La reciente crecida volvió a modificar por completo la vida cotidiana de numerosas familias de Manso Inferior. Caminos cubiertos por el agua, sectores de campos inundados y la necesidad de utilizar botes para poder entrar y salir forman parte de una realidad que los pobladores conocen desde hace años. Uno de los damnificados es Rody Boock, vecino de la zona desde hace más de tres décadas, quien relató cómo atravesaron los últimos días y aseguró que, pese a las dificultades, no cambiaría ese lugar por ningún otro.
Hasta hace pocas horas, el bote era prácticamente la única alternativa para movilizarse. Con el descenso del agua algunos sectores comenzaron a recorrerse a pie y este martes incluso pudieron avanzar con un Unimog de Protección Civil, algo que días atrás resultaba imposible.
La magnitud de la crecida todavía puede observarse en el lugar. Mesas de un camping quedaron bajo el agua y una de las cabañas llegó a tener el río prácticamente a la altura de sus puertas. Sin embargo, Boock explicó que no se trata de la mayor inundación que recuerda.
“Hubo un año que teníamos el agua hasta el galpón viejo. Quedaba un pedacito, unos 50 metros cuadrados”, recordó el vecino, dejando en claro que Manso Inferior ya atravesó situaciones incluso más complejas.
Según explicó, parte de lo ocurrido está relacionado con la propia dinámica del río y con antiguos brazos por donde históricamente circulaba el agua. En el sector donde actualmente se observa una laguna, antiguamente corría el río y, cuando aumenta considerablemente su caudal, el agua vuelve a buscar esos sectores más bajos y vulnerables.
Boock señaló además que en distintos puntos la presencia de sauces, árboles caídos y otros elementos termina reduciendo el espacio disponible para el escurrimiento. En algunos brazos pueden observarse incluso cipreses enteros arrastrados por antiguas crecidas, que junto con la vegetación favorecen la formación de obstáculos.
La geografía del lugar también juega un papel fundamental. El vecino describió que, aguas abajo, el río comienza a encajonarse y el valle funciona prácticamente como un embudo. Cuando llega una cantidad importante de agua, esa reducción del espacio provoca que aumente rápidamente el nivel y se produzcan desbordes sobre campos y sectores habitados.
Para quienes viven desde hace décadas en Manso Inferior, prepararse forma parte de la rutina. Boock explicó que las familias conocen las señales del río y procuran anticiparse almacenando alimento para los animales y otros elementos indispensables.
“Nosotros, por los años que estamos, ya sabemos. Cuando hay creciente nos preparamos”, sostuvo. En su caso, mantienen una reserva de forraje porque durante una inundación puede resultar imposible sacar los animales o trasladarse normalmente.
Por eso destacó también la importancia del forraje que llegó durante la emergencia. La asistencia permite sostener a los animales mientras los campos permanezcan afectados, aunque adelantó que probablemente deberán continuar comprando alimento hasta que el agua termine de retirarse.
La aparición del sol llevó algo de alivio después de jornadas difíciles, aunque los pobladores mantienen la mirada puesta en el cielo ante la posibilidad de nuevas precipitaciones. Boock recordó que en la zona las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente y un día aparentemente tranquilo puede transformarse en pocas horas.
A pesar de tener que convivir con el aislamiento, trasladarse en bote y ver parte de su propiedad cubierta por el agua, cuando le preguntaron si alguna vez pensó en abandonar Manso Inferior, su respuesta fue inmediata: “No, no, no, de ninguna manera”.
Boock lleva más de 30 años viviendo allí junto a su familia. Para él, las crecientes son episodios difíciles pero temporales. “Son unos días nomás. Estamos acostumbrados, sabemos bien lo que tenemos que hacer”, resumió.
De cara al futuro, planteó la necesidad de trabajar sobre los cursos de agua y los sectores donde se acumulan árboles y vegetación, especialmente en aquellos brazos que permiten aliviar el caudal durante las crecidas. También advirtió que frente a su propiedad el río viene erosionando terreno y avanzando progresivamente hacia la zona de la isla, una situación que merece seguimiento.
En medio de las pérdidas y complicaciones que dejó el agua, hubo también una buena noticia: los animales pudieron ser resguardados. Boock confirmó que ninguno de los corderos murió durante la emergencia y que todos se encuentran en buenas condiciones.
Mientras el río continúa bajando lentamente, en Manso Inferior comienza otra vez el trabajo de recuperar la normalidad. Para Rody Boock y muchos otros pobladores, vivir junto al Manso significa conocer sus tiempos, prepararse cuando el agua comienza a crecer y, una vez que pasa la emergencia, volver a empezar en el mismo lugar que eligieron para vivir.
