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Expedición Antártida: por primera vez dos científicas llegaron juntas a la Base Brown

Uno de los maravillosos e imponentes paisajes de Bahía Paraíso, donde Vital estudiaba las aguasDurante 45 días estudiaron el suelo y las aguas


Melanie Vital (ingeniera en Agronomía graduada en París) y Mariana del Sol Addino (doctora en Biología e investigadora del Conicet) se convirtieron en las primeras mujeres en ser seleccionadas para integrar juntas el cupo científico del Instituto de Geología de Costas de Mar del Plata que partió este verano a Bahía Paraíso. Allí realizaron importantes estudios para medir el impacto ambiental en las aguas y el suelo del lugar considerado como el laboratorio virgen natural del continente blanco.
Las primeras mujeres en llegar juntas a una expedición científica en la Base Antártica BrownPara ellas, el año arrancó emprendiendo viaje con destino al frío continente. "El 5 de enero partimos a Río Gallegos y de allí fuimos en Hércules a la Base Frei, en Chile. Desde allí seguimos en un rompehielos hasta la Base Carlini, en la que permanecimos 10 días. Luego, con el mismo barco, seguimos hasta la Base Brown", dijo a Infobae  Vital. Tras 18 horas de viaje, finalmente, llegaron a la base en la que pasarían los próximos 45 días. El primer impacto, más allá del éxtasis por el paisaje, fue el de un lugar poco acogedor, pero que con los días se convirtió en la casa que compartió con un grupo humano con el que terminó trabando amistad. "La casa principal de la Base Brown se quemó en 1984 y nunca fue reconstruida, por eso vivimos en la casa que anteriormente era el refugio. Es una casita muy chiquita, en la que no hay agua corriente, tiene poca calefacción (se prende solo por la mañana y la tarde) y no hay conexión a internet", contó.

Melanie Vital es francesa y desde hace 7 años vive en Mar del Plata. "Llegué a la Argentina por amor", confesó, y contó que actualmente logró llegar a un convenio de trabajo con una facultad Estrasburgo, en Francia, lugar al que viaja por trabajo y de paso visita a su familia mientras prepara la investigación de su doctorado. "Mi tema es el estudio del impacto de la disolución de los minerales del suelo sobre la composición química del agua subterránea. Sin embargo, en la Antártida saqué muestras de agua para estudiar el impacto del derretimiento de los glaciares sobre la composición química del agua de la Bahía Paraíso, donde se encuentra la Base Científica Argentina Almirante Brown", detalló. Este convenio es parte de un proyecto científico multidisciplinario y se realizan trabajos científicos para varios grupos y distintos temas de investigación.
La Base Brown está ubicada en medio de una pingüinera gigante.
Los 45 días en el extremo más austral del territorio argentino fueron para la científica Melanie Vital una experiencia memorable, entre otras cosas, por la importancia que tendrá su investigación. "Mi trabajo consistía en salir una vez a la semana para buscar muestras de agua de glaciares, agua de la bahía y agua de mar, con el objetivo de estudiar cómo se mezclan y para evaluar si con los años el agua de la bahía se compone cada vez más de agua de los glaciares; eso me permitiría demostrar el efecto del cambio climático en Bahía Paraíso, una de las más importantes porque allí hay mucho fitoplancton (organismos vegetales) que están adaptados a ese lugar, y si va cambiando la composición química del agua puede ser que éstos no estén más adaptados. En esos organismos se inicia la cadena alimenticia que come la fauna de la zona, y si el agua va cambiando, con los años puede ser que la reserva de nutrientes para los animales que viven ahí disminuya, lo que tendría un impacto sobre la fauna del lugar. Donde estuvimos hay una pingüinera gigante, los pingüinos viven allí porque encuentran comida, porque el ecosistema está adaptado a ellos, pero si cambia puede ser que no la encuentren más. También realizamos varios muestreos para los grupos que son parte del proyecto multidisciplinario", explicó.

La otra mujer en la Base Brown, la bióloga Mariana Addino, se encargó de estudiar la biodiversidad en superficie rocosa y a los insectos que viven ahí. Además, el equipo de investigación y apoyo estuvo integrado por cinco miembros de Prefectura Naval (se encargaban del mantenimiento de la base, pero también eran timoneles y buzos) que llevaban a las mujeres en los botes cuando tenían que salir a levantar muestras. Otro de los integrantes del equipo era de la Armada (estaba a cargo de los de Prefectura), el jefe de Base de la Dirección Nacional de Antártida y el encargado de Turismo y Medio Ambiente (se ocupaba de recibir a los turistas, guiarlos y mostrarles el punto panorámico y de la separación de residuo). "Todo se separa en tambores que se sellan, se repliegan y suben al barco. Nada queda allí", contó Vital. El resultado de las investigaciones, que fueron lo que las llevó a ser seleccionadas, marcará el rumbo de las próximas expediciones científicas.

Los días del equipo que llegó en enero a la Base Brown fueron incomparables con cualquier otro día en el continente. "La vida en esta base es bastante difícil, pero hermosa. Fue una experiencia humana muy interesante ya que eramos 10 personas de lugares muy distintos (Jujuy, Santa Fe, Corrientes, Ushuaia y Mar del Plata) con historias y formas de pensar muy distintas, y tuvimos que convivir 45 días, sin conexión a internet, por lo que estuvimos cortados del mundo real. Pero eso nos llevó a tener conversaciones muy lindas, nos reímos mucho, también peleamos, pero en general la convivencia fue muy linda. Jugamos cartas, miramos series en la computadora y charlamos de todo y nada", aseguró Vital, y maravillada continuó: "El lugar es increíble y es increíble que el paisaje, que es solo nieve y agua, se convierta todos los días en un paisaje distinto… Uno está sentado mirándolo, da la vuelta y al volver por ahí cayó un pedazo grande de glaciar y es un iceberg que flota en el medio del agua y cambia el paisaje. Si el día está soleado, cambia el color del agua… ¡Es un paraíso! Me encantó estar ahí y también la experiencia humana de compartir y hasta de no tener conexión a internet. Allí se pierde hasta la noción del dinero, uno quiere al otro por lo que es. Para un científico es un lugar increíble para estar".
Respecto a la cotidianidad de la convivencia, alejados de todo, reveló: "Nuestros compañeros se encargaban cada dos días de buscar agua del chorillo (era como una cascada que proviene del derretimiento de la nieve) y llenaban tambores. Esa era el agua que tomábamos y usábamos para bañarnos. También nos turnábamos para cocinar y el 'Día de María', que consistía en levantarse antes para preparar el desayuno para todos, limpiar la casa, preparar el almuerzo, la merienda y la cena. Cada uno se esforzó muchísimo para cocinar algo rico. Al final se convirtió en casi una competencia de cuál cocinaba mejor".

También contó que casi toda la temporada la vivieron con luz solar: "Empezamos a tener noches de tres, cuatro horas en los últimos días. A mí me encantó tener solamente luz de día todo el día. La noción del tiempo es muy rara ahí, los días pasan muy rápido y muy lento a la vez, pero fue un sueño estar ahí".

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