La Brigada Nacional Sur de Manejo del Fuego celebra sus 30 años de trayectoria, tres décadas marcadas por el compromiso, la capacitación permanente y una labor fundamental en la protección de los bosques, las viviendas y las comunidades frente a los incendios forestales. A lo largo de su historia, esta institución, reconocida en toda la Comarca Andina por su presencia en las emergencias más complejas, atravesó diferentes transformaciones administrativas y cambios de denominación, pero mantuvo intacta su misión de intervenir cuando el fuego amenaza los recursos naturales y la seguridad de las personas.
La historia de esta brigada está profundamente vinculada con la región y con el crecimiento del sistema de respuesta ante emergencias forestales en la Argentina. En sus comienzos formó parte del Plan Nacional de Manejo del Fuego, posteriormente pasó a integrar el Servicio Nacional de Manejo del Fuego y actualmente depende del Ministerio de Seguridad de la Nación, dentro de la Agencia Federal de Emergencias, organismo que absorbió las competencias del servicio nacional. Sin embargo, más allá de las modificaciones institucionales, para los vecinos de la Comarca Andina siempre fueron los integrantes de la Brigada Nacional Sur, también conocida históricamente como la brigada de Las Golondrinas, aquellos hombres y mujeres que aparecen cuando un incendio forestal o de interfaz alcanza dimensiones preocupantes y se requiere personal altamente especializado para enfrentarlo.
Walter Jungwirtz recordó que estas transformaciones acompañaron los distintos períodos de gobierno y las modificaciones en las estructuras ministeriales, aunque destacó que la esencia del trabajo nunca cambió. En ese sentido, puso especial énfasis en el crecimiento profesional de los combatientes y en la importancia de la formación permanente, uno de los pilares que permitió consolidar a la brigada como un equipo de referencia nacional, cuyos integrantes también han participado en instancias de capacitación internacional. Explicó que una persona puede incorporarse sin conocimientos específicos sobre el combate de incendios forestales, pero que, a partir de ese momento, comienza un proceso continuo de aprendizaje, entrenamiento y especialización que le permite adquirir nuevas responsabilidades y avanzar dentro de la actividad.
Precisamente, uno de los aspectos más destacados de estos 30 años es la experiencia acumulada por el personal, que ha recorrido prácticamente todo el territorio argentino participando tanto en operativos de combate como en actividades de formación. Según explicó Jungwirtz, los integrantes de la brigada han intervenido en distintas provincias, llevando sus conocimientos y experiencias a escenarios muy diversos, desde incendios en zonas de difícil acceso hasta capacitaciones relacionadas con competencias laborales y técnicas específicas de manejo del fuego. Esta tarea también permitió que muchos combatientes se convirtieran en instructores, transmitiendo a otros equipos los conocimientos adquiridos durante años de trabajo en el terreno y contribuyendo al fortalecimiento de las capacidades operativas en diferentes regiones del país.
El responsable de la Brigada Nacional Sur también reflexionó sobre el significado humano de esta profesión, que muchas veces obliga a sus integrantes a permanecer durante jornadas prolongadas lejos de sus familias, enfrentando condiciones extremas y desarrollando tareas en lugares a los que muy pocas personas llegan. Si bien reconoció que los incendios representan situaciones dolorosas por las pérdidas ambientales y materiales que ocasionan, señaló que también existe una profunda satisfacción cuando el trabajo permite proteger sectores del bosque, preservar especies que podrán regenerarse naturalmente o evitar que las llamas alcancen viviendas construidas con años de esfuerzo por sus propietarios. En ese sentido, remarcó que cada intervención tiene un valor especial porque detrás de los recursos naturales y de las propiedades existen historias, familias y comunidades que dependen de la respuesta de los equipos de emergencia.
Sobre el avance de las obras destinadas a mejorar las instalaciones de la brigada, una infraestructura largamente esperada por sus integrantes. Jungwirtz confirmó que la construcción del nuevo edificio se encuentra en una etapa avanzada y que los trabajos continúan desarrollándose en distintos frentes, por lo que existe la expectativa de que pueda finalizarse en los próximos meses. No obstante, aclaró que la terminación de la obra edilicia será solamente una parte del proceso, ya que posteriormente deberá avanzarse con el mobiliario y el equipamiento necesario para poner en funcionamiento las instalaciones. De esta manera, la institución se encamina hacia una mejora significativa de sus condiciones de trabajo, aunque todavía quedan aspectos pendientes relacionados con la infraestructura operativa.
En ese mismo contexto, el jefe de la brigada se refirió a otro proyecto considerado fundamental para las operaciones de combate de incendios: la posibilidad de contar con instalaciones adecuadas para la utilización de helicópteros. Explicó que se continúa trabajando para disponer, al menos inicialmente, de un espacio habilitado para las operaciones aéreas, como una primera instancia que permita avanzar posteriormente hacia una infraestructura de mayor complejidad. La importancia de este proyecto radica en el papel que cumplen los medios aéreos durante los incendios forestales, especialmente cuando resulta necesario trasladar personal, acceder a sectores complicados o brindar apoyo a los equipos que trabajan sobre el terreno.
Sin embargo, pese a los avances alcanzados durante estas tres décadas, Jungwirtz reconoció que todavía existen cuestiones laborales que requieren soluciones. Una de ellas es la estabilidad del personal, ya que, según explicó, una parte importante de los trabajadores continúa desempeñándose bajo modalidades de contratación, incluso después de tantos años de funcionamiento de la institución. Recordó que durante mucho tiempo la brigada desarrolló tareas de enorme responsabilidad sin contar con el reconocimiento adecuado dentro de las estructuras administrativas y señaló que actualmente los trabajadores están comprendidos en un convenio colectivo correspondiente al sector de manejo del fuego. Si bien esta herramienta contempla determinadas condiciones laborales, consideró que todavía existen aspectos que deben revisarse y adecuarse a la realidad de una actividad que demanda preparación permanente, disponibilidad operativa y una enorme responsabilidad frente a las emergencias.
Uno de los momentos más importantes de la entrevista estuvo relacionado con el escenario que enfrentan actualmente los organismos dedicados al combate de incendios forestales. Jungwirtz advirtió que las características de los siniestros han cambiado considerablemente durante los últimos años y que los equipos deben prepararse para enfrentar situaciones cada vez más complejas. Recordó que, tiempo atrás, determinados focos podían controlarse con una cantidad relativamente reducida de recursos, mientras que en la actualidad las condiciones ambientales, la intensidad del fuego y su comportamiento obligan a desplegar mayores esfuerzos humanos y materiales. En este sentido, hizo referencia a los denominados incendios de sexta generación, fenómenos de extrema complejidad que representan un desafío incluso para los sistemas de combate más experimentados.
El especialista explicó que, cuando comenzaron a analizarse los incendios de quinta generación, sus características ya parecían difíciles de imaginar por la magnitud y las dificultades que presentaban para su control. Sin embargo, la evolución de estos fenómenos llevó a escenarios todavía más exigentes, donde la velocidad de propagación, la intensidad del fuego y las condiciones del entorno pueden superar rápidamente las capacidades iniciales de respuesta. Frente a esta realidad, consideró indispensable fortalecer las acciones preventivas y, especialmente, los ataques iniciales, ya que intervenir rápidamente cuando se detecta un foco puede resultar determinante para evitar que se transforme en un incendio de grandes dimensiones.
En relación con la organización de las intervenciones, Jungwirtz recordó que la responsabilidad primaria de actuar ante un incendio corresponde a las jurisdicciones locales y provinciales, mientras que los organismos nacionales pueden incorporarse cuando se solicita su asistencia y se activan los mecanismos correspondientes. Esta articulación permite movilizar brigadistas, recursos terrestres y medios aéreos de acuerdo con las características de cada emergencia. Por ese motivo, insistió en la importancia de fortalecer las capacidades de respuesta desde los primeros momentos, entendiendo que el crecimiento de los incendios forestales obliga a revisar permanentemente las estrategias y los recursos disponibles.
La preocupación también alcanza a los incendios de interfaz, aquellos que se desarrollan en sectores donde las viviendas y otras construcciones se encuentran próximas a la vegetación y a las áreas forestales. Se trata de una problemática especialmente sensible para localidades de la Comarca Andina, donde el crecimiento de los asentamientos humanos en entornos naturales plantea desafíos adicionales para la prevención y el combate del fuego. Sobre este punto, Jungwirtz compartió una reflexión vinculada con una de las decisiones más difíciles que puede enfrentar un combatiente: tener que determinar qué viviendas pueden ser defendidas cuando la intensidad de un incendio y los recursos disponibles impiden protegerlas a todas.
El jefe de la brigada explicó que llegar a una situación de esas características representa uno de los escenarios más complejos desde el punto de vista operativo y humano, porque implica evaluar prioridades en medio de una emergencia en la que están en juego el patrimonio y la seguridad de numerosas familias. Por eso, remarcó que el trabajo preventivo debe comenzar mucho antes de que aparezcan las llamas, con acciones que permitan reducir los riesgos alrededor de las viviendas, mejorar las condiciones de seguridad y facilitar la intervención de los equipos. La preparación de las comunidades y el fortalecimiento de las medidas de prevención resultan fundamentales para disminuir la posibilidad de que los combatientes deban enfrentar decisiones tan difíciles.
Al cumplirse el trigésimo aniversario, Walter Jungwirtz también dedicó palabras especiales a sus compañeros, con quienes ha compartido innumerables experiencias a lo largo de los años. Reconoció que tres décadas representan prácticamente una vida de trabajo, convivencia y aprendizaje, atravesada por momentos de satisfacción, pero también por situaciones dolorosas y de enorme exigencia. Destacó especialmente el vínculo de confianza que se construye entre los integrantes de una brigada, donde cada combatiente necesita saber que puede contar con quien trabaja a su lado y que, al mismo tiempo, tiene la responsabilidad de cuidar a sus compañeros. Esa confianza, construida durante entrenamientos, operativos y largas jornadas de combate, constituye uno de los valores más importantes de la institución.
Finalmente, el responsable de la Brigada Nacional Sur dejó un mensaje dirigido a toda la sociedad, haciendo hincapié en que la prevención de los incendios forestales debe ser una responsabilidad compartida. Si bien los equipos cuentan con capacitación y experiencia para enfrentar situaciones de gran complejidad, reconoció que existen circunstancias en las que el deseo de ayudar y proteger no siempre alcanza frente a la magnitud de un incendio. Por esa razón, insistió en la necesidad de trabajar colectivamente para evitar que estas emergencias se produzcan y para reducir sus consecuencias cuando resultan inevitables.
Los 30 años de la Brigada Nacional Sur representan mucho más que un aniversario institucional. Son tres décadas de historias compartidas, de intervenciones en distintos puntos del país, de capacitaciones, de sacrificios personales y de una vocación de servicio que no distingue feriados, celebraciones familiares ni horarios. Sus integrantes han pasado Navidades y otras fechas especiales combatiendo incendios, lejos de sus hogares y acompañados por sus compañeros de trabajo, porque las emergencias no esperan y el compromiso de proteger a la comunidad exige estar disponibles cuando más se los necesita. Hoy, con nuevos desafíos por delante, obras que avanzan y reclamos laborales todavía pendientes, la brigada celebra su historia y reafirma una misión que ha permanecido intacta durante estas tres décadas: proteger la vida, defender los bosques y acompañar a las comunidades frente a la amenaza del fuego.

