Cada vez que la Selección Argentina sale a la cancha, miles de hinchas viven el partido con cábalas, rituales y una profunda esperanza. En El Bolsón, esa tradición tiene un nombre propio: Pablo Olaizola, referente de la comunidad devota de la Virgen de Urkupiña, quien asegura que la fe ocupa un lugar central en cada presentación del conjunto nacional.
A horas de un nuevo compromiso de la Selección, Olaizola compartió cómo se vive la previa en su familia y en la comunidad que desde hace casi quince años mantiene viva la celebración de la Virgen de Urkupiña en la localidad cordillerana.
"Nosotros tenemos una Virgencita de Urkupiña que trajimos desde el norte hace más de 16 años y ya se convirtió en una cábala. Cada vez que juega la Selección no pueden faltar las velitas encendidas y las bendiciones, pidiéndole que nos acompañe y nos dé fuerzas", expresó.
Recordó que durante los partidos más sufridos, como ocurrió recientemente, la fe fue su sostén. "Se apagó una velita, enseguida prendí otra y dije: 'Que sea lo que Dios quiera'. Por suerte estamos otra vez en una nueva instancia y muy felices. Los argentinos somos muy creyentes y siempre necesitamos aferrarnos a la fe", sostuvo.
La historia de la imagen de la Virgen de Urkupiña en El Bolsón comenzó de una manera muy especial. Olaizola explicó que recibió la imagen como regalo de casamiento, entre los años 2010 y 2011, de manos de un compadre que conocía la profunda devoción que él y su esposa sentían por la Virgen. Aunque ambos son argentinos, sus raíces familiares están estrechamente ligadas a Bolivia y al norte argentino.
"Mi abuela era boliviana, mi papá nació en Bolivia aunque se crió en Argentina desde muy chico, mi suegro también era boliviano y siempre estuvimos muy vinculados a las danzas andinas. Eso hizo que nuestra fe creciera cada vez más", recordó.
También contó que cuando decidió instalarse definitivamente en El Bolsón, llegó acompañado por la imagen de la Virgen. "Primero vine de vacaciones. Apenas bajé del colectivo caminé hasta la iglesia y sentí que este era el lugar donde tenían que crecer mis hijos. Volví a Buenos Aires, preparé mis cosas, tomé a la Virgencita y me vine definitivamente. Desde entonces la Virgen está con nosotros y cada año celebramos su llegada a El Bolsón".
La festividad local ha ido creciendo año tras año y hoy reúne a grupos de danzas provenientes de distintos puntos del país. Caporales, Morenada, Tinku, Salay y otras expresiones culturales llenan de música, color y tradición las calles de la ciudad, en una celebración que ya forma parte del calendario cultural de la comarca.
"Cada año llegan delegaciones de distintos lugares. Antes alojábamos diez o quince personas y hoy la fiesta ha crecido muchísimo. Quienes vienen siempre quieren regresar porque encuentran una comunidad que los recibe con muchísimo cariño", explicó.
Este año la celebración tendrá además un significado muy especial para la familia Olaizola. Serán nuevamente los custodios de la imagen de la Virgen, una responsabilidad que, según explicó, no implica ser propietarios de la imagen sino cuidarla y compartirla con toda la comunidad.
"La Virgen no tiene dueño. Nosotros somos simplemente sus custodios. Puede visitar cualquier hogar que la solicite. Este año nos vuelve a tocar organizar la fiesta y es un compromiso muy importante con nuestra fe y con toda la comunidad", afirmó.
Antes de la celebración local, Pablo viajará junto a un grupo de alrededor de 16 personas hacia Cochabamba, Bolivia, donde participarán de la tradicional festividad de la Virgen de Urkupiña. Será el segundo año consecutivo en que cumplirán una promesa bailando en una de las manifestaciones religiosas y culturales más importantes de Sudamérica.
"Viajamos el 8 de agosto y regresaremos cerca del 23. Es una experiencia única porque llegan personas de todas partes del mundo para honrar a la Virgen", comentó.
Mientras tanto, el fútbol vuelve a ocupar un lugar central. Olaizola ya prepara el tradicional bombo que se convirtió en un símbolo de los festejos argentinos durante el Mundial de Qatar y que promete volver a sonar con fuerza si la Selección consigue una nueva victoria.
"Este sábado tiene que haber doble bombo, doble redoblante y el triple de festejo. Ya basta de sufrir. Lo importante es celebrar siempre con alegría, cuidándonos entre todos. Esta Selección nos da una enorme felicidad en momentos difíciles que atraviesa el país", expresó.
Además de su pasión por el fútbol, Pablo atiende un emprendimiento dedicado a la venta y personalización de camisetas deportivas. El furor por la Selección hizo que la demanda creciera notablemente.
"Hemos vendido más de 200 camisetas de Argentina y personalizamos muchísimas más. La gente trae sus propias camisetas para agregarles nombres o números. También conseguimos camisetas históricas y actuales de cualquier jugador que nos pidan", explicó.
Entre las piezas más destacadas de su colección se encuentran réplicas de la primera camiseta utilizada por Diego Maradona como "Pelusa", la de su debut en Boca Juniors y la de la Selección con la que obtuvo su primer título, además de indumentaria de Lionel Messi, Lionel Scaloni y figuras internacionales como Cristiano Ronaldo y Kylian Mbappé.
Con la fe intacta, el bombo listo y la esperanza puesta en una nueva alegría albiceleste, Pablo Olaizola volverá a vivir el partido como lo hace desde hace años: acompañado por la Virgen de Urkupiña, convencido de que la pasión, la tradición y la fe también juegan su propio partido.
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