En un contexto económico complejo y con el invierno asomando en la Comarca Andina, el precio del gas envasado vuelve a convertirse en un tema central para muchas familias. Desde Carnicería Néstor, uno de los puntos de referencia en la localidad para conocer la realidad cotidiana, el comerciante Néstor Namor brindó un panorama claro sobre la situación actual de las garrafas, su valor y cómo impacta en los vecinos.
Actualmente, la garrafa de 10 kilos tiene un precio de 26.000 pesos al público, en el marco de un convenio con la cooperativa Coopetel que permite sostener un valor diferencial. Se trata de un acuerdo al que adhieren algunos comercios para garantizar el acceso a un “gas social”, con parte del costo subsidiado. Según explicó Namor, sin este tipo de acompañamiento el precio sería considerablemente más alto.
El comerciante señaló que el valor registró un incremento reciente de 1.000 pesos pasando de 25.000 a 26.000, aunque por el momento no se esperan nuevas subas. En ese sentido, destacó el esfuerzo de la cooperativa por mantener el precio estable el mayor tiempo posible, absorbiendo parte del impacto económico.
Sin embargo, más allá del precio, lo que comienza a evidenciarse es un cambio en los hábitos de consumo. Frente a la dificultad para afrontar el gasto del gas, muchas familias optaron por volver a la leña como principal fuente de calefacción. “La gente está usando más leña, se organiza entre vecinos, uno pone la camioneta, otro la motosierra, y así se abastecen”, explicó Namor. Incluso mencionó que, tras los incendios en la región, hay mayor disponibilidad de leña a bajo costo o incluso gratuita, lo que favorece esta alternativa.
En cuanto al consumo, detalló que una garrafa puede durar apenas cuatro días si se utiliza para calefacción continua, mientras que en una cocina, con un uso más moderado, puede extenderse hasta una semana. Esto refleja el peso que representa el gas en la economía diaria de los hogares.
También se observa una tendencia en desuso de otros formatos, como las garrafas de 15 kilos o los tubos de 45, estos últimos con un valor cercano a los 90.000 pesos. A esto se suma la dificultad para transportarlos, lo que limita aún más su utilización. En contraste, la garrafa de 10 kilos sigue siendo la opción más accesible y práctica, aunque no sin dificultades.
En Carnicería Néstor, la venta diaria ronda entre 15 y 25 garrafas, una cifra que muestra la alta demanda en una zona que, a pesar de su cercanía al centro, aún depende en gran medida del gas envasado. El amplio horario de atención desde la mañana hasta la noche convierte al comercio en un punto clave para los vecinos, incluso durante fines de semana.
Namor también fue claro al explicar la rentabilidad del producto: lejos de lo que muchos creen, la ganancia por garrafa es mínima, cercana a los 1.000 pesos una vez descontados impuestos y costos. “Es como el cigarrillo, se gana poco. Es más un servicio que una ganancia”, resumió, destacando además que se trata de una actividad completamente formalizada, con ventas facturadas.
Mientras las temperaturas comienzan a descender, el acceso al gas vuelve a estar en el centro de la escena. Entre el esfuerzo de las cooperativas, el compromiso de los comerciantes y la adaptación de los vecinos, la garrafa sigue siendo un recurso esencial, aunque cada vez más condicionado por la realidad económica.
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