Florencia Áviles, mamá de Isabella, denunció una grave situación de presunto maltrato contra su hija en la Escuela Especial N.º 530 de El Maitén. Según su testimonio, una docente habría escupido en el rostro de la niña como supuesta respuesta a una conducta de la menor. La familia acudió a Supervisión, presentó evidencias y posteriormente realizó la denuncia correspondiente. “Todos los niños, y mucho más los niños con discapacidad, merecen un trato digno, ser respetados y cuidados”, reclamó la madre.
Una grave denuncia realizada por una familia de El Maitén pone nuevamente en el centro de la discusión el derecho de los niños y niñas a transitar su escolaridad en ámbitos seguros, respetuosos y libres de cualquier forma de violencia.
Florencia Áviles es mamá de Isabela, una niña con síndrome de Down que desde muy pequeña mantiene vinculación con la Escuela Especial N.º 530 de esa localidad. En un testimonio brindado para dar visibilidad al caso, la mujer relató el momento en que su familia tomó conocimiento de una situación que, según denuncia, habría ocurrido dentro de la institución educativa.
De acuerdo con el relato de Florencia, la noche del miércoles 12 de agosto, alrededor de las 21:40, su madre regresó angustiada del trabajo y le contó que había sido visitada por la MAI de la Escuela N.º 22, establecimiento al que Isabella concurre durante la tarde.
Según explicó la madre, esa docente le transmitió que la niña presuntamente estaba siendo víctima de malos tratos durante su asistencia matutina a la Escuela Especial N.º 530.
Ante la gravedad de lo que acababan de conocer, Florencia, el padre de Isabella y la abuela se dirigieron al domicilio de la MAI para intentar comprender qué había sucedido.
Allí, siempre de acuerdo con el testimonio de la madre, conocieron detalles que los llevaron a actuar inmediatamente.
Florencia relató que la MAI había mantenido previamente una reunión con la directora de la Escuela 530 para interiorizarse sobre la trayectoria escolar de Isabella. Según lo que posteriormente le fue transmitido a la familia, durante ese encuentro se habría hablado de una conducta de la niña vinculada con escupir y de una supuesta estrategia adoptada frente a esa situación.
La acusación de la familia es particularmente grave: sostiene que la respuesta habría consistido en “devolverle lo mismo”, es decir, escupir a la propia niña.
Posteriormente, según continúa el relato de Florencia, otra docente que se desempeñaba en la institución habría manifestado haber presenciado uno de esos episodios y señalado concretamente a una docente a cargo de Isabela.
Frente a esta situación, la familia decidió recurrir inmediatamente a las autoridades educativas.
Al día siguiente, Florencia y el padre de la niña se presentaron ante Supervisión, en Las Golondrinas. Allí dejaron asentado lo ocurrido mediante un acta y, según indicó la mamá, entregaron como evidencia tres fotografías relacionadas con el caso.
La familia también manifestó que Isabela no regresaría a la institución mientras permanecieran allí las personas señaladas en su presentación.
“Mi hija tiene todo el derecho de ser respetada y ser tratada como tal y no íbamos a permitir que se vulneren estos derechos”, expresó Florencia.
Luego realizaron la denuncia correspondiente. De acuerdo con lo señalado por la madre, desde el ámbito educativo se dispuso apartar a la docente de la Escuela 530, aunque Florencia cuestionó que posteriormente habría sido reubicada en otro establecimiento educativo de la misma localidad.
El reclamo de la familia no se limita únicamente a conocer qué ocurrió. Florencia pide que el caso sea investigado hasta las últimas consecuencias y reclama la intervención de las máximas autoridades educativas para garantizar que una situación semejante no vuelva a repetirse.
En el centro de esta historia está Isabella, una niña cuya condición nunca puede convertirse en motivo para recibir un trato diferente en términos de dignidad, respeto y protección. La escuela debe constituir para cualquier niño un espacio de aprendizaje y acompañamiento, y especialmente un lugar donde pueda sentirse seguro.
Por eso, el pedido de su mamá es tan sencillo como contundente: respeto, cuidado y justicia.
“Todos los niños y mucho más los niños con discapacidad merecen un trato digno, merecen ser respetados y cuidados, merecen una educación segura”, sostuvo Florencia.
Finalmente, la mamá realizó un pedido para que lo sucedido no quede en el olvido y para que las autoridades continúen avanzando sobre el caso.
“Pedimos difusión y que no se pierda el caso”, expresó.
La denuncia formulada por la familia deberá ahora continuar por las vías institucionales y legales correspondientes, donde deberán determinarse responsabilidades. Mientras tanto, el reclamo de Florencia pone en primer plano un principio que no admite excepciones: ningún niño o niña debe ser sometido a situaciones humillantes o violentas dentro del lugar al que concurre para aprender, desarrollarse y ser cuidado.

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