Lo mataron en Brasil y su familia quiere despedirlo

Lo mataron en Brasil y su familia quiere despedirloVivió años en la calle, fue asesinado y su madre y hermanos piden ayuda para traer el cuerpo.

Luis Velazquez era un “descartado” de la sociedad, como dice el papa Francisco. Un hombre perdido en el alcohol que pasó muchos años en la calle. Recurría a la parroquia La Sagrada Familia para bañarse, cambiarse de ropa y comer. Tenía un corazón bueno y se encontraba capacitado para distintos oficios. Iba y venía, de la calle a la iglesia, de la calle a la casa de su madre. Durante muchos años trataron de contenerlo para que dejara el vicio.

Un día aceptó la propuesta que le hizo Caritas, de realizar un tratamiento para recuperarse en un internado que salvó la vida de muchos adictos. Personal de la organización se hizo cargo y facilitó su internación en la Fazenda de la Esperanza, en Carhué (Buenos Aires).

Fue en junio de 2017, y permaneció firme algunos meses. Pero cuando tuvo oportunidad de viajar a Brasil, donde tenía previsto ofrecer su testimonio como paciente en rehabilitación, a los pocos días no quiso seguir con el tratamiento y se perdió para siempre. Ni Caritas ni su familia volvieron a saber de él. Y pasó el tiempo. Dos años sin noticias de Luis, sin recibir una llamada, un mensaje, una carta, como si se lo hubiese tragado la tierra. Y fue un desaparecido hasta hace pocos días.

Un llamado del Consulado argentino comunicó que habían encontrado su cuerpo tirado en la calle. Había muerto estrangulado. Lo mataron. Ahora su familia pide desesperadamente ayuda para que sus restos vuelvan a Cipolletti y ellos puedan enterrarlo.

“Tengo 60 años, soy empleada doméstica, mi esposo falleció hace muchos años y estoy a la deriva. No tengo medios para traer a mi hijo y despedirme de él, ni sé cómo hacer. Necesito ayuda”, expresó su madre, Mabel Muñoz.

En diálogo con LM Cipolletti, aseveró que siempre se preocupó por él y con frecuencia iba a verlo a la iglesia. Admitió que en su casa era imposible que permaneciera debido a su adicción. Pero trató de no perder el rastro. Hasta que se internó.

Desde entonces, no supo nada más de él, y cuando surgió el dato de que podía estar en la zona, lo buscó por todo Cipolletti y Roca. Pero no lo encontró. Y el 17 de mayo recibió la peor noticia: que lo habían estrangulado en la ciudad de Guarantiguetá.

Vanesa, una de sus hermanas, expresó: “No queremos hacer lío, solo pedimos que la iglesia que se lo llevó para internarlo encuentre la manera de traer el cuerpo para que podamos despedirlo, como cualquier familia que pierde a un ser querido. Que se haga cargo porque nadie nos ayuda”. A ella siempre le pareció muy extraño que durante todo este tiempo Luis estuviese perdido, porque por más que tomara, aseguró que “tenía en su memoria el teléfono de mi mamá o mi tía, y cuando no estaba en Cipolletti, estaba en Roca”.
La versión de Caritas

También fue un misterio el paradero de Luis para Caritas, que lo trató durante más de ocho años. “Lo mandamos a Fazenda, donde se salvaron muchísimas vidas. Pero cuando se quiso ir, no pudimos hacer nada. Le insistimos para que vuelva, pero no quiso, hicimos todo para contenerlo, pero no pudimos. Brasil lo maravilló. Y para no dejarlo a la buena de Dios, le dimos ropa y dinero”, comentó Gustavo Panelo, uno de sus referentes.

Antes de que se retire el grupo de la Fazenda que había viajado a Brasil, Luis expresó su voluntad de quedarse en una carta que firmó. Luego se realizó una exposición policial que dejó constancia del hecho. “Entiendo a la madre. Es lógico que pregunte. Pero Caritas no lo puede traer, no tiene un peso”, indicó Panelo.

Él tampoco tuvo más contacto con Luis y la noticia lo conmovió: “No era violento, tenía un gran corazón, y esto nos duele un montón”. Desea, como su madre, que el traslado pueda realizarse cuanto antes.

Legajo policial

Su mamá Mabel hizo una denuncia por averiguación de paradero a principios de 2018, en la Comisaría Cuarta. Entonces se abrió un legajo, que luego incorporó la declaración de uno de los referentes de Caritas, la exposición que acreditaba el consentimiento que prestó Luis para internarse en La Fazenda, como también su voluntad de abandonar el tratamiento mientras se encontraba en Brasil, informaron fuentes judiciales.

Para la Fiscalía no hay delito que investigar acá, porque Luis era mayor de edad –rondaba los 40 años- y un hombre capaz de tomar sus propias decisiones, más allá de su adicción. Respecto del hecho por el cual Luis resultó asesinado, su familia no cree que vaya a ser esclarecido, pero se conforma con que al menos sus restos puedan regresar.








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