A los 20 años, Juan Szczesny había logrado tener el lugar soñado en Las Golondrinas, Chubut. Durante la crisis del 2001 se mudó a Salta y dejó su chacra al cuidado de su mejor amigo. Hoy tiene 64 años y la situación lo superó: “La ayuda del gobierno nacional no llegó, y si vino algo todavía no le está llegando a la gente”

Agotado por su dolor propio y el de sus vecinos que aún no saben cómo levantarse ante tanta desidia, dijo “basta”. Lo que vivió a causa de los incendios en Chubut fue impactante y admite que “si hubiera estado mientras esto pasaba, hubiera muerto de un infarto”.

Juan Szczesny (64) aún no supera lo que sintió hace unos días al ver en cenizas sus sueños de juventud. Vivía en la ciudad y por amor a la montaña dejó todo para vivir en la Patagonia. Primero fue El Bolsón, en 1982, y seis años después llegó a Las Golondrinas, donde lentamente comenzó a dar forma a sus sueños y terminó comprando 8 hectáreas de bosque nativo, de las cuales dedicó una para plantar árboles frutales porque deseaba producir frutas finas para dulces.

El 9 de marzo, mientras miraba la tele en su actual casa en la ciudad de Salta supo que aquel que había sido su lugar en el mundo ardía. Mientras miraba estupefacto las tristes imágenes, recibió el llamado de un amigo de San Carlos de Bariloche. “Me contó lo que sabía. Yo, recién al día siguiente pude comunicarme con Rogelio, el amigo que cuida mi chacra, porque las líneas se habían quemado. Me dijo que en ocho o nueve horas las llamas devoraron más de 3.000 hectáreas y que los vecinos habían contado 611 casas quemadas. No es el número oficial, ya que dicen que son 250 o 300 las viviendas que se perdieron”.


Apenas cortó esa comunicación, un escalofrío se apoderó de él y sin dudarlo organizó un viaje en solitario para llegar al entrañable sitio. Manejó por la ruta 40 durante cuatro días y al llegar, la desazón: sus viejos frutales estaban completamente incinerados y, casi sin notarlo, se encontró caminando sobre casi 40 centímetros de cenizas en lo que antes fue un bosque.

“Yo tenía tres casas, en la más grande vivía un inquilino que por suerte estaba de viaje en Buenos Aires pero perdió absolutamente todo, porque la construcción era de madera y en cuestión de minutos fue devorada por el fuego; explotó un auto que él tenía y un cilindro de gas. ¡Fue tremendo! Las otras dos eran casitas más chicas y en una estaba mi amigo. Solo una se salvó... Los árboles frutales y el bosque nativo se quemaron por completo”, dice desconsolado y repite lo que su amigo le contó: “El fuego iba como dando vueltas y se movía tipo lengüetazos, arrancó a 400 metros de mi chacra. De los 7 focos que hubo en total, éste de Las Golondrinas fue uno de los que más desastres hizo”.

El fuego se inició por la tarde y “como estaba todo muy seco y había viento Norte que soplaba a 70 kilómetros por hora, no hubo piedad. Algunos vecinos también contaron que hubo una pared de llamas de hasta 60 metros de altura... Si lo hubiera visto no sé qué me hubiera pasado, yo creo que me habría infartado de tanto horror”.
Pese a haber llegado a una semana del siniestro, su impacto fue grande y creció a medida que recorría sus hectáreas y visitaba a sus vecinos que compartían, a modo de deshago, sus vivencias. “Algunos perdieron absolutamente todo y aún hoy están con pesadillas por lo que vivieron. Tuvieron que correr para sobrevivir, vieron sus casas arder... Muchos de ellos vivían de la producción de sus chacras, este no era mi caso porque desde el 2000 vivo en Salta, pero ese lugar fue muy importante en mi vida y mi amigo que es luthier sí producía con los frutales”.
Juan estuvo en su chacra de Las Golondrinas durante 20 días y se quedó junto a su amigo en la única propiedad que quedó en pie. “Reconstruimos su casita porque la base se salvó, pero todo lo demás se fue el diablo. La única casa que se salvó completa fue gracias al accionar de los bomberos que hicieron una barrera con arboles verdes y el fuego no pasó”.

Juan tenía tres casas y una hectárea de frutales: cerezos, guindas, manzanas, peras, ciruelas, frambuesas y nogales. “Las frutas las vendía a mi amigo que es lutier y también vive de eso”.
A Juan, como al resto de los vecinos que siguen afrontando las consecuencias de los incendios, le preocupa la creciente usurpación de tierras devastadas. “En los días que estuve allí pudimos reconstruir los cercos con alambres para marcar toda la zona y evitar que haya usurpaciones porque si ven que hay tierras sin alambrar se meten. Hay mucha movida política detrás de todo eso, eso creo”, dudó al explicar su trabajo antes de regresar a Salta desde donde responde el llamado de Infobae.

Allí llegó en medio de la crisis económica que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa. “Me ofrecieron administrar un campo grande en el Chaco Salteño y como estaba soltero y no tenía mucho por perder, vine. Además, en esos años en el Sur no se alquilaba nada porque había muy poco turismo”, recuerda.

En Salta se estableció laboralmente, conoció a quien es su esposa y tuvieron hijos. “Todos los años fuimos a la chacra para estar un tiempo allí... Ahora no sé qué haremos porque ya no tengo fuerzas ni energía para reconstruir todo, las pérdidas son muchas”, reconoce y dice que no sabe si hay seguro que cubra los daños y que hasta el momento no recibió ningún tipo de ayuda estatal.
“Sinceramente, no creo que esto se pueda remontar porque la ayuda del gobierno nacional no llegó y si llegó algo todavía no le está llegando a la gente. Esa es mi visión personal y creo que a esto lo van a manejar los intendentes y los demás políticos de la zona y no creo que ayuden a alguien como yo u otro vecino que hizo un emprendimiento, porque no tomamos tierras fiscales y no representamos votos... La única ayuda fue privada, de algunas ONG´s y de Cáritas que se ocuparon de entregarlas en mano, casa por casa. Incluso un corralón ofreció materiales para poder reconstruir las casas. Yo dije que no porque, repito, ¡ya no tengo la fuerza para eso! La casa grande que perdí debe estar valuada en 80.000 o 100.000 dólares y los precios han bajado mucho y tampoco quiero vender como lote. Por ahora está todo en la inmobiliaria”.

Cansado de ver tanto dolor de cerca, Juan regresó a su vida en Salta y a sus nogales. “Solo anhelo que mis vecinos afectados reciban la ayuda necesaria para continuar con sus vidas”, finaliza.