El Hogar Emaús, un refugio que cambia vidas y recuerda que nadie debería enfrentar el invierno en la calle



Con temperaturas bajo cero y nevadas que vuelven aún más cruda la realidad del invierno en la Comarca Andina, el Hogar Emaús de El Bolsón reafirma su rol como un espacio esencial para brindar contención, abrigo y acompañamiento a las personas en situación de calle. Detrás de una puerta abierta hay mucho más que una cama caliente: existe un trabajo cotidiano sostenido por voluntarios, profesionales y vecinos comprometidos para que quienes atraviesan momentos de extrema vulnerabilidad puedan recuperar dignidad y esperanza.

El padre Jose Pepe Lynch, referente del espacio, reflexionó sobre una realidad que muchas veces pasa desapercibida justamente porque el hogar cumple con éxito su función.

"Esa es una problemática de todo grupo social. Uno se va acostumbrando a las situaciones y, de pronto, al no ver constantemente personas durmiendo en la calle porque tienen un refugio, nos olvidamos que el refugio está y dejamos de lado todos sus servicios", expresó.

Lynch explicó que el crecimiento del Hogar Emaús es el resultado de muchos años de trabajo y de distintos intentos por consolidar un espacio permanente para asistir a quienes más lo necesitan.

Recordó que recientemente se celebraron los 18 años de Emaús Bariloche, mientras que el hogar de El Bolsón ya transita su cuarto año de funcionamiento ininterrumpido. Sin embargo, señaló que antes hubo experiencias que no lograron sostenerse, pero que sirvieron como base para la organización actual.

"Hubo tentativas de cinco y seis años atrás que no se llegaron a completar, pero dieron lugar a que hace cuatro años pudiéramos organizar el hogar con los actuales voluntarios y afrontar todos los desafíos que implica sostener un espacio de estas características", destacó.

El sacerdote remarcó que el trabajo no se limita únicamente a brindar alojamiento durante las noches más frías. Detrás del funcionamiento diario existe una red de voluntarios y profesionales que acompañan a cada persona en distintos aspectos de su vida, buscando que puedan reconstruir proyectos personales y recuperar vínculos sociales.

En una época del año en la que el frío puede transformarse en una amenaza para quienes no tienen un techo, el Hogar Emaús vuelve a convertirse en un lugar indispensable para la comunidad.

 Lucio González, uno de los usuarios del hogar, y de Jazmín, terapeuta ocupacional que integra el equipo de trabajo, quienes compartirán desde sus propias experiencias el valor que este espacio tiene para quienes encuentran allí mucho más que un refugio: una oportunidad para volver a empezar.














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