Entre motores, nieve y rutas: las historias de dos hombres que llevan decadas de servicio en Vialidad Rionegrina



Mientras las máquinas se preparan para enfrentar uno de los momentos más exigentes del año, el invierno patagónico, hay historias que pocas veces ocupan el centro de la escena. Generalmente las entrevistas son con funcionarios o responsables de las áreas, pero detrás de cada equipo que sale a despejar una ruta hay hombres que, durante décadas, dedicaron su vida a que esas máquinas nunca se detengan.

En los talleres de la Delegación 7 de El Bolsón, dos mecánicos llegados desde Viedma representan esa vocación silenciosa. Juntos suman 75 años de trabajo en Vialidad Rionegrina. Son Jorge Ibáñez y Alejandro Chazarreta, dos nombres que hablan de esfuerzo, compromiso y amor por un oficio que muchas veces se desarrolla lejos de los reflectores.

La tarea que los trajo hasta la cordillera consiste en recuperar una vieja cargadora Michigan 55, modelo 1980, un equipo que llevaba años fuera de servicio y que ahora vuelve a la vida gracias al trabajo de sus manos. Motor, caja, transmisión e hidráulica fueron reconstruidos para que la máquina pueda volver a cumplir funciones tanto dentro como fuera del predio de la delegación.

Pero detrás de esa reparación hay mucho más que conocimientos mecánicos.

Jorge Ibáñez ingresó a Vialidad Rionegrina en 1981. Son 45 años recorriendo talleres, viendo pasar generaciones de trabajadores y acompañando los distintos momentos que atravesó el organismo.

"Lo vi a todo", resume con la sencillez de quien no necesita exagerar una historia que habla por sí sola.

Cuando se le pregunta qué siente al ver a sus compañeros pasar semanas enteras en parajes aislados, enfrentando nevadas, hielo y condiciones extremas para mantener abiertas las rutas, la emoción aparece en pocas palabras.

"Es tremendo lo que hacen los muchachos de Vialidad. El personal de Vialidad es destacado. Hay que sacarse el sombrero con esa gente. Son personas que hacen patria."

No es una frase hecha. Es el reconocimiento de alguien que conoce desde adentro el sacrificio cotidiano de quienes trabajan cuando la mayoría permanece resguardada en sus hogares.

A su lado trabaja Alejandro Chazarreta, quien este año cumple tres décadas dentro de la institución. Su historia también está atravesada por la herencia familiar.

Su padre fue mecánico de Vialidad y, cuando llegó el momento del retiro, Alejandro ocupó su lugar, continuando un legado que hoy ya lleva 30 años.

Desde entonces recorrió prácticamente toda la provincia reparando maquinaria pesada e hidráulica. Porque las máquinas, explica, rara vez se rompen dentro de un taller.

Muchas veces las averías ocurren en plena montaña, en caminos donde no llega una camioneta ni un carretón.

"Nos ha tocado llevar las herramientas al hombro porque había lugares donde no ingresaba ningún vehículo. Hay que caminar hasta llegar a la máquina y repararla donde quedó."

Son trabajos que exigen conocimiento técnico, pero también resistencia física, paciencia y una enorme vocación de servicio.

Cuando le preguntan si le gustaría que sus hijos continuaran el mismo camino, responde con sinceridad.

"Sí, me gustaría. Mi viejo tuvo esa posibilidad conmigo, aunque después cada hijo elige su destino. Creo que somos de las últimas generaciones a las que realmente nos gusta este trabajo, nos gusta hacer funcionar las máquinas y trabajar en esto."

Sus palabras reflejan el orgullo por una profesión que pocas veces recibe reconocimiento público, aunque resulta indispensable para que el resto del sistema funcione.

Porque antes de que una motoniveladora salga a despejar nieve o una cargadora retire barro y piedras de una ruta, hubo un mecánico que pasó horas revisando motores, ajustando piezas, solucionando pérdidas hidráulicas y asegurándose de que cada equipo estuviera en condiciones de responder cuando más se lo necesita.

Ese trabajo casi nunca aparece en las fotografías ni en los informes oficiales.

Sin embargo, es el primer eslabón de una cadena que permite mantener conectadas a las comunidades de toda la provincia.

Mientras afuera el frío comienza a sentirse y el fuego encendido en el taller acompaña la jornada, Jorge Ibáñez y Alejandro Chazarreta siguen haciendo lo mismo que vienen haciendo desde hace décadas: devolverle vida a las máquinas para que otros puedan salir a cuidar las rutas.

Son historias de oficio, de familia y de compromiso. Historias de hombres que eligieron trabajar lejos del protagonismo, pero cuyo esfuerzo sostiene, día tras día, la enorme tarea de Vialidad Rionegrina.














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