Cada 7 de agosto, miles de argentinos renuevan una de las expresiones de fe popular más arraigadas del país: la devoción a San Cayetano. La tradicional petición de paz, pan y trabajo adquiere este año una significación particular ante las dificultades económicas, la falta de empleo y la preocupación que atraviesa a numerosas familias. En la Comarca Andina, la celebración también tendrá su espacio y el padre José “Pepe” Lynch reflexionó sobre la necesidad de acompañar la oración con acciones concretas que permitan generar trabajo y atender a los sectores más vulnerables.
El sacerdote recordó que la devoción a San Cayetano tiene una presencia muy fuerte en la Argentina y que una de sus máximas expresiones se encuentra en el santuario del barrio porteño de Liniers, donde cada año una multitud se acerca para agradecer y, especialmente, para pedir por “paz, pan y trabajo”.
“Es una devoción tan peculiar en la Argentina, donde en ese santuario del barrio de Liniers, en Buenos Aires, desde hace muchos años se gestó realmente un movimiento importantísimo”, explicó Linch.
En ese sentido, destacó que los creyentes encuentran en San Cayetano un intercesor para acercar sus necesidades a Dios. “El signo es esto: pedirle a San Cayetano, que es un buen amigo de Jesús, que interceda ante Jesús por los pedidos que la gente le hace”, sostuvo.
En El Bolsón, la conmemoración tendrá como punto de encuentro la capilla San Cayetano, ubicada en la zona de Pampa de Mallín, donde está prevista la celebración de la misa a partir de las 16 horas.
Originalmente también se había proyectado realizar una procesión, aunque las condiciones meteorológicas y las bajas temperaturas obligaban a evaluar su realización. Linch explicó que no considera conveniente exponer a los vecinos al frío o a la lluvia si las condiciones no acompañan.
“Quizás en Buenos Aires la gente saldría igual, pero las temperaturas son otras. Acá yo no creo que tenga que pedirle a la gente que salga a mojarse, porque corre peligro la salud de las personas con estas temperaturas”, señaló.
Luego de la misa está previsto realizar un encuentro comunitario con chocolate caliente, danzas y un espacio para compartir entre quienes se acerquen a participar de la festividad.
La celebración representa además una jornada especial para una capilla que habitualmente reúne a un grupo reducido de vecinos. El sacerdote contó que celebra misa allí una vez al mes y que normalmente participan una o dos familias, además de los niños que concurren a catequesis. La concurrencia aumenta en ocasiones particulares, como cuando alguna familia solicita una celebración por un ser querido fallecido.
“Como todas las capillas del campo, son capillas chicas y es poca la gente de los barrios cercanos que recurre habitualmente. Lo mismo pasa con San Cayetano”, explicó. Sin embargo, por tratarse precisamente de la fiesta patronal, se esperaba una asistencia considerablemente mayor.
La tradicional petición por trabajo adquiere además una dimensión especial frente al escenario económico actual. Lynch reconoció que existe preocupación por la falta de oportunidades laborales en El Bolsón y consideró que la búsqueda de soluciones no puede quedar únicamente depositada en la fe, sino que debe estar acompañada por políticas públicas y condiciones que permitan fortalecer la actividad económica.
“Sabemos de la preocupación por la falta de trabajo en nuestro pueblo”, afirmó.
Para el sacerdote, la respuesta tampoco pasa por convertir al Estado en el empleador de toda la población. Consideró, en cambio, que se deben generar herramientas para acompañar al sector privado, particularmente a las pequeñas y medianas empresas y a los emprendimientos que caracterizan a El Bolsón y al resto de la Comarca Andina.
“Yo no creo que sea el Estado el que tenga que, al final, dar trabajo a todos y que todos sean empleados del Estado, porque sabemos que es imposible”, manifestó.
En ese sentido, planteó la necesidad de facilitar condiciones para que puedan desarrollarse empresas, pequeños emprendimientos y productores locales, incluso mediante herramientas crediticias que permitan sostener y ampliar sus actividades.
Linch hizo especial referencia a la realidad económica que observa durante este invierno. Si bien reconoció que hubo movimiento turístico y visitantes en la región, consideró que la afluencia no alcanzó los niveles que podrían esperarse para una zona cuya economía depende en buena medida de la actividad turística y comercial.
Frente a esta situación, insistió en que la fe debe ir acompañada por el compromiso y la acción. Para explicarlo recurrió a una expresión popular que resume, según indicó, la postura que propone la Iglesia frente a las dificultades.
“A Dios hay que rezarle y con el mazo dando. Nosotros tenemos que trabajar a la par. No es vivir solamente de la providencia, diciendo ‘Dios me va a ayudar’. Dios ayuda, pero hay que trabajar”, expresó.
Dentro de su reflexión sobre el papel del Estado y de la sociedad, el sacerdote puso especial atención en quienes atraviesan mayores dificultades: los adultos mayores, jubilados, personas con discapacidad y las familias que deben hacerse cargo del cuidado de familiares que necesitan asistencia permanente.
Para Linch, existen situaciones en las cuales el acompañamiento estatal resulta indispensable y no puede ser reemplazado simplemente por el esfuerzo individual.
“El problema que no se puede dejar son las necesidades. Están los ancianos, los jubilados que no pueden llegar a estar cómodos, los discapacitados, las familias que tienen que preocuparse por un discapacitado o por un anciano y que de pronto implica un trabajo y un esfuerzo”, sostuvo.
También se refirió al debate alrededor de los subsidios y beneficios destinados a personas con discapacidad. En este punto consideró válido que el Estado establezca mecanismos de control para garantizar que los recursos lleguen efectivamente a quienes los necesitan, pero diferenció esa tarea de control de una eliminación indiscriminada de la asistencia.
“Yo lo que sí creo que había que hacer era no dejar los subsidios incontrolados. Los subsidios hay que controlarlos, ver a quién se le dan y qué es lo que se hace”, señaló.
El sacerdote mencionó particularmente las dificultades que pueden aparecer en beneficios relacionados con el transporte y los pasajes destinados a personas que requieren asistencia, planteando la necesidad de revisar cómo funcionan esos mecanismos y de determinar dónde aparecen los inconvenientes entre los organismos responsables y las empresas prestadoras.
En ese contexto, remarcó que cualquier programa financiado con recursos públicos debe contar con controles y rendiciones que permitan conocer cuál fue el destino del dinero. Como ejemplo, explicó que las instituciones que reciben determinados aportes deben justificar posteriormente cómo fueron utilizados.
Para Linch, el desafío pasa entonces por encontrar un equilibrio: un Estado presente que controle y administre correctamente los recursos públicos, pero que al mismo tiempo acompañe a quienes realmente necesitan asistencia y genere condiciones para el desarrollo económico y la creación de empleo.
Al mismo tiempo, sostuvo que la responsabilidad no corresponde únicamente al Estado. “Es misión del Estado hacer las cosas, pero también no es un lavarse las manos de la sociedad”, reflexionó.
Así, la celebración de San Cayetano de este 7 de agosto vuelve a reunir una expresión profundamente religiosa con una realidad social concreta. En El Bolsón, la tradicional oración por paz, pan y trabajo estará atravesada por las preocupaciones de familias que buscan empleo, comerciantes y pequeños productores que intentan sostener sus actividades, jubilados que enfrentan dificultades económicas y personas con discapacidad que necesitan acompañamiento.
La misa de las 16 horas en la capilla San Cayetano será el momento central de una jornada que combinará oración, encuentro comunitario y reflexión. Y, en medio de un invierno complejo para distintos sectores de la Comarca Andina, la histórica petición al patrono del trabajo volverá a escucharse con fuerza: paz, pan y trabajo, acompañados —como planteó el padre Pepe Linch— por el compromiso de la sociedad y las políticas necesarias para transformar esa esperanza en respuestas concretas.

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