Bisnieto del colono que compró el campo al famoso pistolero norteamericano denuncia “un extraño acta compromiso firmado con poca validez y con muchos cómplices que se beneficiaron por este accionar poco común”. El pasado 18 de mayo, Darío Fernández entregó “un documento histórico en el cual los legendarios bandoleros Place y Ryan solicitaron al gobernador Conesa -el 29 de octubre de 1901-, la marca de hacienda vacuna” que ya poseían en Cholila. El fundador de la Red Social Cristiana “Puertas del Cielo” concretó el trámite ante la secretaria de Turismo local, Raquel Font y el escritor e investigador Marcelo Gavirati, donde consta que su bisabuelo, Rómulo Sepúlveda, adquirió los derechos de la cabaña de Buch Cassidy, por lo cual “es el único dueño legítimo de las tierras en la que residieron por algún tiempo los famosos bandoleros”. Fernández pidió “recuperar la historia de Cholila y trabajar mancomunadamente entre los historiadores, el gobierno y la sucesión de Ramiro Sepúlveda, para realizar una reparación histórica por el daño, perjuicio material y psicológico sufrido por parte de mi familia” En la actualidad el predio de una hectárea está en poder de la provincia del Chubut, “a través de un extraño acta compromiso firmado con poca validez y con muchos cómplices que se beneficiaron por este accionar poco común”, denunció el descendiente. No obstante, aclaró enseguida que “la familia Sepúlveda, que lleva allí cinco generaciones, está dispuesta a ceder el área en donde se encuentra la cabaña de Buch Cassidy para que el gobierno realice un centro de interpretación, previo acuerdo por lo cedido y la reparación histórica de la verdad de ese lugar tan simbólico”. Un siglo Darío Fernández valoró asimismo “en medio de todo este poder desigual que sufrió la familia Sepúlveda, quienes resistieron en esa cabaña y han permanecido por más de 100 años. Es justo que se diga la verdad y no fábulas para vender y ocultar corrupción”, según reclamó. Al recordar que el primer nombre dado por los pioneros a Cholila fue “Valle hermoso”, el referente cristiano destacó que es bisnieto de Rómulo Sepúlveda “familia de tropilleros gauchos y bien criollos”, oficio que hoy siguen desarrollando Oscar “El zorro” y Orlando “El negro” Sepúlveda. Precisamente, “gracias a las denuncias de robo de campos que hizo en el año 1918, junto a mi otro bisabuelo, Martin Acheritobehere, en el año 1919 llegó la inspección de tierras por parte del Ministerio de Agricultura de la Nación, y se supo la ambición de muchos que requerían tierras sin ocuparlas y se comprobaron muchas injusticias”. Compra Fue por esta acción que el Estado nacional decide crear la colonia mixta en 1921, que mucho tiene que ver con la denuncia de este poblador, quien luchó hasta el día de su muerte para que no le roben sus tierras”. En detalle, dijo que el predio en cuestión “fue adquirido por Rómulo Sepúlveda mediante documento oficial firmado en el juzgado de Paz de Epuyén. Armando Duharte, quien era el encargado de la Compañía Cochamó, liquidó los bienes del lugar y así mi bisabuelo se convirtió en el único dueño de la cabaña Buch Cassidy y parte del ganado que se le comprara a los mismos bandoleros”. Despojados Según el relato de Fernández, “en el año 2005 la familia Sepúlveda fue despojada de sus tierras y la cabaña, mediante convivencias irregulares por parte del gobierno provincial”. Darío Fernández volvió a vivir a Cholila amparado en el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, “que contempla y garantiza por parte del Estado nacional la vuelta a sus tierras por parte de pobladores originarios y fundadores que fueran despojados mediante discriminación y corrupción”. Desde su óptica “había algo en mi interior que nunca supe que era y no me dejaba estar tranquilo en ningún lugar, hasta que Dios me reveló que debía recuperar mi identidad y mi heredad, la cual me fuera robada antes de nacer. Es por este motivo que estoy dispuesto a aprender de mis tíos el oficio de tropillero, seguir este legado de mi familia y así seguir el propósito original que el creador tiene en mi vida.” Lo que queda del campo “son unas escasas cuatro hectáreas y todavía no hay ningún expediente del IAC que le de la autoridad legal a la familia Sepúlveda”.
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