Como ocurre desde hace décadas, y sosteniendo una de las tradiciones rurales más emblemáticas de la cordillera chubutense, la familia Ruiz volvió a realizar este fin de semana el histórico arreo de ganado vacuno desde la cuenca del río Tigre hacia un campo ubicado en la zona oeste de Cholila, donde posteriormente llevaron adelante la tradicional marcación de los animales.
La escena, profundamente arraigada en la identidad del campo patagónico, volvió a repetirse entre montañas, senderos y paisajes característicos del noroeste chubutense, donde el trabajo rural continúa transmitiéndose de generación en generación como parte de una cultura que resiste el paso del tiempo y los cambios de época.
En esta oportunidad, el ganado pertenece a Oscar Ruiz, quien encabezó una vez más el recorrido acompañado por su hijo Nazareno Ruiz y su nieto Kevin, conformando una imagen que resume el verdadero espíritu de esta tradición: tres generaciones unidas por el trabajo, el esfuerzo y el amor por la vida de campo.
El arreo, práctica histórica en la cordillera patagónica, forma parte de una costumbre profundamente vinculada a la actividad ganadera extensiva. Durante décadas, familias rurales del noroeste de Chubut han trasladado sus animales por largos recorridos aprovechando los ciclos naturales, las pasturas y los movimientos estacionales del ganado, en una modalidad que remite a antiguas prácticas de trashumancia adaptadas a la geografía patagónica.
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| Óscar Ruiz ,su hijo Nazareno, y su nieto Kevin |
En localidades como Cholila, El Maitén, Cushamen, Epuyén y distintos sectores de la Comarca Andina, estos desplazamientos forman parte del patrimonio cultural vivo del campo, no solo por su función productiva, sino también por el valor simbólico que representan: el encuentro familiar, la transmisión de conocimientos, la enseñanza del oficio rural y el vínculo profundo con el territorio.
En Cholila, cada otoño, el paso del ganado arreado por antiguos caminos rurales vuelve a despertar esa memoria colectiva que conecta a la comunidad con sus raíces. No se trata solamente de movilizar animales de un punto a otro, sino de sostener una forma de vida que encuentra en el trabajo compartido y en la continuidad generacional su mayor fortaleza.
La presencia de Oscar, Nazareno y Kevin Ruiz no solo refleja la continuidad de una actividad productiva, sino también la decisión de mantener viva una tradición que forma parte de la historia misma de la cordillera. En tiempos donde muchas costumbres rurales se transforman o desaparecen, imágenes como estas conservan intacto el espíritu de una Patagonia profunda, trabajadora y orgullosa de sus raíces.


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