La historia de Amparo conmueve y moviliza. Con apenas 11 años, esta pequeña atraviesa una dura batalla de salud que mantiene en vilo a su familia, que hoy alza la voz para pedir ayuda ante la imposibilidad de afrontar un tratamiento médico fundamental para su desarrollo y calidad de vida.
Su mamá, Verónica Inalef, relató con profundo dolor el complejo camino que atraviesan desde hace años junto a su hija, una niña que, pese a las dificultades, enfrenta cada día con una sonrisa y una energía que emociona a quienes la rodean.
“Amparo es una nena muy divertida, siempre le pone alegría al día a día. Pero hay muchos días en los que está muy complicada, se siente muy mal, y muchas veces nos pregunta por qué le toca sentirse así, por qué no puede tener la energía de otros nenes. Como padres muchas veces no tenemos respuestas”, expresó Verónica.
La pequeña sufrió un tumor cerebral, situación que derivó en una compleja intervención quirúrgica. Sin embargo, las secuelas posteriores marcaron un nuevo desafío para la familia. Según explicó su madre, a raíz de la operación, Amparo padece insuficiencia hormonal, ya que su sistema endocrino dejó de producir las hormonas esenciales que su cuerpo necesita para funcionar correctamente.
Esta condición no solamente afecta su crecimiento físico, sino también aspectos fundamentales de su desarrollo integral.
“El tratamiento que necesita no es solo para crecer en estatura. Tiene que ver con su sistema cognitivo, con el sistema óseo, con su desarrollo como mujer. Ella tiene 11 años y necesita este tratamiento para poder tener una vida un poco más llevadera”, explicó.
El medicamento indicado tiene un costo completamente inaccesible para cualquier familia trabajadora: cerca de 3 millones de pesos por semana, lo que representa aproximadamente 12 millones de pesos mensuales, durante un período estimado de tres años.
“Es una locura, es algo inalcanzable para nosotros”, sostuvo su madre.
La familia inició hace ya tiempo los trámites para acceder a un programa nacional que, en teoría, debería cubrir este tipo de tratamientos. Sin embargo, aseguran que no obtienen respuestas concretas.
“Tendría que estar funcionando, pero no podemos acceder. No nos dicen qué pasa, por qué está trabado. No tenemos siquiera un número de seguimiento del trámite”, lamentó Verónica.
A esto se suma otro enorme esfuerzo económico: los constantes viajes a Buenos Aires, donde Amparo debe atenderse con especialistas y realizar estudios médicos complejos.
Actualmente, el padre de la niña se encuentra en la capital junto a ella cumpliendo nuevos controles médicos, mientras la familia intenta sostener los costos con ventas solidarias, ayuda de allegados y el acompañamiento de integrantes de su congregación religiosa.
“Nos manejamos con ventas, con ayuda de hermanos de la congregación, con lo que podemos. Pero muchas veces no sabemos a quién acudir”, explicó.
El reclamo también apunta a la falta de respuestas, ya que, según relató la familia, desde organismos oficiales les manifestaron que al tratarse de un programa nacional, la provincia no tendría injerencia en el caso.
Mientras tanto, el tiempo corre y Amparo necesita comenzar cuanto antes con el tratamiento.
Detrás de los números millonarios y los trámites burocráticos hay una niña que sueña con sentirse mejor, con tener fuerzas para jugar, crecer y vivir su infancia con la mayor normalidad posible.
Hoy su familia pide ayuda, pero también respuestas.
