con los testimoniales de los médicos que actuaron, la sociedad podrá saber la verdad”.
Graficó que en la audiencia del viernes “se evaluó lo que presumiblemente sería sangre en la base del cráneo. Se tomó una muestra y se la mandó a analizar, de donde los expertos deducen que no es sangre y que las manchas encontradas podrían referirse al propio estado de descomposición que ya afectaba a los huesos”.
Agregó que “es un elemento de prueba más -la causa no está cerrada y se sigue investigando-, pero era necesario para aclarar el hecho si existió homicidio o no. Este informe lo descarta totalmente, aún cuando no se puede hablar sobre tejidos blandos porque no los había”.
Insistió en que “no hay ninguna prueba que lleve la causa hacia la posibilidad de un homicidio, si fue un suicidio no hay delito”.
Recordó que “la fiscalía y la querella sostuvieron que el deceso se produjo a partir de un golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente y luego se lo traslada al calabozo y se lo ahorca, pero esto es una prueba concluyente de que no existió tal golpe”.
Según valoró Massimino, “la supuesta negligencia de los uniformados de guardia de permitir el alojamiento de Garrido en una celda con el cinto puesto “no es base de análisis en la causa, es por homicidio aún cuando sea por negligencia, imprudencia o impericia, de modo culposo o doloso. Lo primero hay que determinar es si trata de un homicidio o un suicidio, sino no podemos estar hablando de endilgar al personal policial alguna culpa ante un hecho de esta naturaleza”.
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