Sembrar conciencia para cuidar la vida: a 15 años de una tragedia que se transformó en compromiso


Enrique y Cristina Schott recuerdan a su hijo y renuevan su mensaje preventivo en una nueva Jornada sin Alcohol

A 15 años de la tragedia vial que se llevó la vida de Juan, Eugenio y Nehuén, el dolor sigue presente. Pero lejos de paralizarse, Enrique y Cristina Schott transformaron esa ausencia en una causa: generar conciencia para evitar nuevas muertes en las rutas. En el marco de una nueva Jornada sin Alcohol, volvieron a compartir su testimonio y su trabajo preventivo, especialmente dirigido a niños y jóvenes.

“Los años pasan, pero la ausencia se sigue sintiendo. Y cuanto más pasa el tiempo, más se extraña”, expresaron con sinceridad. Sin embargo, remarcaron que desde el primer momento eligieron apostar por la vida, enfocando su tarea en los más chicos, principales destinatarios según advirtieron—de los mensajes que naturalizan el consumo de alcohol y otras sustancias.


El trabajo que realizan Enrique y Cristina se basa en charlas, talleres y actividades prácticas que buscan mostrar, de manera clara y directa, los efectos reales del alcohol al conducir. Una de las herramientas más impactantes son las gafas que simulan distintos niveles de alcohol en sangre, con las que los participantes intentan caminar en línea recta, esquivar obstáculos o realizar ejercicios simples.

“La diferencia es inmediata. Con las gafas puestas se pierde la noción del espacio, incluso se puede invadir el carril contrario sin darse cuenta”, explicaron. La experiencia apunta no solo a quienes ya conducen, sino también a los más chicos, que luego trasladan el mensaje a sus hogares. “Contales a tu papá lo que aprendiste”, suelen decirles, confiando en el rol fundamental de la familia.

Un ejemplo concreto de ese impacto llegó desde lo más cercano: una nena de cinco años, tras participar de una actividad, le dijo a su papá sin dudarlo: ‘Vos cuando manejás no podés tomar alcohol’. “Ahí se genera conciencia”, destacaron emocionados.

Remarcaron que su labor se sostiene con esfuerzo propio. “No somos un grupo grande, somos dos, pero hacemos lo que podemos”, señalaron. Aun así, recorren escuelas, espacios comunitarios y hasta centros de formación de conductores, llevando adelante charlas de impacto y nuevas propuestas didácticas, como actividades con los ojos vendados para reflexionar sobre el respeto de las normas viales.

También manifestaron su preocupación por la falta de recursos para los controles, especialmente en la región. “Nos inquieta que haya un solo alcoholímetro para varias localidades. Eso es insuficiente. Invertir en controles es invertir en cuidar la vida”, remarcaron, apelando al compromiso de los municipios y los organismos correspondientes.


Quince años después, el mensaje sigue siendo claro y firme. Enrique y Cristina no pidieron este camino, pero lo asumieron con convicción. Ponen tiempo, dinero y energía con un único objetivo: evitar que otras familias atraviesen el mismo dolor.

“La finalidad es esa: evitar muertes”, afirmaron. Y en cada charla, en cada niño que entiende, en cada familia que reflexiona, esa semilla de conciencia empieza a dar frutos.











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