Una historia de curas, alumnos y comunidad


Hace 50 años nació el Instituto José Manuel Estrada para dar respuesta a la demanda de educación secundaria en la región. Este sábado, ex estudiantes, profesores y comunidad celebrarán el acontecimiento con una misa y posterior encuentro “a la canasta” en el salón parroquial.


Varias generaciones de bolsoneses y jóvenes de toda la zona cordillerana pasaron por las aulas del Instituto José Manuel Estrada, fundado por el padre Feliciano y un grupo de vecinos a principios de 1962.
Al rememorar aquellas épocas “sin asfalto, sin gas natural, y menos
internet o telefonía celular”, María Rosa Oliver recordó que “se
cumplió el sueño del padre Feliciano y del grupo que con él formamos
el Instituto. Feliciano dijo: “Hasta la universidad no paramos”.
Entonces, cuando se conformó la Comisión Pro-Universidad me uní al
grupo y aporté lo que pude para su logro. Como homenaje al promotor
del primer colegio secundario, la Universidad de Río Negro, en El
Bolsón, funciona en nuestro querido edificio del Instituto José Manuel
Estrada”.



En facebook, una de las alumnas de la década del ’70, Susana Suchocki,
recordó que “nos hicimos un viaje de egresados a Córdoba de casi un
mes. Teníamos mucho dinero juntado y a último momento el gobernador
nos dio el transporte y de los franciscanos recibimos el albergue. Así
que a disfrutar de todo lo que habíamos trabajado desde 5º grado en
esas ferias escolares gigantes. Y más..., volvimos y fuimos s Esquel y
como aún quedó resto, la señorita Gladys Petroff se había casado,
estaba esperando su primer hijo y le compramos todo el ajuar,
¡Inolvidables recuerdos!”.
Otros sacerdotes, como Livio, Antonio, Ludovico, Maximiliano,
“Juanchi” y “hasta fray Rabanito”, junto a los celadores María Irene
Rubilar y Jorge Caprano, pronto se transformaron en los “tutores
preferidos” de “los que veníamos de El Hoyo, Lago Puelo, Epuyén y
Cholila y teníamos que estar toda la semana en el pueblo”, rememoró
otro de los ex alumnos.
“Ni acordarse de los viajes en el Mercedito y de los partidos al
básquet o al fútbol entre el Instituto y el Comercial (el otro colegio
de la época), donde tanto las chicas como los varones lo jugaban a
muerte. Si perdías tenías que aguantarte un mes de cargadas, ¡ni por
El Quijote podías aparecer!”, aseveró una de las “pibas”, que hoy
cuida los nietos.
Este sábado, a partir de las 19, será oportunidad de recuerdos por los
que ya no están, anécdotas risueñas de las travesuras de cada año y,
más que nada, valorar el esfuerzo de aquellos que se animaron “a
levantar un colegio” que cobijó chicos de primaria y secundaria hasta
1987.