Antes, en la cordillera, “se festejaba más el 18 de septiembre que el 25 de mayo”


En el día del aniversario 212° de la independencia de Chile, Eduardo “Toto” González resaltó la gesta pionera de los primeros habitantes de la Comarca Andina, quienes a finales del siglo XIX salieron de la zona de San Pablo en búsqueda de valles donde pastorear a su ganado.
                                                
Eduardo “Toto” González se emociona cuando toma un antiguo mate de porcelana que fue pasando de mano en mano desde el casamiento de su madre (regalo de su abuela María Magdalena Lobos Ayara) y que hoy guarda en su vitrina como un tesoro. De igual modo, valoró que le gustaría recuperar “el máuser 001 del Ejército Argentino que fue entregado a un peón de la familia que marchó con la Policía Fronteriza. Al año pasaron a devolver los caballos, pero el arma terminó en Talca (Chile) y jamás la pude traer. Para nosotros tiene un enorme valor histórico y tendría que estar en algún museo de la zona”, agregó.
Según recordó “los primeros pioneros que llegaron a la región pasaban meses a caballo recorriendo la cordillera, buscando campos vírgenes para pastorear su ganado. Venían en la primavera, hacían la parición en estos valles y se volvían en otoño con los terneros grandes para venderlos en la feria de Osorno. Así fue durante los primeros años, hasta que se quedaron y vieron que el clima era bueno en invierno, entonces trajeron a sus familias”.



“En Chile tenían la presión propia de la entrada de las colonias alemanas y también el crecimiento de habitantes, ya que hay que considerar que ciudades como Valdivia o Castro tienen más de 450 años, mientras que acá la mayoría de los pueblos recién está por su centenario”, graficó.
En su caso, los orígenes se remontan a varias familias trasandinas llegadas a la Comarca Andina, todas salidas de San Pablo (a unos 30 km al norte de Osorno), incluyendo a su abuelo materno  Bernardo Azócar, el primer poblador de El Hoyo, quien llegó en 1894 y venía con su yerno Defín Bahamonde y su hija Prudencia.
Siguiendo las huellas de los exploradores, en 1898 arribó Eduardo González (casado con Doralisa Díaz en plena travesía porque “conseguir una mujer acá era como bajar una estrella del cielo”). Se afincó primero en Mallín Ahogado y luego en El Coihue (también designado Bolsón Sur por aquellos años). Fueron padres de cinco hijos que anotaron en Cushamen, aunque “algunos también aprovechaban el viaje anual a Chile con el arreo de vacas para inscribirlos”. 
En coincidencia, Eduardo Díaz (el otro abuelo) llegó a poblar en Las Golondrinas y se hizo cargo de Victoriano (padre de Toto) cuando tenía tres años y la familia decidió regresar a Chile y comprar un campo de 300 hectáreas, con la premisa “de que los hijos mayores –que ya tenían 10/11 años-, vayan a la escuela”.
Según contaron sus mayores, “para aprovisionarse tenían que ir hasta Osorno o Cochamó una vez al año. Lógicamente, el único dinero que se conocía era chileno, aunque era muy escaso. Generalmente, se entregaban los cueros y la lana al boliche del turco, que estaba en Cushamen o Ñorquinco, a cambio de mercadería. El único lugar donde se pagaba al peón en efectivo era en la estancia de los ingleses”.
Asimismo, “el 18 de septiembre se celebraba más que el 25 de mayo, ya que casi toda la población era chilena, hasta que comenzaron a llegar los primeros maestros a inculcar argentinidad, junto a los inmigrantes europeos. Pero ya habían pasado varias décadas y, en medio, con los galeses de Trevelin como protagonistas, se habían definido los límites entre ambos países, que aún eran inciertos”.
Solidaridad         
Por aquella época, “eran muy pocos pobladores y la solidaridad siempre estaba a flor de piel. Hasta cuando yo era chico, tampoco existían los municipios, se rompía un puente y los mismos vecinos lo arreglaban, lo mismo con los caminos o los incendios, porque tampoco había brigada”, precisó “Toto” Gonzalez, quien tiene 75 años y es un reconocido industrial maderero asentado en El Pedregoso.
La seguridad era otro aspecto valorado: “Pasaban años sin cerrar la puerta. Una vez, que íbamos a pasar varios días a Cholila para un casamiento, mi madre quería poner llave, pero estuvimos demorados un largo rato porque no aparecía por ningún lado y nadie se acordaba donde estaba”, remarcó.
Pistoleros
Según recordaba don Victoriano González, sus padres “vieron cuando la banda de pistoleros norteamericanos, encabezada por el legendario Butch Cassidy, perseguida por la Policía Montada y huyendo de Cholila, cruzó el río Turbio en una chalupa de troncos para llegar a Chile”.
Vecino de Martín Sheffield y en referencia al famoso plesiosaurio que había “descubierto”en su laguna, contaba que una vez descubierto el fraude, los bolicheros en el fondo de los vasos vineros pintaron la imagen del “bicho”. De tal modo que al brindar, los parroquianos se desafiaban “hasta ver el plesiosaurio”.
Ferrocarril internacional
En el año 1903, surgió de las autoridades chilenas la idea de unir por vía férrea a la región andina con los llanos de Yate, en el océano Pacífico.
El autor del proyecto y principal impulsor, ingeniero Jorge Heuisler, argumentó que “la formación de la Sociedad Agrícola y Frigorífica de Cochamó viene naturalmente a impulsar el desarrollo de la zona austral de Llanquihue, entrando a explotar la ganadería de las gobernaciones argentinas de Chubut, Río Negro y Neuquen. A inmediaciones del ferrocarril, los fértiles valles de El Maitén, Cholila y Valle Nuevo se convertirán, indudablemente, en grandes productores de cereales, pues su clima para el cultivo de trigo es infinitamente superior al de Osorno”.
Sin embargo, en 1905 un gran incendio de bosques en Paso El León (limítrofe con El Manso), destruyó muchas de las instalaciones de la Compañía Cochamó, que proveía a los pobladores de la mayoría de víveres e insumos indispensables y a la vez compraba todos los excedentes de producción de los colonos. En consecuencia, también “se hizo humo” el plan de conectividad.
Constructores
En cada pueblo o ciudad de la Patagonia argentina se recuerda que “fue levantada principalmente por chilenos. El que no era constructor, era carpintero. De ello pueden dar fe en Comodoro Rivadavia, Trelew, San Carlos de Bariloche o Neuquén. También se destacaron como peones petroleros, ovejeros y esquiladores”, entre otros oficios.
Un ejemplo de aquellos inmigrantes se puede encontrar actualmente en la Isla de Chiloé, donde “aquellos mayores que pudieron comprar una lancha, armar un comercio o mejorar su fundo, es fruto de su esfuerzo y trabajo en Argentina, a la que están eternamente agradecidos”.











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