La Golondrina llegó al final de su concesión y Jorge Pascual expresó: “No puedo trabajar sin contrato”


Este 1° de septiembre marca un punto de inflexión para el transporte urbano de pasajeros en El Bolsón. La empresa La Golondrina, histórica prestadora nacida en la década del 80 y pionera en la conexión de distintos sectores de la localidad y la región, llegó al vencimiento del contrato que la vinculaba con el municipio para la prestación de las líneas urbanas.

En este escenario, el gerente de la empresa, Jorge Pascual, confirmó que La Golondrina no puede continuar prestando normalmente un servicio para el cual ya no cuenta con un contrato vigente y aseguró que, pese a las reiteradas presentaciones realizadas para advertir sobre la delicada situación económica de las líneas, no existió una respuesta concreta por parte del Ejecutivo municipal.

“No es una decisión que tomó la empresa”, remarcó , dejando en claro desde el comienzo que el final de esta etapa no responde, según su visión, a una determinación unilateral de La Golondrina.

El empresario sostuvo que desde hace tiempo se venía dialogando y planteando la problemática económica que atravesaba el transporte urbano, hasta llegar a una situación que la compañía ya no podía continuar sosteniendo con recursos propios.

“Ya venimos hablando de esto hace rato, de la problematica de las líneas, se buscan soluciones. Creo que llegamos hasta donde llegamos con la espalda de la empresa, porque se presentó documentación que demostraba que todas las líneas daban pérdidas”, afirmó.

Uno de los principales cuestionamientos de Pascual está relacionado con el nuevo esquema de transporte que se impulsa . Según explicó, mientras La Golondrina advertía que económicamente no podía sostener cuatro líneas, el nuevo planteo contempla siete recorridos y una cantidad mayor de kilómetros.

“No entiendo, no sé cuál es la ecuación, cuál es la matemática que están usando. Si no pueden solventar las cuatro líneas que venía soportando la empresa, ahora presentan siete, con mucho más recorrido, más kilometraje”, cuestionó.

Incluso, con tono crítico, agregó: “No sé, habrán contratado a algún visionario que tiene la solución al transporte o simplemente consiguieron la plata que nunca hubo para solucionar el problema”.

Además, existe una cuestión fundamental que impide continuar trabajando una vez vencido el vínculo contractual: la responsabilidad que supone transportar pasajeros sin un marco contractual vigente.

“Lógicamente, yo no puedo trabajar sin contrato. Sería lo lógico, porque ante un accidente el seguro se va a la letra chica”, explicó.

El gerente sostuvo que durante los últimos meses la empresa realizó distintas presentaciones acompañadas de documentación para advertir que la situación se deterioraba progresivamente, pero aseguró que no obtuvo respuestas.

“Fue una decisión del municipio, porque no se habló nunca, ni siquiera se contestó a todas las presentaciones con documentación de la problemática que se iba incrementando en las líneas”, manifestó.

Según describió, a la caída general de la actividad económica se sumaron otros factores que impactaron directamente sobre la cantidad de pasajeros transportados y, consecuentemente, sobre los ingresos de la empresa.

Entre ellos mencionó la aparición y crecimiento de nuevas modalidades de transporte, la presencia de taxis en sectores utilizados por los colectivos y una fuerte pérdida de pasajeros.

A este panorama se sumó la disminución de los aportes estatales.

Recordó que hasta diciembre del año pasado la Provincia realizaba un aporte económico para colaborar con el sostenimiento de las cuatro líneas. Según precisó, se trataba de aproximadamente 5 millones de pesos, mientras que el municipio aportaba otros 4 millones.

Cuando el aporte provincial dejó de llegar, explicó, la situación se hizo todavía más complicada.

“Cuando se bajó la Provincia, ya veníamos en caída. Cada vez peor, cada vez peor. Nunca me contestaron ni vinieron a charlar a ver qué resolución podíamos encontrar, cómo podíamos hacer. Nada, nada de nada”, cuestionó. La empresa comenzó entonces a realizar modificaciones para intentar reducir costos y mantener los servicios. Entre esas decisiones estuvo la unificación de recorridos barriales y la disminución de algunas frecuencias.

Sin embargo, de acuerdo con el gerente, estas medidas tampoco alcanzaron para revertir el déficit. “Si estas tres líneas no podían soportar los gastos, ¿cómo pretenden tener siete?”, insistió. El vencimiento contractual afecta específicamente a las líneas urbanas que se encuentran bajo la órbita municipal.  Diferenció esta situación de los servicios interurbanos y de los transportes escolares que también realiza La Golondrina.

“Las líneas que están licitando son las líneas urbanas. Hasta ahora no me han dicho nada de las líneas interurbanas, aparte tampoco tienen actuación sobre las líneas interurbanas. Tampoco me han dicho de los escolares; tengo 16 vehículos de escolares”, explicó. Uno de los servicios mencionados  fue el histórico recorrido hacia Mallín Ahogado, una prestación que, tiene más de cuatro décadas y nació de la mano de su padre.

“Mallín Ahogado tiene más de 40 años, la creó mi viejo y siempre fue una línea social que bancó la empresa a pesar de todos los gobiernos que han pasado durante los años”, recordó. Destacó que ese servicio fue sostenido durante décadas aun cuando su rentabilidad era limitada, por considerar que cumplía una función social fundamental para los vecinos de la zona rural. “La seguimos haciendo como un beneficio a la sociedad, muchas veces reparando los caminos por parte de los choferes”, señaló.

De esta manera, el comienzo de septiembre encuentra al transporte público de El Bolsón atravesando un momento de transición. Por un lado, finaliza el vínculo contractual que durante años mantuvo a La Golondrina al frente de diferentes recorridos urbanos; por otro, el municipio avanza con un nuevo esquema que contempla siete líneas y una mayor extensión de los recorridos. Para La Golondrina, al menos en lo referido a las líneas urbanas comprendidas dentro de la concesión municipal, el vencimiento del contrato establece un límite concreto. “Hoy ya no podía salir”, sintetizó .

La frase resume la situación que atraviesa una empresa profundamente ligada a la historia del transporte de El Bolsón y abre, al mismo tiempo, una serie de interrogantes sobre la continuidad inmediata del servicio, la implementación del nuevo sistema y la forma en que se garantizará la movilidad de los vecinos que diariamente dependen del transporte público.
Después de más de cuatro décadas de presencia en los caminos urbanos y rurales de la región, La Golondrina llega así al cierre de una etapa en el transporte urbano de El Bolsón, mientras todavía quedan preguntas por responder sobre cómo será el servicio que viene.















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