"Tenes las de perder"

La violencia de género, la discriminación hacia el hombre empieza cuando llamamos a un abogado. Con solo esa frase, nos dicen que todo lo que vamos a vivir en un proceso judicial en los juzgados de familia va a ser discriminatorio y nos tenemos que acostumbrar a ello. Que más allá de todo lo que podamos probar, las juezas (porque no hay jueces hombres en los juzgados de familia) le van a creer a la mujer y ahí se termina todo.

Después de 3 años de litigar para que me devuelvan la tenencia compartida, que de hecho tuve, y después de 2 meses de que la madre no nos deje ver con mi hija, puedo contar de primera mano muchas de esas discriminaciones. Y luego de hablar con muchos padres (y madres) puedo decir que no es un caso aislado. De hecho, todo el mundo lo sabe, es vox populi la discriminación hacia el hombre en el sistema judicial de familia, acá en Argentina y en el mundo. Porque?, porque están cimentados sobre un sistema de creencias sexistas que le han tocado sufrir y aún siguen sufriendo casi todos los seres humanos de este planeta. Esa división de roles contra la que muchos luchamos en todos los rincones de esta tierra, se fuerza a contra mano en las prácticas y resoluciones en el sistema judicial de familia. Y cuando hablo de sistema judicial, estoy incluyendo a casi todos sus integrantes, desde los abogados hasta los jueces. Y para ser justo, forma parte de todo nuestro sistema de creencias.
Cuando un hombre quiere pasar un fin de semana largo (2 días) con sus hijos, los abogados y juzgados tardan 20 minutos en ordenar la inmediata devolución de los hijos, pero cuando una madre priva a su hija de ver a su padre durante 2 meses, además de rechazar sus denuncias claramente respaldadas por la ley, se pueden tomar más de 20 días para requerir un tímida solicitud de que deje ver a su padre.
Seguramente es por esto, que muchas madres, alentadas por su sobreprotección por fuera de la ley, son las que ejercen este tipo de violencia psicológica y emocional sobre sus hijos y los padres de ellos. Porque seamos honestos, muy pocos hemos escuchado de un padre que le haga esto a sus hijos…
Nos han impuesto una cultura en donde las mujeres deben llorar ante las injusticias, y los hombres calentarnos sin derramar una lagrima, pero eso no quiere decir que por dentro esos roles se inviertan. Y por más de que seamos iguales, esa misma cultura es la que nos impone en la práctica, roles discriminatorios que ya no aparecen en ninguna ley en nuestro país. Son esas mismas prácticas que sufrimos los hombres que hemos podido luchar contra esa cultura impuesta, y desarrollar nuestros vínculos con nuestros hijos sin diferencias de género.
Las sufrimos, muchos; las seguiremos sufriendo, porque lleva décadas cambiar estos prejuicios. Pero la organización de sus víctimas siempre ha llevado a buen puerto, y la lucha de los movimientos feministas y homosexuales son un claro ejemplo de ello. Es hora de comenzar a dar esta batalla cultural.





Sebastian Vaucheret






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