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29 sept 2026

La otra cara de la crecida en El Manso: animales debilitados y productores que luchan para salvarlos

Mientras el agua comienza lentamente a retirarse en algunos sectores de El Manso Inferior, aparecen con mayor claridad las consecuencias que la crecida dejó en los campos. Animales que permanecieron aislados, falta de alimento y hacienda debilitada forman parte de una realidad que ahora deben afrontar los productores de la zona.

Miguel Montero, productor de El Manso Inferior, lleva alrededor de 35 años viviendo en el lugar. Conoce el comportamiento de los ríos y asegura que las crecientes forman parte de la dinámica habitual de la región. Incluso, recordó que hubo años en los que llegaron a registrarse hasta cuatro crecidas.

“Es prácticamente normal. Es anormal que no haya una creciente en el año”, explicó Montero, al señalar que el fenómeno reciente, pese a los inconvenientes que provocó, no se encuentra entre los más importantes que recuerda durante las más de tres décadas que lleva viviendo en la zona.

Sin embargo, que las crecientes sean conocidas por quienes habitan El Manso no significa que no provoquen consecuencias. Una de ellas se observa ahora en la producción ganadera, especialmente entre aquellos animales que quedaron aislados durante varios días en sectores cubiertos por el agua y con pocas posibilidades de alimentarse.

Durante la recorrida, Miguel Montero intentaba asistir a una vaquillona preñada que presentaba un importante estado de debilidad. El animal ya había sido levantado el día anterior y había logrado mantenerse en pie y caminar, pero posteriormente volvió a caer y su estado se deterioró.

“Ya no quiere ni comer. Le pusimos vitaminas, pero se pone muy difícil poderla levantar”, relató el productor mientras continuaba intentando encontrar alguna alternativa para salvarla.

Según explicó, el problema está directamente relacionado con los días posteriores a la inundación. Aunque los productores intenten acercar fardos, forraje o pasto, algunos animales permanecieron demasiado tiempo aislados y sin una alimentación adecuada. Cuando finalmente es posible llegar hasta ellos, el deterioro físico puede encontrarse muy avanzado.

La situación genera especial preocupación porque la crecida coincidió con una etapa sensible del ciclo productivo. Con la llegada de la primavera, buena parte de las vacas y ovejas se encuentran preñadas o próximas a parir, por lo que el debilitamiento de los animales puede provocar pérdidas tanto de madres como de terneros y corderos.

“En la primavera están todos los animales preñados, pariendo, tanto las vacas como las ovejas, y es un problema grande”, señaló Montero, quien advirtió que posiblemente las consecuencias sobre la hacienda recién puedan dimensionarse completamente con el paso de los días.

En su establecimiento hay otros animales afectados que por el momento se encuentran más controlados y reciben alimentación adicional. Sin embargo, la tarea es permanente y los recursos disponibles son limitados. El productor contó que les quedaban apenas algunos fardos de pasto y que no todos tienen la calidad necesaria para recuperar rápidamente a un animal que pasó varios días prácticamente sin alimentarse.

La escena de la vaquillona preñada tendida en el campo resume una de las caras menos visibles de la emergencia que atravesó El Manso. Detrás de los caminos cubiertos de agua, los vados complicados y los sectores que permanecieron aislados, también están las familias productoras que ahora recorren sus campos, alimentan la hacienda y hacen todo lo posible para recuperar a los animales debilitados.

Para Miguel Montero, como para tantos productores que llevan décadas viviendo en este rincón de la cordillera, las crecientes son parte de la naturaleza de El Manso. Pero cada vez que el río avanza sobre los campos comienza otra batalla cuando el agua baja: evaluar los daños, recuperar los animales y tratar de salvar, uno por uno, aquellos que todavía resisten.

“Es triste, claro que es triste, lamentablemente, pero es así”, resumió Montero mientras seguía junto a la vaquillona, intentando una vez más ayudarla a ponerse de pie.
















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