Meses después de atravesar uno de los momentos más duros de su vida, Virginia Luna hoy puede volver a sonreír dentro de su nueva casa. La vecina damnificada por los incendios forestales que arrasaron con viviendas en Confluencia abrió nuevamente las puertas de su hogar para compartir cómo fue el largo y doloroso proceso de reconstrucción tras haberlo perdido prácticamente todo.
La última vez que este medio dialogó con Virginia, la obra de su nueva vivienda apenas avanzaba. El techo estaba próximo a colocarse y la incertidumbre todavía convivía con la esperanza. Hoy, el panorama es completamente distinto: una casa terminada, calefaccionada, acogedora y el alivio de volver a tener un lugar propio.
“Muy feliz, muy bien. Reagradecida con toda la gente que colaboró, con esa plata, con la ayuda que vino. Si no era imposible hacer una casa”, expresó con emoción.
Sus palabras reflejan el enorme respaldo solidario que recibió tras la tragedia. En los primeros días posteriores al incendio, Virginia atravesó momentos de profundo dolor y desesperanza. Incluso llegó a pensar que su vida había terminado con el fuego que consumió su vivienda y sus recuerdos.
“Muy feliz, muy cómoda, re bien”, resume hoy, con otra energía, al describir esta nueva etapa.
Sin embargo, aunque la reconstrucción material avanzó, las heridas emocionales siguen presentes. Virginia reconoce que aún hay momentos en los que busca objetos de su vida anterior casi por reflejo, como si todavía estuvieran allí.
“Siempre recuerdo de la otra casa cosas que perdí, que a veces necesito y parece que las voy a recuperar. Las busco y no están. Los recuerdos no tengo más”, relató con tristeza.
Entre las pérdidas hubo pertenencias personales, ropa y recuerdos cargados de valor afectivo. Aunque logró rescatar lo más importante gracias a la insistencia de su hijo mayor cuando el fuego avanzaba peligrosamente.
“Mi hijo me decía que agarrara las cosas más importantes, los papeles, los documentos. Si tenía plata. También quedó una mochila, pero pude sacar lo importante”, recordó.
Aunque algunos estudios médicos y documentación menor se perdieron, Virginia logró conservar sus documentos esenciales y, sobre todo, salir junto a su familia sin consecuencias mayores.
Durante el duro proceso de reconstrucción, el acompañamiento familiar fue fundamental. Su hijo menor, que vive junto a su terreno, la alojó durante los primeros tres meses tras el incendio. Sin embargo, las bajas temperaturas y problemas físicos la obligaron a trasladarse luego a El Bolsón, donde una amiga le brindó alojamiento mientras finalizaban las obras.
“Empecé con dolor de rodilla y de cintura por el frío. Así que de mayo a agosto estuve con una amiga en El Bolsón, hasta que terminé mi casa”, explicó.
El regreso definitivo ocurrió el 18 de agosto, una fecha que quedó marcada para siempre en su memoria. Aunque reconoce que el cansancio y las limitaciones económicas no permitieron hacer una inauguración formal.
“No hubo inauguración porque quedé muy corta de plata, casi sin nada”, contó con sinceridad.
Más allá de su caso personal, Virginia destacó que la reconstrucción también alcanzó a otros vecinos afectados, permitiendo que el barrio comenzara lentamente a ponerse de pie después de la devastación.
Su historia representa no solo el dolor de quienes lo perdieron todo en los incendios forestales de Confluencia, sino también la fuerza de la solidaridad, el acompañamiento comunitario y la resiliencia de quienes, pese a la tragedia, lograron volver a empezar.
0 Comentarios
Déjenos Su Comentario aquí | NoticiasDelBolsón
Emoji