A lo lejos, bajando desde Paso de Indios, aparece el río Chubut (el mismo que nace en tierras rionegrinas, cerca de El Maitén y traza sus curvas interminables hasta el océano Atlántico). Entonces, el contraste con la estepa es notable: el curso hídrico se mete literalmente por valles verdes flanqueados por enormes farallones que adoptan formas y colores tan disimiles como la imaginación del viajero.
De entrada nomás da la sensación de estar en el Valle de los Muertos, en el antiguo Egipto, donde los caprichos de la naturaleza –durante millones de años– fueron tallando esculturas, merced a la erosión del viento, que asemejan pirámides, animales mitológicos o templos a los más variados dioses.
Enseguida, el mismo trazado del asfalto invita a viajar en el tiempo, con formaciones rocosas que imitan gigantescos altares en medio de un paisaje lunar y que ofrece a cada paso increíbles vistas panorámicas de inigualable belleza. De tonalidad rojiza intensa, la foto obligada está en El Submarino, un poco más adelante –detrás de los álamos de una estancia, las ovejas y el río– El Titanic, a la derecha –una tras otra– Las Catedrales, Los Leones, El Castillo y cuanta figura se le ocurra.
La carretera –totalmente pavimentada– une Rawson (capital del Chubut) con Tecka a lo largo de 534 kilómetros. Allí se empalma con la Ruta Nacional 40 (a 100 km está Esquel y a 250 El Bolsón). En medio del trayecto por la meseta patagónica aparecen los pueblos de Paso de Indios, Los Altares, Las Plumas, Dolavon, Gaiman y Trelew.
También asoman parajes de nombres tan singulares como Cajón de Ginebra Chico y Cajón de Ginebra Grande, con restos de antiguos almacenes de ramos generales donde se abastecían los arrieros; Pampa de Agnia (hubo una estación de servicio del ACA hasta los años '80); El Molle (desvío de camino hacia Gobernador Costa); Pocitos de Quichaura (cantera de áridos negros); Alto Las Plumas (última estación de un frustrado ferrocarril hasta las estribaciones andinas) y Las Chapas (acceso al dique Florentino Ameghino).
La historia detalla que este mismo recorrido era el usual que realizaban los pueblos tehuelches para establecerse sobre las costas durante los inviernos y retornar a la cordillera durante el verano, siempre bordeando el río Chubut como única fuente segura de agua y animales cercanos para la caza.
Los primeros exploradores blancos que se animaron a surcar semejante derrotero (unos 15 días a caballo), fueron los galeses. Alentado por el cacique Huisel, John Daniel Evans hizo la travesía en 1885 con el gobernador Fontana en la expedición de Los Rifleros del Chubut, que más tarde abrió el camino para la colonización definitiva y la fundación de Trevelin y Esquel.
Hacer el recorrido desde Esquel hasta Trelew (las dos ciudades cabeceras) implica unas 6 horas de marcha dejándose cautivar por el embrujo de las distancias infinitas, las bardas y riscos, el río y las matas negras tan características de la estepa patagónica.
LOS ALTARES
A mitad de camino, una buena alternativa para recargar combustible y tomarse un descanso es el poblado del Valle de Los Altares. En el ACA preparan unos sándwiches únicos de pan casero, manteca y jamón crudo. También hay varios locales de gastronomía y una hostería. A pocos metros la costa arbolada del río Chubut muestra el encanto de una pasarela utilizada por los lugareños para llevar a pastar sus chivas y traer la leña en sus carros. También llaman la atención las construcciones íntegras de piedras.
A poco de detenerse seguro aparecen un par de chiquillos a ofrecer puntas de flechas, artesanías que hace su madre en un precario taller a un costado de la ruta y que con el tiempo se constituyeron en el distintivo del lugar.
Los Altares tiene el misterio de sus formaciones rocosas erosionadas por el viento y sus pinturas rupestres del siglo X, testimonio del paso de las antiguas tribus.
Hace poco fue declarada área natural protegida en el marco de una acción "íntimamente vinculada con el cuidado y la conservación del patrimonio histórico, porque es un lugar para recorrer y conservar en un escenario natural fantástico, caracterizado por rocas de arenisca que presentan diferentes franjas rojizas y se encuentran divididas por la erosión del agua y el viento, erguidas como monumentos megalíticos naturales que siguen el curso del río Chubut".
Asimismo, "pone en valor a toda el área de influencia, que incluye el yacimiento donde se descubrió el dinosaurio más grande del mundo", en referencia al paraje El Sombrero.
LAS PLUMAS
Desde el Valle de las Ruinas, la Ruta Nacional 25 sigue otros 100 kilómetros hacia el este, hasta llegar a la localidad de Las Plumas, atravesando varias estancias y curiosas formaciones rocosas labradas por la acción del viento y el agua. Los árboles a la vera del río Chubut son los sauces colorados autóctonos, petisos y de gruesa corteza, retorcidos y que se asemejan a una bandera. Hay entremezclados algunos álamos criollos, marcando las poblaciones donde abundan las ovejas y caballos. A los costados del camino es habitual encontrar fauna silvestre, principalmente choiques, guanacos, zorros, piches y hasta alguna mara. El río, de pronunciadas sinuosidades en casi todo su curso, tiene playas de arena, con barrancas de 2 a 3 metros.
El sector es conocido como Valle de los Mártires, en recuerdo del incidente que costara la vida a tres galeses buscadores de oro, en 1884, a manos del cacique Foyel. Sólo uno, John Evans, se salvó gracias a su caballo malacara que saltó un barranco de varios metros y facilitó la huida. Actualmente la tumba de aquel noble equino es uno de los sitios históricos más visitado por los turistas en Trevelin.
En Las Plumas existe una estación de servicios, varios almacenes, restaurantes y alojamiento.
VALLE DEL RÍO CHUBUT
El último tramo del camino (200 km desde Las Plumas hasta Trelew) también tiene sus encantos. En Las Chapas está la posibilidad de ingresar 12 km hasta la Villa Dique Florentino Ameghino, inaugurado en 1963 con el doble propósito de generar energía y regular el caudal del río que inundaba las chacras de los galeses.
Con el paso de los años paulatinamente se fue convirtiendo en un tranquilo poblado visitado cada fin de semana por los habitantes de ciudades cercanas que buscan un momento de distracción en pleno contacto con la naturaleza.
Ofrece dos campings organizados a la orilla del río, cabañas y restaurantes, además de actividades deportivas para los amantes de la pesca (hay arcoíris y percas en el lago), trekking, rafting y rapel.
Antes de llegar aparece Dolavon, conocido como "El pueblo de las norias" instaladas hace un siglo por los colonos que construyeron el canal de riego que atraviesa todo el casco urbano.
Enseguida se llega a Gaiman, donde se conserva la cultura galesa en su máxima expresión, desde sus construcciones que se mantienen en muy buen estado desde la época en que las primeras familias habitaron el valle, su tradicional té galés y la torta negra, y donde el visitante puede disfrutar del marco de espectacular belleza que le brinda todo el valle hasta la localidad de 28 de Julio.
A pocos kilómetros se encuentran Trelew, Rawson y Puerto Madryn, ya sobre el litoral marítimo, con toda su oferta turística de primer nivel, gastronomía típica y excursiones que incluyen el avistaje de ballenas, pingüinos y toninas.
(Agencia El Bolsón)
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