Rebeca Fideleff: una lucha desde la Comarca Andina para impulsar la eutanasia legal en Argentina


En un rincón de la Comarca Andina, rodeada de frutales y con el calor de una salamandra como parte del paisaje cotidiano, Rebeca Fideleff, de 54 años, decidió transformar los cinco años que lleva enfrentando un cáncer de colon metastásico en una lucha que comienza a tener repercusión nacional: impulsar una ley de eutanasia en Argentina.

Rebeca considera que hoy su voz representa también a otros pacientes oncológicos que atraviesan enfermedades avanzadas y situaciones de enorme sufrimiento. Desde una profunda mirada de fe, sostiene que quizás exista un propósito detrás del momento que le toca atravesar y de la posibilidad de encabezar este reclamo.

“Yo siento que en este momento estoy representando a mis compañeros oncológicos”, explicó. A partir de publicaciones en sus redes sociales comenzó a recibir numerosas adhesiones y una creciente cantidad de visualizaciones. Fue entonces cuando decidió dar un paso más e iniciar una campaña.

“¿Por qué no ser esa voz de esas personas que hoy están pidiendo este derecho?”, se preguntó.

Sin embargo, Rebeca hace una aclaración que considera fundamental: no está solicitando actualmente la eutanasia para ella. Por el contrario, se prepara para comenzar un nuevo tratamiento y continúa dando batalla contra la enfermedad que le diagnosticaron hace cinco años.

Fideleff padece cáncer de colon metastásico. Según explicó, esto significa que el cáncer original se diseminó hacia otros órganos o tejidos. Actualmente presenta un tumor en el páncreas que aumentó de tamaño y que, de acuerdo con su última tomografía, estaría comprometiendo una arteria de esa región. Esa situación impide, por el momento, avanzar con una cirugía y obliga a iniciar nuevamente un tratamiento de quimioterapia.

También indicó que presenta otros dos tumores, uno localizado en la zona de la ingle y otro en la pelvis. El objetivo del tratamiento será reducirlos y controlar el avance de la enfermedad.

Su historia con el cáncer ha atravesado diferentes etapas. El año pasado tuvo un tumor en el hígado que pudo ser intervenido quirúrgicamente y posteriormente atravesó un período sin presencia detectable de tumores. Más tarde apareció la lesión pancreática, que, según relató, representa hasta ahora uno de los desafíos más complejos que le tocó enfrentar.

Ese recorrido no solamente estuvo marcado por tratamientos, estudios y cirugías. También la llevó a conocer a numerosos pacientes oncológicos, compartir historias, generar vínculos y experimentar la pérdida de personas que atravesaban situaciones similares. Esas experiencias fueron determinantes para que comenzara a preguntarse qué posibilidades tiene una persona cuando llega a una etapa irreversible de una enfermedad y el sufrimiento se vuelve intolerable.

Allí aparece el eje central de su lucha: la eutanasia no es actualmente legal en Argentina.

El país cuenta desde 2012 con la Ley 26.742, conocida como Ley de Muerte Digna, que reconoce derechos de los pacientes que atraviesan enfermedades irreversibles, incurables o se encuentran en estado terminal. Entre otras cuestiones, permite rechazar determinados tratamientos, procedimientos quirúrgicos, reanimación artificial o medidas de soporte vital cuando sean extraordinarios o desproporcionados respecto de las perspectivas de mejoría. Sin embargo, la propia normativa establece un límite concreto: las directivas anticipadas que impliquen desarrollar prácticas eutanásicas se consideran inexistentes.

La diferencia es central para comprender el planteo de Fideleff. La muerte digna permite rechazar determinados tratamientos y evitar la prolongación artificial de la vida en ciertas circunstancias, pero no autoriza que un profesional provoque deliberadamente la muerte de una persona a pedido de esta.

A ello se suman los cuidados paliativos, también contemplados dentro del sistema sanitario argentino y regulados específicamente por la Ley 27.678, sancionada en 2022. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de pacientes que enfrentan enfermedades amenazantes o limitantes para la vida, atendiendo sus necesidades físicas, psíquicas, sociales y espirituales y las de su entorno.

Rebeca conoce esa diferencia y la plantea claramente. Explica que en las etapas finales existen cuidados paliativos y que también puede utilizarse la sedación paliativa para disminuir el nivel de conciencia de un paciente cuando existen síntomas refractarios y un sufrimiento que no puede ser controlado adecuadamente por otras vías.

Pero, sostiene, sedación paliativa y eutanasia tampoco son equivalentes. En la primera, el objetivo médico es aliviar un sufrimiento que no puede controlarse de otra manera; no provocar deliberadamente la muerte. En la eutanasia, en cambio, la intervención tiene como finalidad causar la muerte a pedido expreso del paciente, dentro de los requisitos que establezca una eventual legislación.

Precisamente sobre esa diferencia pretende abrir el debate la vecina de la Comarca Andina.

La discusión, además, ya llegó al Congreso Nacional. Durante 2026 se presentaron distintas iniciativas destinadas a regular alguna modalidad de muerte voluntaria médicamente asistida. Entre ellas se encuentra un proyecto presentado por el diputado nacional Esteban Paulón, que propone crear un “Régimen de Muerte Voluntaria Médicamente Asistida”. La iniciativa ingresó en mayo y fue girada a distintas comisiones de la Cámara de Diputados para su tratamiento.

También existen otras propuestas legislativas que buscan abordar la eutanasia o la asistencia médica para morir. Esto demuestra que la discusión no parte únicamente de casos individuales, sino que comienza a encontrar nuevamente un espacio institucional en el Congreso, aunque Argentina continúa sin contar actualmente con una ley que autorice la eutanasia.

Para Rebeca, el reclamo tampoco significa enfrentar los cuidados paliativos con la eutanasia como si necesariamente fueran alternativas incompatibles. Su planteo se concentra en que una persona que llegue a una situación extrema, irreversible y de sufrimiento intolerable pueda contar con una opción adicional, sometida a requisitos médicos, legales y de consentimiento.

La experiencia personal le dio a su reclamo una dimensión particular. Rebeca continúa tratándose, continúa apostando a la medicina y se prepara para una nueva etapa de quimioterapia. Pero al mismo tiempo mira hacia adelante y se pregunta qué ocurre cuando un paciente llega a un punto en el que los tratamientos ya no ofrecen una posibilidad de recuperación y el sufrimiento pasa a dominar sus últimos días.

Por eso insiste en separar su situación actual del derecho por el que está luchando. Hoy no pide morir. Hoy pide que exista una ley para que quienes eventualmente necesiten tomar esa decisión tengan la posibilidad de hacerlo dentro de un marco legal, médico y estrictamente regulado.

La discusión sobre la eutanasia involucra posiciones profundamente diferentes. Existen argumentos médicos, bioéticos, jurídicos, religiosos y sociales tanto a favor como en contra. Entre quienes promueven su regulación se destaca el principio de autonomía personal y el derecho a evitar sufrimientos intolerables. Quienes plantean reparos advierten, entre otras cuestiones, sobre la necesidad de proteger a personas vulnerables, garantizar plenamente el acceso a cuidados paliativos y establecer salvaguardas extremadamente rigurosas ante una decisión irreversible.

En medio de ese debate aparece ahora la voz de una mujer de la Patagonia que conoce la enfermedad desde su propia experiencia.

Después de cinco años enfrentando un cáncer metastásico, operaciones, períodos de remisión, nuevos tumores y tratamientos, Rebeca Fideleff decidió que su batalla no será únicamente contra el cáncer. También pretende convertir su historia en la voz de pacientes que sienten que Argentina debe discutir una legislación sobre el derecho a decidir cómo transitar el final de la vida.

Mientras se prepara para volver a recibir quimioterapia y enfrentar una vez más la enfermedad, Rebeca sostiene una idea que atraviesa todo su testimonio: seguir luchando por vivir y reclamar el derecho a decidir llegado un escenario irreversible no son, para ella, posiciones contradictorias.

Desde la Comarca Andina, su historia comienza así a instalar una pregunta que seguramente generará uno de los debates médicos, jurídicos y humanos más profundos: si una persona enfrenta una enfermedad incurable y llega a una instancia de sufrimiento irreversible, ¿debe tener el derecho de decidir sobre el final de su propia vida?

















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