En una charla abierta con prestadores y referentes del sector, el licenciado en Turismo Gustavo Capecce licenciado en ofreció una mirada profunda sobre el presente y el futuro del turismo en la comarca andina, planteando la necesidad de una revisión integral del modelo de desarrollo local. Con más de cuatro décadas de experiencia en la región propuso repensar el sentido del turismo, su estructura institucional y el papel de los distintos actores involucrados.
Una charla “irreverente y desprejuiciada”
El encuentro, convocado por el propio licenciado junto al funcionario Bruno Pogliano, surgió la inquietud por revisar los fundamentos del desarrollo turístico de El Bolsón.
“Quizás la última temporada, más allá de la desgracia del incendio, nos obligó a reflexionar sobre si ese imaginario colectivo que comenzamos a construir en 1984 sigue vigente. En ese entonces, nos negamos a ser solo un destino de mochileros y apostamos a un desarrollo autónomo. Pero con el tiempo fuimos perdiendo cierta unicidad en ese sueño colectivo”, reconoció Capecce.
Señalo que la comunidad turística se enfrenta hoy a una situación en la que se repiten fórmulas del pasado sin alcanzar consensos duraderos. “Han pasado cuarenta años y seguimos debatiendo lo mismo. Por eso hace falta un análisis irreverente y desprejuiciado”, afirmó.
De la planificación al diseño compartido
Para Capecce, los planes de turismo no pueden construirse solo desde la administración pública, sino que deben surgir de un diseño participativo entre los distintos sectores: Estado, empresarios, productores y comunidad.
“Durante muchos años se trabajó diciendo ‘hagamos un plan’, pero si ese plan no va precedido de un diseño un diálogo real sobre qué conviene, cuáles son los valores y para qué queremos el desarrollo turístico, es muy difícil encontrar el camino”, explicó.
En ese sentido propuso una transformación estructural en la gestión del destino:
“El Bolsón debería dejar de pensar en tener una Secretaría de Turismo Municipal y avanzar hacia un organismo mixto de gestión, donde participen la municipalidad, el empresariado, el comercio y la producción. No un simple consejo asesor, sino un ente ejecutivo con responsabilidades concretas”.
El modelo de destino: más allá del mochilero
Recordó que desde los años ’80 El Bolsón fue identificado como un destino para mochileros, una etiqueta que según él persiste incluso en estudios recientes.
“En 1984 la Secretaría de Turismo provincial nos decía: ‘ustedes son un destino de mochileros’. Y cuarenta años después, un estudio de redes sociales del 2023 sigue diciendo lo mismo. Eso nos tiene que hacer pensar qué pasó en este tiempo y por qué no logramos conciliar una fórmula de desarrollo sostenido”, planteó.
Sobre la posibilidad de apuntar a un turismo de mayor nivel adquisitivo, señaló que el debate no pasa por la cantidad, sino por la calidad del diseño del destino:
“No se trata de traer turismo masivo o inversiones a cualquier costo. En los noventa buscamos un hotel cuatro estrellas porque creíamos que podía acompañar la calidad de nuestros productos locales trufas, truchas, cervezas, helados. Pero si los organismos de gestión no tienen capacidad para orientar el modelo, el sistema de alojamiento termina definiendo el rumbo por sí solo”.
El desafío del poder y la necesidad de consensos
En la parte más política de su exposición, Capecce fue claro al advertir que los obstáculos para avanzar no son técnicos sino de poder.
“La discusión no es de estructura ni de diseño, sino de poder. Y eso no se resuelve con talleres o formularios. Los que tienen el poder real no van a esas reuniones. Si hay vocación de acordar valores comunes y generar una estructura que funcione, avanzaremos. Si no, hasta acá llegamos”, sostuvo.
Pese a su tono crítico, se mostró optimista sobre la capacidad local de reorganizarse y generar consensos. “Afortunadamente hay mucha gente con vocación de aportar, y un Poder Ejecutivo con una mirada amplia. Hemos avanzado, incluso después de épocas en que se decía que el turismo era solo para los ricos. Pero todavía falta dar el paso decisivo”, concluyó.
Una mirada hacia adelante
Cerró su reflexión apelando al sentido colectivo y simbólico del desarrollo:
“Hay que pensar en un diseño que se retroalimente, que contemple lo simbólico, que mire hacia adelante. No se trata solo de aprovechar la naturaleza o la cultura, sino de definir qué legado queremos dejar”.
Con esa premisa, el desafío que propone apunta a recuperar el espíritu fundacional de un turismo con identidad local, sostenible, y basado en la participación de toda la comunidad.
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