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21 oct 2026

Un rincón mágico de El Bolsón: tres hermanos transformaron su pasión por las plantas en un sorprendente vivero acuático




En un entorno natural privilegiado, entre Cerro Amigo y Villa Turismo, con el imponente cerro Piltriquitrón hacia el este y la cordillera de los Andes hacia el oeste, funciona un emprendimiento familiar que sorprende por su belleza, originalidad y diversidad de especies. Se trata del Vivero Acuático Kementari, un proyecto impulsado por los hermanos Juan, Ignacio y Almendra Merino, quienes transformaron su pasión por las plantas en una propuesta diferente para vecinos y visitantes de El Bolsón.

El lugar combina la tranquilidad de una chacra patagónica con un verdadero espectáculo de colores y naturaleza. Entre gallinas de Guinea, pavos reales, ovejas, corderos y cabras, los protagonistas son los nenúfares, las flores de loto y una importante variedad de plantas acuáticas que comienzan a despertar con la llegada de la primavera.

Los tres hermanos compartieron la historia de este emprendimiento, que comenzó mucho antes de convertirse en una actividad comercial.

Ignacio recordó que el interés por las plantas nació cuando apenas tenían seis o siete años. "Esto nació desde una pasión. Éramos muy niños y ya había un interés por las plantas. Íbamos a un vivero, veíamos alguna que nos gustaba y les pedíamos a mamá y papá que nos la compraran", relató.

Aquella curiosidad infantil fue creciendo con los años, acompañada por las posibilidades que ofrece la tierra de la Comarca Andina. Si bien los inviernos pueden resultar especialmente rigurosos, los hermanos descubrieron que muchas especies se desarrollaban de manera extraordinaria en la región.


"Es un lugar hostil en invierno, pero todo lo que sembrás crece muy bien. Eso nos dio el potencial para seguir adelante", explicó Ignacio.

El verdadero impulso comercial llegó cuando lograron vender sus primeros nenúfares. Aquella experiencia encendió una pequeña llama que terminó convirtiéndose en un proyecto familiar, al que también se sumó Almendra, quien compartía desde pequeña la fascinación por el cultivo de plantas.

Actualmente, el vivero cuenta con una amplia diversidad de especies, aunque los nenúfares ocupan un lugar especial.

Almendra reconoció que, si bien también disfruta del cultivo de plantas de interior, su debilidad son las flores acuáticas. "A mí me gustan más los nenúfares porque son los más vistosos. Tenemos más de 20 variedades de colores y sus flores son maravillosas de contemplar", expresó.

Estas plantas se destacan por sus flores que emergen sobre la superficie del agua, ofreciendo un espectáculo natural que se renueva constantemente durante la temporada.

Según explicaron, cada flor permanece abierta y en su máximo esplendor durante aproximadamente cuatro o cinco días. Luego comienza a finalizar su ciclo, mientras la planta continúa produciendo nuevos capullos.

Entre las variedades que cultivan se encuentra la Nymphaea alba, conocida por sus impresionantes flores blancas, una de las especies que más llaman la atención por su delicadeza.

Pero los nenúfares no son los únicos protagonistas. También trabajan con lirios acuáticos, plantas palustres, especies oxigenadoras y purificadoras que cumplen una función fundamental para mantener el equilibrio de los estanques.

Almendra explicó que muchas personas creen que para conservar limpia el agua de un estanque es indispensable instalar filtros mecánicos. Sin embargo, determinadas plantas pueden colaborar naturalmente con el equilibrio del ecosistema acuático.

Estas especies ayudan a mejorar las condiciones del agua y a controlar el desarrollo excesivo de algas, evitando que los estanques se conviertan en espacios de agua verdosa y deteriorada.

Una de las características más interesantes del emprendimiento es que sus responsables se especializan en el cultivo de plantas adaptadas a las condiciones climáticas de la Patagonia.

"Nosotros somos cultivadores de plantas que ya están adaptadas a la Patagonia. Nos dedicamos al estanque patagónico", remarcaron.

Esta particularidad permite que quienes adquieren ejemplares puedan incorporarlos a sus jardines sin necesidad de contar con grandes instalaciones.

De hecho, los hermanos explicaron que no es indispensable tener una laguna o un estanque de grandes dimensiones para disfrutar de estas especies. Existen variedades pequeñas de nenúfares que pueden cultivarse en recipientes con agua, macetas grandes o pequeños estanques ornamentales.

De esta manera, una persona que vive en una casa con patio reducido, o incluso dispone de un balcón, puede crear su propio espacio acuático.

Otra de las grandes atracciones que prepara el vivero para esta temporada es la exhibición de flores de loto, una especie diferente de los nenúfares que se caracteriza por sus grandes y llamativas flores.

Los responsables adelantaron que, si las condiciones climáticas acompañan, a partir de mediados de noviembre comenzará a observarse una floración mucho más importante, con numerosos ejemplares desplegando sus colores.

La expectativa es especialmente grande porque, según explicaron, las bajas temperaturas han retrasado un poco el desarrollo de las plantas durante esta primavera.

Además de la producción y comercialización, los hermanos decidieron incorporar una propuesta turística y educativa que permita conocer el establecimiento desde otra perspectiva.

Se trata de visitas guiadas por el vivero, una actividad que tendrá un costo accesible y permitirá recorrer las instalaciones, descubrir las distintas especies y aprender sobre su cultivo y mantenimiento.

Ignacio explicó que la intención es que el público comprenda que no necesita adquirir una planta para poder disfrutar del lugar.

"Uno escucha vivero y piensa que si no va a comprar algo, no puede entrar. Nosotros estamos implementando recorridos guiados para incentivar las visitas y también poner en valor nuestro oficio, porque esto es trabajo", señaló.

La propuesta también está pensada para instituciones educativas, grupos de estudiantes y familias que quieran conocer de cerca el funcionamiento de un ecosistema acuático.

Entre las especies que despiertan mayor curiosidad se encuentran las plantas carnívoras, que también forman parte de la producción del vivero.

Durante la entrevista, Juan explicó algunas de sus particularidades y respondió una de las preguntas más frecuentes: si es posible alimentarlas manualmente.

Según detalló, existen diferencias importantes entre las variedades. Las conocidas Venus atrapamoscas requieren determinados cuidados, mientras que las plantas carnívoras que poseen estructuras en forma de jarra tienen mecanismos distintos para capturar insectos.

Con humor, Juan describió a estas últimas como plantas prácticamente insaciables, debido a su capacidad para acumular insectos en sus trampas.

La conversación permitió descubrir que, detrás de estas especies tan particulares, existe un mundo fascinante de adaptaciones naturales que despierta el interés tanto de niños como de adultos.

Los hermanos destacaron que el objetivo es continuar desarrollando el emprendimiento, compartir sus conocimientos y demostrar que la producción de plantas acuáticas puede convertirse en una actividad viable en la región.

Quienes deseen conocer el establecimiento, consultar por las especies disponibles o reservar una visita guiada pueden comunicarse al 2944 605688.

También pueden encontrar información en Facebook e Instagram buscando Vivero Acuático Kementari, además de consultar su ubicación y las opiniones de visitantes a través de Google Maps.

Con esfuerzo, dedicación y una pasión que comenzó durante la infancia, Juan, Ignacio y Almendra Merino lograron crear un espacio donde la naturaleza se convierte en protagonista. Un rincón diferente de El Bolsón que invita a descubrir la belleza de las plantas acuáticas, conocer sus secretos y disfrutar de un ambiente rodeado de flores, animales y paisajes cordilleranos.

Las plantas carnívoras, por su parte, representan uno de los fenómenos más sorprendentes del mundo vegetal. Se trata de especies que, a diferencia de la mayoría de las plantas, desarrollaron mecanismos especiales para capturar pequeños animales, principalmente insectos, y obtener de ellos nutrientes que escasean en los suelos donde crecen naturalmente.

Aunque reciben el nombre de carnívoras, estas plantas también realizan fotosíntesis, por lo que obtienen su energía de la luz solar. Los insectos les aportan principalmente minerales y nutrientes, como nitrógeno y fósforo, necesarios para su desarrollo.

Existen diferentes mecanismos de captura. La famosa Venus atrapamoscas posee hojas modificadas que se cierran cuando determinados pelos sensitivos son estimulados. Otras especies, como las Sarracenia y Nepenthes, cuentan con trampas en forma de jarra que contienen líquidos donde quedan atrapados los insectos. También existen plantas como las Drosera, cuyas hojas poseen pequeños tentáculos cubiertos de una sustancia pegajosa.

Una característica importante es que no necesitan recibir carne, fiambres ni otros alimentos destinados al consumo humano. En general, pueden capturar sus propias presas cuando se encuentran en condiciones adecuadas, y la alimentación manual innecesaria puede perjudicarlas.

Su cultivo requiere cuidados particulares, especialmente en lo relacionado con la calidad del agua, la iluminación y el sustrato. Muchas especies necesitan agua de lluvia, destilada o de muy baja mineralización, ya que el exceso de sales puede dañar sus raíces. Las necesidades específicas varían según la especie.

Lejos de representar un peligro para las personas, las plantas carnívoras son un extraordinario ejemplo de adaptación y evolución. Su presencia en el Vivero Acuático Klementari ofrece una oportunidad para conocer de cerca cómo la naturaleza desarrolló estrategias sorprendentes para sobrevivir en ambientes donde otras plantas encuentran dificultades.















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