Después de casi una década de su aprobación internacional, El Bolsón finalmente incorporó el nuevo símbolo de accesibilidad universal, dejando atrás el tradicional ícono de la silla de ruedas. La medida, impulsada por Adivi y aprobada de forma unánime por el Concejo Deliberante, representa mucho más que un cambio visual: busca reflejar una concepción moderna e integral de la accesibilidad.
De la discapacidad a la accesibilidad universal
En 2015, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) introdujo un nuevo símbolo de accesibilidad con el objetivo de reemplazar la clásica imagen de la persona en silla de ruedas que databa de 1958. Aquel ícono, si bien fue fundamental durante décadas, representaba únicamente una discapacidad motriz y centraba la mirada en la limitación física.
El nuevo emblema, en cambio, busca expresar la inclusión total del ser humano en su entorno. Se trata de una figura humana con los brazos abiertos dentro de un círculo, símbolo de apertura, comunicación, servicios y espacio. Es un mensaje que invita a pensar la accesibilidad más allá de las rampas: abarca los objetos, la tecnología, la comunicación y la relación social.
“No es solo un dibujo, significa muchas cosas”
Así lo expresó Analía Romero, referente de Adivi y miembro del equipo de accesibilidad del Instituto de Información Docente, quien celebró la aprobación del nuevo símbolo en la localidad.
“Hace mucho que venimos impulsando este cambio, contándolo en cada charla, explicando su historia y su importancia. No es solo un símbolo como tal, un dibujo, sino que significa muchas cosas”, destacó Romero.
Según explicó, Argentina incorporó oficialmente este emblema en 2022, aunque en El Bolsón recién se aprobó en noviembre de 2025, tras años de trabajo y gestiones. El proyecto fue presentado por la concejala Laura Rojas y acompañado por todos los ediles, en una sesión que según Romero “fue realmente emocionante por la conciencia y la sensibilidad con la que se abordó el tema”.
Conciencia social y compromiso ciudadano
La referente de Adivi remarcó que el cambio de símbolo debe ir acompañado de un cambio cultural:
“Está genial que se haya aprobado el nuevo símbolo, pero lo importante es que todos tomemos conciencia de la necesidad de hacer de nuestro lugar un espacio accesible. No solo para personas con discapacidad, sino para cualquiera que en algún momento lo necesite”, señaló.
En ese sentido, destacó que El Bolsón aún enfrenta grandes desafíos estructurales. La ciudad cuenta con veredas de piedra laja que dificultan la circulación de personas con movilidad reducida o no videntes, y en muchos sectores directamente no hay veredas. Además, se suman obstáculos cotidianos como vehículos mal estacionados o pizarras de comercios sobre la senda peatonal.
“Tenemos que trabajar mucho en la concientización, en explicar por qué no hay que dejar escombros o carteles sobre las veredas. Todo eso afecta la accesibilidad y, en definitiva, la convivencia”, agregó Romero.
El nuevo símbolo: un gesto que abre caminos
El nuevo ícono reemplazará progresivamente la señalización azul de la silla de ruedas en espacios públicos, comercios y edificios municipales. Indica lugares accesibles o con prioridad para personas con discapacidad, pero también busca ser una herramienta educativa.
“Cuando hablamos de accesibilidad no hablamos solo de rampas. También de comunicación. Por ejemplo, si en una oficina pública llaman a una persona mediante una pantalla que no emite sonido, las personas con baja visión o que olvidaron sus anteojos no sabrán que las están llamando. Ahí falta accesibilidad comunicacional”, explicó Romero.
El símbolo, entonces, funciona como un recordatorio constante de que la accesibilidad es un derecho transversal: abarca la infraestructura, la información, la tecnología y la empatía.
Empatía y armonía: valores que acompañan el cambio
Para Analía, lo que se logró en Bolsón trasciende la normativa y toca una fibra social profunda.
“Es muy importante que la sociedad conozca este símbolo, que lo haga propio, porque si no lo van a ver y no van a saber qué significa. Esto tiene que ver con la armonía entre los seres humanos y la sociedad”, subrayó, en tiempos donde la intolerancia y la impaciencia se hacen sentir en lo cotidiano, Romero llamó a recuperar la solidaridad y la empatía: “Yo agradezco mucho a la gente que me ayuda a cruzar la calle, pero también pasa que uno frena para hacerlo y el de atrás toca bocina. Hay que aprender a ser un poco más pacientes y solidarios con los demás”.
Un paso simbólico, pero profundamente humano
El nuevo símbolo de accesibilidad llega tarde, pero llega con fuerza. Representa una actualización visual y conceptual que coloca al ser humano en el centro, no a su discapacidad. Y en palabras de Romero, es también una oportunidad para mirar alrededor y preguntarse cuán accesibles —y cuán empáticos— somos como comunidad.
“El símbolo es importante, pero lo esencial es lo que hagamos a partir de ahora. Que no quede solo en una imagen, sino que se traduzca en acciones concretas.”
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