Fallo reconstruyó una historia familiar y saneó un error de hace más de un siglo que trabó una ciudadanía italiana


Nombres escritos de distintas maneras, una fecha de nacimiento equivocada, un pueblo italiano mal registrado y hasta una edad errónea obligaron a un descendiente de inmigrantes a recurrir al Poder Judicial de Río Negro para acreditar quiénes eran realmente sus antepasados.

Una letra de más en un apellido, un pueblo italiano escrito de distintas maneras, una fecha de nacimiento corrida por un día y hasta una edad mal asentada hace más de un siglo. Esos errores, acumulados durante generaciones en partidas argentinas e italianas, impidieron que un hombre pudiera acreditar sin objeciones su ascendencia para tramitar la ciudadanía italiana. La solución no llegó desde un registro civil ni desde un consulado, sino a través de una sentencia del Poder Judicial de Río Negro que reconstruyó toda la línea familiar y declaró que los documentos, aunque distintos entre sí, correspondían a las mismas personas.

El expediente se tramitó como una información sumaria, un proceso que permite obtener una declaración judicial sobre hechos que no se encuentran controvertidos. En este caso, el objetivo no era discutir derechos con otra persona, sino demostrar que las diferencias existentes entre distintas partidas respondían a errores materiales de registración y no a personas diferentes.

El solicitante explicó que es descendiente directo de inmigrantes italianos por la rama paterna. Al reunir la documentación necesaria para iniciar el trámite de ciudadanía apareció un problema frecuente en las familias de inmigrantes: la información no coincidía de un documento a otro y la cadena genealógica dejaba de ser perfecta.

La principal dificultad estaba en la identidad de su tatarabuela. En la partida de nacimiento emitida en Italia figuraba con un nombre, mientras que en distintas actas argentinas aparecía con variantes que modificaban parte de su identidad. A eso se sumaban distintas formas de escribir el nombre del pueblo donde había nacido, ubicado en la provincia italiana de Cosenza.
Las diferencias no terminaban allí. En una partida de defunción el día de nacimiento aparecía consignado como 6 de febrero de 1883, aunque el acta italiana establecía que había nacido el 7 de febrero de ese año. En otro documento se indicaba que tenía 27 años cuando nació una de sus hijas, pero del resto de la documentación surgía que en realidad tenía 31.

La investigación también permitió detectar otro error que atravesó generaciones. Una bisabuela del solicitante figuraba como nacida en la Capital Federal cuando su partida de nacimiento demostraba que había nacido en Banfield, partido de Lomas de Zamora. Además, distintos nombres de integrantes de la familia aparecían escritos con variantes según el documento consultado.

Para resolver el caso, la jueza analizó las partidas italianas y argentinas incorporadas al expediente y dio intervención a la Fiscalía y a los Registros Civiles de Buenos Aires y Mendoza. Ninguno de esos organismos formuló objeciones y ambos señalaron que, si la Unidad Procesal entendía acreditada la identidad de las personas, podía dictar sentencia y ordenar las rectificaciones correspondientes.

Después de revisar toda la documentación, el fallo concluyó que las diferencias no respondían a personas distintas, sino a errores materiales de registración acumulados durante décadas. La sentencia declaró que todas las variantes de nombres correspondían a una misma persona, reconoció cuál era la fecha correcta de nacimiento de la inmigrante italiana, estableció cuál era el verdadero lugar de nacimiento de otra ascendiente y reconstruyó la filiación entre las distintas generaciones de la familia.

La resolución no otorga la ciudadanía italiana. Lo que hace es remover uno de los principales obstáculos documentales para tramitarla. A partir de este fallo, el solicitante podrá acreditar ante las autoridades competentes que, pese a las diferencias que aparecen en las partidas, toda la documentación corresponde a una única línea familiar y que las inconsistencias fueron producto de errores registrales acumulados durante más de cien años.














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