Carlos Valle, no vidente, el vendedor ambulante que resiste con trabajo una temporada floja en El Bolsón


En la zona sur de El Bolsón, donde la feria y el movimiento diario marcan el pulso de la economía local, hay historias que van más allá de los números. Una de ellas es la de Carlos Valle, un vendedor ambulante muy conocido por vecinos y comerciantes, que cada mañana sale a recorrer las calles con su carrito ofreciendo café caliente, panificados.

No vidente y distinguido años atrás como ciudadano ilustre, Carlos conoce la ciudad como pocos. Su rutina comienza cuando la mayoría aún duerme: a las cuatro de la mañana ya está en pie, amasando y preparando termos de café que mantendrán el calor durante horas. Para cuando el movimiento empieza en la feria, él ya está listo para trabajar.

La temporada de verano, que suele ser clave para generar un ingreso extra de cara al invierno, no cumplió con las expectativas. “Fue muy tranquila, hubo poco movimiento”, resume. Si bien el café sigue saliendo, la mayoría de sus clientes son locales: feriantes, vecinos de la comarca andina y habitantes de zonas rurales. El turismo, que en otros años representaba un impulso, esta vez fue esporádico.


Aun así, Carlos no se queda quieto. Su emprendimiento fue creciendo con el tiempo: de vender solo café pasó a ofrecer un “café al paso y algo más”, sumando té, tortas fritas, pan casero y otros productos. Todo lo transporta en un carro que él mismo fue armando con esfuerzo, pieza por pieza, con ayuda del municipio y el aporte de su trabajo diario.

Los precios también son parte de la realidad que atraviesa. Un cortado ronda los 2.500 pesos, en un contexto donde la competencia entre vendedores ambulantes y la caída del consumo obligan a ajustar constantemente. “La gente busca el precio más bajo, pero gracias a Dios siempre me eligen por mis productos”, cuenta.

El día puede terminar bien o no, dependiendo de las ventas. Hay jornadas en las que al mediodía ya agotó la producción, y otras donde cuesta más. Como muchos trabajadores informales, combina esta actividad con una pensión por discapacidad, aunque deja en claro que su objetivo es sostenerse con su propio esfuerzo.

Más allá de lo económico, su testimonio también pone en foco las dificultades cotidianas que enfrenta en el espacio público. Si bien reconoce avances en infraestructura, señala que aún falta accesibilidad real para personas con discapacidad visual. Veredas en mal estado, escombros, autos mal estacionados y obstáculos en la vía pública forman parte de un recorrido que, para él, requiere el doble de atención.

“Falta empatía”, resume, al tiempo que plantea la necesidad de pensar la ciudad desde la experiencia de quienes la transitan con otras dificultades.

En medio de un contexto económico complejo y una temporada que no dejó grandes márgenes, Carlos Valle sigue apostando al trabajo diario. Con su carrito, su café caliente y su perseverancia, se mantiene como una figura querida en la localidad. , demostrando que, incluso en tiempos difíciles, el esfuerzo y la dignidad siguen siendo el motor principal.











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