El Plan Castello llega a su fin, un repaso por las obras que beneficiaron en la localidad.



El programa provincial que marcó un antes y un después en infraestructura en toda Río Negro concluye su operatoria. En nuestra localidad las obras abarcaron desde servicios básicos hasta proyectos estratégicos como el asfaltado del circuito a Mallín Ahogado.

El Plan Castello, implementado durante la segunda gestión del gobernador Alberto Weretilneck, derramó obras en todo el territorio rionegrino. Hoy, a medida que se cancela definitivamente la operatoria financiera, en El Bolsón se hace un balance de los avances que dejó este programa, considerado histórico por vecinos y autoridades.

En diálogo con este medio, el delegado regional de Vialidad Rionegrina, Enrique Ibarra, destacó que el espíritu del Plan fue llegar a todos los rincones de la provincia: “No se trató solo de invertir en las grandes ciudades, sino también en los pueblos más alejados y en las comisiones de fomento. El Estado intervino con servicios esenciales como gas y electricidad, que cambiaron la vida de miles de familias”, señaló.


Entre las obras más relevantes para El Bolsón, Ibarra subrayó la extensión de redes de gas y electricidad en barrios que anteriormente carecían de servicios básicos. También se avanzó con infraestructura para instituciones sociales y deportivas, como el Club Gimnasia y Esgrima del Sur, que pudo construir su tinglado gracias a este financiamiento.

Sin embargo, el proyecto emblemático fue el asfaltado de la ruta hacia Mallín Ahogado, una obra largamente esperada que significó la pavimentación de 14 kilómetros y demandó dos años de trabajo. “Se trata de una obra histórica que no solo beneficia a productores y vecinos, sino también al circuito turístico de toda la comarca. Además, liberó recursos viales que antes se destinaban al mantenimiento constante de la traza de ripio”, explicó Ibarra.

El impacto económico tampoco pasó desapercibido: el valor inmobiliario en la zona se incrementó, al tiempo que mejoró la transitabilidad y la seguridad vial. “Algunos sectores se habían opuesto en un principio, pero con el tiempo todos reconocieron la importancia de vincular la zona rural y productiva con el área urbana mediante una ruta pavimentada”, remarcó el funcionario.

El Plan Castelo permitió también el avance de redes cloacales, como el tramo ejecutado en el barrio Obrero, y la regularización de barrios que posteriormente recibieron servicios básicos. “La premisa fue que todos los vecinos pudieran gozar de los mismos derechos y condiciones de vida que el resto de la población”, afirmó Ibarra.

Hoy, con el anuncio del gobernador Weretilneck de haber cancelado la deuda asumida para financiar estas obras, El Bolsón celebra los resultados de un programa que mejoró la calidad de vida de miles de familias y dejó huellas visibles en la infraestructura local.










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