Unos trescientos feligreses participaron del tradicional Vía
Crucis que se celebró en Los Repollos como en todo el mundo, la vía dolorosa de
Jesús el Vía Crucis del Viernes Santo. El Coliseo fue el escenario principal
donde el Papa Francisco en Roma participó de la celebración cristiana.
En El Bolsón, el tránsito que evoca la pasión y muerte de
Jesucristo fue organizado por la parroquia Nuestra Señora de Luján, organizado
en la cascada de Los Repollos, distante 23 kilómetros del centro de esta ciudad
cordillerana, en una escenografía natural que presenta el paraje conocido como
la Cascada de la Virgen, donde se halla entronizada la imagen que evoca a María
de la Merced, se dieron cita para el Vía Crucis.
En Buenos Aires, miles de personas participaron del Viernes
en la Avenida de Mayo, evocación de la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz
a la que el cardenal Mario Poli asistió mezclado entre la gente, como lo hacía
su antecesor el hoy papa Francisco. La recreación de las catorce estaciones de
la vía dolorosa de Jesús salió desde Plaza Lorea, Avenida de Mayo y Luis Sáenz
Peña, y culminó ante el altar en Plaza de Mayo.
Mientras que en el Coliseo, en Roma, el Santo Padre
participó de la recordación del vía Crucis, quien al final pronunció palabras
donde expresó que “Dios no nos trata según nuestros pecados, sino según su
misericordia”.
Palabras del Santo Padre al finalizar el Vía Crucis
Dios ha puesto sobre la Cruz de Jesús todo el peso de
nuestros pecados, todas las injusticias perpetradas por cada Caín contra su
hermano, toda la amargura de la traición de Judas y de Pedro, toda la vanidad
de los prepotentes, toda la arrogancia de los falsos amigos. Era una Cruz
pesada, como la noche de las personas abandonadas, pesada como la muerte de los
seres queridos, pesada porque resume toda la fealdad del mal. Sin embargo, es
también una Cruz gloriosa como el alba de una noche larga, porque representa en
todo el amor de Dios que es más grande que nuestras iniquidades y que nuestras
traiciones. En la Cruz vemos la monstruosidad del hombre, cuando se deja guiar
por el mal; pero vemos también la inmensidad de la misericordia de Dios que no
nos trata según nuestros pecados, sino según su misericordia.
Frente a la Cruz de Jesús, vemos casi hasta tocar con las
manos cuánto somos amados eternamente, frente a la Cruz nos sentimos 'hijos' y
no 'cosas' u 'objetos', como afirmaba San Gregorio Nacianceno dirigiéndose a
Cristo con esta oración: "Si no existieras tú, mi Cristo, me sentiría
criatura acabada. He nacido y me siento disolver, como duermo descanso y camino,
me enfermo y curo, me asaltan sin número los tormentos, gozo del sol y de
cuanto fructifica la tierra. Después muero y la carne se convierte en polvo
como la de los animales, que no tienen pecados. Pero yo, ¿qué tengo más que
ellos? Nada sino Dios, si no existieras tú, Oh, Cristo mío, me sentiría
criatura acabada. Oh, Jesús, guíanos desde la cruz hasta la resurrección, y
enséñanos que el mal no tendrá la última palabra, sino el amor, la misericordia
y el perdón. Oh, Cristo, ayúdanos a exclamar nuevamente: ayer estaba
crucificado con Cristo, hoy soy glorificado con Él. Ayer había muerto con Él,
hoy estoy vivo con Él. Ayer estaba sepultado con Él, hoy he resucitado con
Él".
Finalmente, todos juntos, recordamos a los enfermos,
recordamos a todas las personas abandonadas bajo el peso de la Cruz, para que
encuentren en la prueba de la Cruz la fuerza de la esperanza, de la esperanza
de la Resurrección y del amor de Dios".
Fuente Limite 42
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