Cada 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Enfermería, una fecha que pone en valor el trabajo silencioso, comprometido y profundamente humano de quienes dedican su vida al cuidado de los demás. En El Bolsón, esta jornada encuentra un reflejo claro en el Centro de Atención Primaria de la Salud del barrio San José, un espacio que vecinos y vecinas reconocen no solo por la atención sanitaria que brinda, sino también por la calidez humana que lo caracteriza.
En este marco, Adriana Walter y Carina Andreoli, integrantes del equipo de enfermería del CAPS, compartieron sus experiencias, emociones y reflexiones sobre una profesión que eligieron desde la vocación y que sostienen día a día con compromiso, incluso en tiempos complejos.
“Es una fecha particular para mí, porque yo elegí esta profesión y me debo a ella y a las usuarias del centro de salud”, expresó Adriana Walter, quien lleva más de tres décadas trabajando en el ámbito sanitario. Aunque aclaró que es auxiliar de enfermería y no enfermera profesional, dejó en claro el profundo amor que siente por su tarea. “Hace 30 y pico de años que estoy trabajando en esto y a mí me gusta”, afirmó con convicción. Ante la consulta sobre si cambiaría de profesión, la respuesta fue inmediata: “No, para nada”.
El contacto cotidiano con la comunidad aparece como uno de los aspectos más gratificantes del trabajo. Carina Andreoli destacó especialmente el vínculo con las familias y los niños que asisten al centro de salud. “Se nota el cariño de la gente acá en el centro de salud. Los chicos también nos saludan, algunos ya se van sin llorar cuando vienen a vacunarse”, contó con una sonrisa.
Pero el trabajo de enfermería va mucho más allá de una vacuna o una curación. En los centros de atención primaria, las enfermeras muchas veces se convierten en el primer contacto ante una urgencia, un malestar o simplemente una necesidad de contención. Son quienes escuchan, orientan y acompañan. Y eso, según remarcaron, genera lazos muy especiales con la comunidad.
Entre risas y complicidad, reconocieron que hay vecinos y vecinas que forman parte de la vida cotidiana del centro. Personas con quienes se construye un vínculo que excede lo estrictamente sanitario y que muchas veces se transforma en afecto genuino. “Los acompañamos, por supuesto”, señalaron, dejando en evidencia el costado más humano de la profesión.
Como toda tarea ligada al cuidado, también existen momentos difíciles. Situaciones complejas, despedidas y emociones intensas que forman parte del recorrido profesional. Walter recordó además su propio recorrido dentro del sistema de salud, que comenzó en atención primaria en el centro de salud de Mallín Ahogado y continuó por distintos CAPS de la localidad.
El Centro de Atención Primaria del barrio San José se ha consolidado como uno de los espacios sanitarios más completos de la ciudad, con un abordaje integral que incluye enfermería, odontología, kinesiología y recientemente la incorporación de una trabajadora social. Sin embargo, también enfrenta desafíos, como la falta de profesionales en algunas áreas tras jubilaciones recientes.
“Por fin tenemos una trabajadora social, que era algo que nos estaba faltando, pero lamentablemente también nos falta personal porque el barrio lo necesita”, remarcaron.
Consultadas sobre cómo es sostener el trabajo cotidiano, especialmente durante el invierno y en medio del estrés que implica la tarea sanitaria, ambas coincidieron en que el compromiso sigue intacto. “A veces cuesta levantarse por el frío, como a cualquiera, pero sin ganas no trabajamos”, dijeron.
También hubo lugar para una reflexión sobre la realidad económica del sector. Reconocieron que muchas veces el esfuerzo no se ve reflejado en el salario, aunque eso no les hizo abandonar su vocación. “Pero igual estamos, por eso elegimos esto”, sintetizaron.
Finalmente, dejaron un mensaje para los jóvenes que hoy están pensando en su futuro. Si bien admitieron que el contexto actual hace difícil proyectar certezas económicas, insistieron en la importancia de estudiar y formarse. “Los chicos tienen que estudiar y seguir una carrera”, señalaron.
En una fecha tan significativa, el reconocimiento no solo alcanza a quienes trabajan en hospitales, sino también a quienes sostienen silenciosamente la salud comunitaria desde los barrios. Porque en cada vacuna, en cada control, en cada palabra de aliento, las enfermeras y enfermeros siguen demostrando que cuidar también es una forma de abrazar.
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