Acompañado por sus dos nietos, el empresario rionegrino Diego Fenoglio, fundador de Rapanui y
creador de Franuí, recibió en el salón Azul del Senado de la Nación la “Mención de Honor al Mérito
Turístico”, una distinción que todos los años reconoce a personas, emprendedores, organizaciones
o instituciones que se destacan por promover y desarrollar el turismo en diferentes localidades del
Por iniciativa del senador nacional Enzo Fullone, integrante de la Comisión de Turismo del Senado,
el reconocimiento se realizó en el marco de los festejos por el Día Mundial del Turismo – 27 de
septiembre - y destaca la trayectoria de Fenoglio como empresario rionegrino, referente de
Bariloche y creador de marcas nacidas en la Patagonia que proyectan la identidad, la producción y
el turismo de Río Negro al mercado nacional e internacional.
En esta oportunidad, fue el propio Enzo Fullone quien entregó la mención especial a Fenoglio y
destacó su capacidad para crecer sin perder el arraigo, transformar una iniciativa nacida en
Bariloche en un producto de alcance internacional y, al mismo tiempo, mantener un fuerte
compromiso con el desarrollo de su comunidad.
“La historia de Diego muestra que desde Río Negro se puede pensar en grande, generar desarrollo y
empleo y convertir cada dificultad en una oportunidad para seguir avanzando. No dejó atrás
Bariloche para crecer, llevó el nombre y la identidad de su ciudad al mundo y, al mismo tiempo,
siguió proyectando inversiones para su comunidad”, argumentó Fullone.
De Turín a la Argentina: una historia de esfuerzo, constancia y oportunidades
Con una historia marcada por el esfuerzo y el arraigo local, el legado de Rapanui comienza con Aldo
Fenoglio, un maestro chocolatero de Turín que emigró a Argentina en 1939 huyendo de la Segunda
Guerra Mundial junto a su esposa, Inés Secco.
Tras intentar establecerse en diferentes ciudades del país, en 1948 la pareja encontró el lugar ideal:
San Carlos de Bariloche. Según declaraciones familiares, eligieron este destino tanto por su
parecido con los paisajes de su Piamonte natal como por su clima frío, condiciones perfectas para la
elaboración artesanal del chocolate.
La tradición de Diego Fenoglio, junto a sus hermanas Laura y Leticia, está profundamente ligada a
Bariloche y a la historia chocolatera que su familia construyó desde 1948, cuando su padre, Aldo
Fenoglio, fundó la Confitería Tronador y desarrolló el tradicional chocolate en rama.
En la década de 1960, acompañando la consolidación de su prestigio, la confitería Tronador mutó
su razón social para adoptar el apellido familiar, pasando a llamarse "Fenoglio". La figura de Aldo
trascendió la mera actividad comercial; su rol en la comunidad sentó las bases de un polo industrial
colaborativo. Fenoglio se caracterizó por una ética de trabajo incansable, complementada con una
gran disposición para asistir a colegas y competidores.
RÍO NEGRO
Tras la muerte de su padre, en 1970, Diego asumió con apenas 20 años la conducción del
emprendimiento familiar. Luego de más de dos décadas al frente de la empresa y ante su
preocupación por la pérdida de calidad producto de la producción masiva, en 1995 decidió dar un
paso disruptivo: dejó la compañía familiar y, en 1996, fundó Rapanui, comenzando en Bariloche con
una premisa basada en la calidad, la innovación y la elaboración artesanal.
Uno de los principales hitos de su trayectoria fue la creación de Franuí, un producto que nació a
partir de la combinación de las frambuesas patagónicas y el chocolate artesanal. Fenoglio dio
origen a un producto novedoso que luego se transformó en el principal motor de la expansión
internacional de Rapanui.
Más allá del crecimiento empresarial, la trayectoria de Fenoglio mantiene un fuerte vínculo con
Bariloche, ciudad donde nació y desarrolló su proyecto empresarial y donde la familia convirtió una
tradición gastronómica en una marca con proyección internacional. Ese vínculo también se expresa
en su decisión de impulsar proyectos para el desarrollo local, como el proyecto de un megaestadio
de hielo con dos pistas olímpicas, financiado mediante iniciativa privada, pensado como
infraestructura para el desarrollo de los deportes invernales y de los atletas de la región.
Así, la historia de Fenoglio puede sintetizarse como la de un empresario que combinó arraigo local,
innovación, reinversión y compromiso con el desarrollo, llevando una producción nacida en
Bariloche hacia mercados internacionales sin desvincular su identidad de la Patagonia.
El origen del chocolate en rama
El acontecimiento más disruptivo de esta etapa fundacional fue, paradójicamente, resultado de un
accidente de manufactura que cambiaría la historia chocolatera de la región. Mientras Aldo
Fenoglio realizaba tareas de limpieza sobre una mesada de mármol, utilizó una espátula para retirar
un excedente de chocolate fundido. Al raspar la superficie, observó que la fricción y el enfriamiento
rápido provocaban que el chocolate se plegara sobre sí mismo, adquiriendo una forma corrugada y
porosa que simulaba visualmente la corteza o rama de un árbol.
Aldo saboreó ese resultado novedoso y descubrió que la incorporación de aire en la estructura
alteraba la percepción en boca, otorgándole una suavidad y rapidez de fundición particular.
Inmediatamente patentó el concepto de "chocolate en rama", un formato que rápidamente se
estandarizaría en la industria y transformaría a Bariloche en la indiscutida Capital Nacional del
Chocolate.
