Crisis en el consumo golpea a la cerveza artesanal y arrastra a toda la cadena productiva



Los datos del INDEC reflejan una fuerte caída en la demanda, que impacta de lleno en el sector cervecero. Productores advierten sobre cierres, falta de financiamiento y un escenario recesivo que ya lleva al menos dos años.

El sector de la cerveza artesanal atraviesa uno de sus momentos más complejos en los últimos años, en un contexto de retracción generalizada del consumo que, según datos del INDEC, no solo afecta a este rubro sino a la mayoría de los productos de la economía. Así lo expresó Klaus Leiblich, referente de Lúpulos Patagónicos, quien describió un panorama marcado por la caída de ventas, la pérdida de clientes y la falta de herramientas para sostener la actividad.

“Sin ventas no existe negocio. No necesitamos rentabilidad para poder seguir, pero hoy ni siquiera eso está garantizado”, afirmó el productor, al tiempo que remarcó que la baja del consumo se arrastra desde hace al menos dos años y responde principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de la población.


En ese sentido, Leiblich rechazó la idea de un cambio de hábitos en los consumidores. “Se dice que la gente deja de tomar cerveza y pasa al vino, pero el vino también está en crisis, al igual que las gaseosas. Es una caída generalizada”, explicó.

El impacto se siente con fuerza en toda la cadena productiva. Según detalló, “la mitad de nuestros clientes han desaparecido”, en referencia a cervecerías que dejaron de operar. La cerveza artesanal, además, es considerada un producto de mayor costo, lo que la convierte en uno de los primeros consumos que se recortan en contextos de ajuste económico.

A la caída de la demanda se suma la dificultad de acceso al crédito. Leiblich fue contundente: “Sacar un crédito es casi imposible. Las tasas son altísimas y, cuando bajan, cambian las condiciones de calificación. Terminamos en una situación en la que no podemos financiarnos formalmente”.

Frente a este escenario, el sector encontró una salida informal: el autofinanciamiento. “Nos financiamos entre todos. Nosotros damos plazos a las cervecerías, ellas a los bares y así se arma una cadena. Pero eso tiene un costo altísimo y afecta directamente la rentabilidad”, señaló.

La situación se agrava porque, además de vender menos, las empresas lo hacen a precios bajos y con plazos extendidos de cobro, lo que deteriora aún más los márgenes. “Estamos vendiendo sin rentabilidad, y eso es insostenible en el tiempo”, advirtió.

En paralelo, la posibilidad de exportar aparece como una alternativa limitada. Si bien destacó la calidad del lúpulo argentino, Leiblich remarcó que la falta de competitividad complica la inserción en mercados internacionales. “Tenemos todo caro: fletes, impuestos, insumos. Eso nos deja fuera de competencia frente a otros países”, explicó.

El productor también cuestionó el enfoque económico actual, al considerar que la retracción del consumo forma parte de una política más amplia. “Hay una desinversión general. Los números pueden cerrar en la macro, pero en la micro estamos todos complicados”, sostuvo.

Finalmente, al ser consultado sobre cómo atravesar este contexto, Leiblich apeló a la resistencia del sector: “Esto es cíclico en la Argentina. Lo que tratamos de hacer es aguantar, durar más que el resto y esperar que las condiciones cambien”.

La crisis del consumo, lejos de ser un fenómeno aislado, expone así las dificultades estructurales que enfrentan las pequeñas y medianas empresas, responsables de gran parte del entramado productivo del país, en un escenario económico que continúa mostrando señales de recesión.










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