Con el regreso del sol sobre el Cerro Bastión y luego de jornadas marcadas por la preocupación debido a la crecida de los ríos, los pobladores de Manso Inferior comienzan lentamente a transitar momentos de mayor tranquilidad. Sin embargo, detrás de la emergencia quedan historias que reflejan lo que significa vivir y trabajar en una zona rural donde las distancias, el clima y la naturaleza condicionan permanentemente la vida cotidiana.
Una de esas historias es la de Javier Muñoz, agente sanitario de Manso Inferior, quien por su trabajo mantiene un contacto permanente con las familias de la zona. Su tarea no se limita a las emergencias: durante todo el año recorre los distintos sectores para llegar hasta los vecinos, incluso aquellos que viven en los puntos más alejados.
Muñoz reconoció que las últimas jornadas fueron difíciles y que existió mucha angustia entre los pobladores ante el avance del agua. Si bien este tipo de fenómenos no resulta desconocido para quienes viven en Manso Inferior, la magnitud de cada creciente vuelve a generar incertidumbre entre las familias.
“Estamos acostumbrados, todos los años pasa o por lo menos cada vez que hay fuertes situaciones nos pasa esto”, explicó el agente sanitario, quien destacó además el acompañamiento recibido durante la emergencia por parte de diferentes instituciones y organismos provinciales.
Su trabajo tiene una característica particular: para llegar a cada familia utiliza prácticamente cualquier medio que tenga disponible. Algunas veces recorre los caminos en bicicleta, otras hace dedo, utiliza un caballo y hasta ha viajado en tractores. Lo importante, explicó, es poder llegar y mantener el vínculo con los pobladores.
Para Muñoz, esa cercanía construida durante años es uno de los aspectos más valiosos de su profesión. “Eso es un poco el trabajo del agente sanitario: tratar de estar, hacer presencia y también ganarte la confianza del poblador”, sostuvo.
Esa confianza se refleja en cada puerta que se abre durante sus recorridas. El agente sanitario aseguró sentirse profundamente agradecido con la comunidad de Manso Inferior por haberlo recibido y permitido ingresar a la intimidad de cada familia. Para él, algo tan sencillo como ser invitado a compartir un vaso de agua representa mucho más que un gesto cotidiano.
También destacó cuánto aprendió de los pobladores, especialmente de los adultos mayores y de quienes llevan prácticamente toda una vida habitando el lugar. Más allá de la capacitación necesaria para desarrollar su función, aseguró que buena parte del conocimiento indispensable para desenvolverse en el territorio lo adquirió escuchando a quienes conocen los ríos, los caminos, el clima y el comportamiento de la naturaleza desde hace décadas.
Incluso recordó situaciones en las que las advertencias o recomendaciones de antiguos pobladores terminaron cumpliéndose. Esa experiencia, señaló, le enseñó a valorar el conocimiento transmitido de generación en generación y a entender que en lugares como Manso Inferior siempre existe algo nuevo para aprender de quienes conocen profundamente el territorio.
Pero esta vez Javier Muñoz no observa la emergencia solamente desde su función de agente sanitario. La creciente también golpeó directamente a su familia y a su vivienda, construida después de 16 años de trabajo y esfuerzo.
El agua llegó hasta su propiedad y, aun cuando comenzaban a mejorar las condiciones en otros sectores, todavía debía ingresar a su casa en bote. Su familia, mientras tanto, hacía todo lo posible para enfrentar las consecuencias de la inundación.
La situación personal no le impidió continuar acompañando a otros vecinos que también necesitaban asistencia. Con su propia vivienda afectada y la incertidumbre sobre los daños que dejará el agua, Muñoz continuó sosteniendo su tarea sanitaria y manteniendo el contacto con las familias.
La inundación también abre interrogantes sobre el futuro económico de su familia. Además de desempeñarse como agente sanitario, Muñoz contó que junto a los suyos llegó a la zona para desarrollar un emprendimiento turístico que funciona principalmente durante la temporada de verano. Ahora deberán evaluar cuáles fueron las consecuencias de la creciente y de qué manera podrá afectar la próxima temporada.
Entre caminos afectados, viviendas rodeadas por el agua y familias que poco a poco intentan recuperar su rutina, la historia de Javier Muñoz resume parte de lo vivido en Manso Inferior durante estos días: un agente sanitario que conoce cada rincón y muchas de las familias del lugar, que recorre el territorio de la manera que sea necesaria para llegar hasta los vecinos y que, aun teniendo su propia casa inundada, continúa acompañando a una comunidad que hace años le abrió sus puertas.