La elección de gobernador, vice y legisladores provinciales ha estado precedida por una campaña corta pero intensa.
Esta semana los candidatos se multiplicarán. La intención –de cumplimiento imposible– es estar en todas las ciudades de la provincia, ser quien deje el recuerdo más fuerte en cada elector. Pulen su mensaje y generan acciones con la gente, apelando a convencer a los indecisos.
Más allá del marketing político, cinco cuestiones estuvieron en debate. Frente a ellas, Massaccesi y Odarda opinaron libremente, por aquel "teorema de Baglini" con el que bromeó el reginense: "Cuanto más lejos estás de gobernar, más podés prometer". En cambio, Pichetto y Weretilneck se vieron en problemas para gambetear críticas y hacer propuestas:
• La aprobación en la Legislatura –el viernes pasado– de la ley de pase a planta permanente de 5.055 contratados del Estado. Se suman a los cerca de 4.000 de la ley Nº 4420 –la anterior norma de "excepción" del gobierno de Miguel Saiz en el 2009–. La actual gestión repitió aquella obvia estrategia electoralista, con el agregado de que nunca elaboró los organigramas de cargos prometidos a poco de asumir. Por esa carencia, el Estado crece sin planificación ni lógica. Y la vía de ingreso sigue siendo discrecional y discriminatoria, ya que impide concursar a quienes, previamente, no hayan sido beneficiados por el dedo de un funcionario.
• La crisis frutícola mantiene a centenares de chacareros en las rutas. No terminaron de cobrar lo que vendieron en la temporada –si vendieron–, no cosecharon toda su fruta, no pagaron a todos sus peones o no tienen cómo empezar con la poda y otras tareas de invierno.
La situación tiene como germen la política fiscal y cambiaria nacional, que perjudica a todas las economías regionales del país. Pero también una larga serie de responsabilidades compartidas por la Provincia.
Pichetto sabe que la asociación con la presidenta lo complica en el tema y repite a cada paso su propuesta de que Nación elimine las retenciones a la exportación regional y duplique el reintegro a las ventas por puertos patagónicos. Nación, por su parte, anunció créditos y mejoras, aunque –sin afectar lo esencial– todo suena a paliativo.
• La relación con la Nación sumó otro tema irritante con el descuento de parte de la coparticipación y la no firma del acuerdo de refinanciación de la deuda. El oficialismo provincial salió a acusar a Miguel Pichetto aunque, en reserva, el gobernador admitió que nada tuvo ver. Y el senador repite que siempre trabajó a favor de los intereses de Río Negro. Para compensar, el FpV exhibió la baja de los combustibles en Río Negro y las obras inauguradas y anunciadas.
• La encuesta dada a conocer por "Río Negro" esta semana fue tema de debate político. Contratada por este diario a una consultora nacional sin intereses en la región, mostró al electorado consultado con una preferencia del 4% a favor de Weretilneck y a Pichetto en segundo lugar.
No asombró. Pero no debe ser tomada como una fotografía definitiva, por varias razones. Y Pichetto y el resto de los candidatos pueden sacar buen provecho de una lectura concienzuda de los datos.
El relevamiento se realizó en ciudades de las áreas más densamente pobladas de la provincia. Esto deja de lado a los pequeños pueblos, que se inclinan habitualmente por un voto tradicional y más ligado a las pertenencias partidarias que a la coyuntura y la personalidad de los candidatos. Por eso, Weretilneck inyectó cantidad de dinero estatal en esos sectores e incluyó en la misma boleta la renovación de autoridades en las comisiones de fomento, en busca de un "efecto arrastre" local. La falta de resolución del planteo que, sobre este punto, presentó el Frente para la Victoria habla mal de los tiempos judiciales y lleva a presumir cierta condescendencia.
• El uso y abuso de los recursos del Estado. Río Negro ha elegido con su voto al radicalismo o al peronismo, partidos tradicionales. Una tercera fuerza tuvo una posición expectante sólo cuando el PPR primero y el MPP después llegaron a su tope. Pero ésta es la primera ocasión en que las encuestas muestran una posibilidad concreta de que un partido no tradicional gane. Esto sólo se explica porque, paradojalmente, esta fuerza está ya en el gobierno, al que llegó "colgada" del peronismo.
Así, Weretilneck es un gobernador sin un partido fuerte que construyó su poder desde el propio Estado, sumando algunos exaliados del FpV y muchos advenedizos, al calor de la "billetera" gubernamental. parte del radicalismo, en la orfandad, se ofreció como mano de obra y estructura y le aportó a través de varios intendentes parte de su poder territorial.
El gobernador critica a la Nación pero replica en la provincia la seducción mediante el condicionamiento económico y un aparato de difusión inmenso pagado con dineros públicos que ningún partido opositor –ni siquiera el Frente para la Victoria– puede igualar.
Así, la campaña trasciende el debate de ideas. Ingresa al campo de la influencia, de las promesas, de las expectativas. Incluso de la entrega en mano de beneficios, un condicionamiento nada subliminal. Un método que en cualquier país serio tendría consecuencias severas y merecería un rechazo generalizado.
Se viola la ley de Ética Pública, se atropellan los principios republicanos y, en definitiva, se utiliza en beneficio propio el dinero de todos: de quienes lo votarán y de quienes no lo harán, de la izquierda que no lleva candidatos e ¡incluso de los que votarán en blanco o se quedarán en su casa!
Tal desvergüenza no ha merecido hasta ahora más que una leve referencia del Tribunal Electoral que, en respuesta a una presentación realizada por el Frente para la Victoria, resolvió enviar el tema al Ministerio Público Fiscal "a los efectos que estime el mismo corresponder". Como si no fuera asunto suyo.
El Frente para la Victoria, por su parte, también realiza un aprovechamiento del Estado. Pichetto no está en el Ejecutivo ni dispone del presupuesto nacional, pero buscó contrarrestar la fuerte presión de Weretilneck exhibiéndose como autor del mérito de obras, inversiones, gestiones y propuestas.
Al hacerlo, gana y pierde adhesiones. Según la encuesta, la presidenta tiene una aprobación de casi el 54% de los rionegrinos, en su mayoría personas de modesto nivel educativo. La desaprobación alcanza al 36%; es de suponer que en este sector estén comprendidos afectados por el impuesto a las Ganancias, empleadores en problemas con la AFIP... Y para ellos el Frente apenas esboza un discurso.
En definitiva, el Estado está en el eje.
El Estado como fuente de empleo público creciente, como origen de recursos, como generador de políticas, como deseable garante de la seguridad ciudadana.
Su contraparte es la ciudadanía, que lo sostiene con sus impuestos, que disfruta o padece sus decisiones.
La complejidad de ese diálogo siempre tenso está en el fondo de esta campaña, que llega a su fin.
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