Siniestros viales: un estudio advierte sobre el enorme costo humano y las profundas desigualdades entre países



Los siniestros de tránsito continúan representando una de las grandes problemáticas de salud pública a nivel mundial. De acuerdo con información difundida por la asociación civil Luchemos por la Vida, un estudio internacional estimó que durante 2023 se produjeron 1.340.000 muertes en hechos viales en todo el planeta, además de un impacto equivalente a 75 millones de años de vida saludable perdidos, considerando tanto las muertes prematuras como las consecuencias de las discapacidades provocadas por estos hechos.

El trabajo, realizado por investigadores vinculados a las universidades de Washington y Singapur, buscó además enfrentar una dificultad habitual a la hora de dimensionar la problemática: la falta de estadísticas confiables y homogéneas en numerosos países. Para superar esa limitación, los especialistas recurrieron a modelos estadísticos que permitieron realizar estimaciones y comparaciones internacionales.

Uno de los aspectos más significativos del análisis es la enorme diferencia registrada según el nivel de ingresos de los países. Mientras las naciones de ingresos altos consiguieron reducir la mortalidad vial en más de un 60% desde 1990, en los países con menores ingresos no se observó una mejora equivalente.

Según la información difundida por Luchemos por la Vida, existen dos cuestiones fundamentales que ayudan a explicar esta brecha: por un lado, la ausencia de legislación adecuada o las dificultades para garantizar su cumplimiento efectivo; por otro, las deficiencias en la atención médica que reciben las víctimas inmediatamente después de un siniestro.

La organización sostiene que estas conclusiones coinciden con sus propios análisis sobre la situación argentina. En ese sentido, advierte que en el país los controles viales continúan siendo esporádicos y señala serias dificultades relacionadas con la asistencia posterior a los hechos de tránsito.

Otro dato planteado por la entidad pone en perspectiva la gravedad del escenario nacional: Argentina tendría una mortalidad vial 11 veces superior a la registrada en los países considerados más seguros en materia de tránsito.

Para Luchemos por la Vida, sin embargo, el problema no se limita únicamente a disponer de mayores recursos económicos. También resulta determinante la decisión política acerca de cómo, dónde y con qué objetivos se utilizan esos recursos cuando están disponibles.

La comparación internacional muestra que disminuir las muertes y lesiones graves en las calles y rutas no es un objetivo imposible. Las experiencias de aquellos países que lograron reducciones sostenidas durante las últimas décadas indican que las leyes, los controles efectivos, la prevención, la infraestructura segura y una adecuada respuesta sanitaria posterior a cada siniestro pueden marcar una diferencia decisiva.

El desafío para Argentina pasa entonces por transformar la seguridad vial en una política sostenida en el tiempo, capaz de trascender medidas aisladas y controles ocasionales, con un objetivo central: evitar que miles de personas sigan perdiendo la vida o sufran consecuencias permanentes por hechos que, en una gran proporción, pueden prevenirse.
















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