Lo ocurrido en Mallín Ahogado no puede pasar desapercibido ni quedar reducido a una simple anécdota. En las últimas horas, vecinos denunciaron nuevos casos de perros envenenados en el sector de Mallín del Medio, pasando Parrilla El Quincho, sobre el callejón Murray e Infante.
Primero fue un perro grande que logró salvarse de milagro. Luego, una pequeña caniche llamada Clarita no tuvo la misma suerte. Era la compañera inseparable de una mujer mayor, una perrita que vivía dentro de la casa, que no salía a la calle y que compartía cada día con su familia. Hoy dejó un vacío enorme y una tristeza imposible de describir.
Pero el problema va mucho más allá del dolor de perder una mascota. Tirar veneno en una zona rural es una acción irresponsable y extremadamente peligrosa. En el lugar existen canales y cursos de agua que abastecen a numerosas familias. Si un animal envenenado cae en esos cauces, las consecuencias pueden afectar a muchas más personas.
Además, por esos caminos transitan diariamente niños y niñas que van a la escuela o juegan al aire libre. Cualquier sustancia tóxica abandonada puede convertirse en una tragedia.
Los animales forman parte de nuestras familias y de nuestra comunidad. En Mallín Ahogado conviven perros, gatos, animales de granja y fauna silvestre. Quien decide esparcir veneno no solo ataca a una mascota, sino que pone en riesgo a todo el entorno.
La muerte de Clarita debe servir para generar conciencia y para que las autoridades investiguen estos hechos. No podemos naturalizar la crueldad ni mirar para otro lado cuando la vida de personas y animales está en peligro.
Hoy una familia llora la pérdida de una compañera de vida. Mañana las consecuencias podrían ser mucho más graves.
Basta de envenenar animales. Basta de poner en riesgo a toda una comunidad, pide Tito Alvarez.
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