Desconcierta y angustia la desmesurada reacción del conductor radial Jonatan Huerta ante el
pertinente pedido de aclaración de la concejala Rosa Monsalve, motivado éste por los
comentarios misóginos e injuriantes del profesional de los medios que, muy lejos del
reconocimiento de cualquier exabrupto que pudiese haber cometido, puso en marcha una
campaña de victimización y a la vez, de agresión y desprestigio contra la concejala.
Insinuar siquiera que el reclamo de una mujer que se siente agredida por su condición de tal
representa un acto de censura e intimidación, puede explicarse sólo por una propensión al
absurdo, por razones de calidad profesional, o por intenciones e intereses ajenos en sí a lo
ocurrido.
Es desconocer el histórico tránsito de este país en pos del resguardo y la reivindicación de los
derechos de la mujer. Es negar la cifra luctuosa de femicidios que arrojan por saldo los
discursos de odio. Es incumplir la ya copiosa normativa que obliga legal y moralmente a
atender la demanda de quien, en nombre de un colectivo vituperado y agredido, manifiesta ser
objeto de una nueva ofensa y pide ser escuchada.
Sólo un pobre entendimiento de lo que implica la libertad de expresión puede conducir a la idea
de que las afrentas proferidas desde un medio de comunicación están exentas de reproche.
Los medios de comunicación son un bien social e invocan inexorablemente a toda una
comunidad. En ese sustento múltiple toda opinión puede ser emitida en tanto cumpla con la
ética del respeto a las disidencias, no malverse la verdad, ni vulnere otros derechos.
El periodismo no dispone de fueros, ni de condiciones excepcionales que lo tornen impune ante
la reconvención o la queja de la audiencia en tanto sea esta respetuosa y adecuada. Tal la
actitud de la concejala Monsalve, la cual fue insólitamente calificada de “apriete” sin prueba
alguna que confirme el hecho.
Resiste asimismo a la inteligencia la intervención del intendente, Bruno Pogliano quien, al
tomar partido en un suceso inexistente, le otorga sin embargo categoría institucional y a la vez
política. Una irreal censura al comunicador radial a la que alude en sus dichos, fallando en su
expresión y revelando a su pesar otras preocupaciones no confesadas.
La irreprochable tarea de la concejal Rosa Monsalve, su condición de mujer y su inamovible
preocupación por los sectores sociales marginados en El Bolsón, explican mejor la actitud del
jefe comunal.
Quienes sostenemos estas ideas, somos mujeres y hombres que repudiamos la campaña
agresiva e impostada desatada contra la concejal del Frente de Todos y exhortamos al
cumplimiento de las leyes que resguardan a la mujer víctima de violencia de género.
Refrendamos los dichos de la organización Colectiva Ni Una Menos en cuanto a que “la
violencia mediática, es una modalidad de ejercicio de la violencia machista que utiliza a los
medios y los códigos periodísticos para reproducir la discriminación hacia la mujer”.
Finalmente, como políticos, advertimos sobre el riesgo que pudiese implicar el manoseo de
aspectos de sensible gravedad que hacen a la razón social, al solo efecto eludir otros debates
propios de la comunidad, que con acierto y honestidad representa y plantea la concejala
Monsalve en pleno ejercicio de su función.
Con la única intención de velar intereses personales fue montada esta violenta campaña de
desprestigio que llamamos responsablemente a cesar.
Atacar a una mujer para presentarse luego como víctima es excusa propia del agresor de
género.
FIRMAS:
Roxana Ferreira, concejala de Bariloche
Julieta Wallace, concejala de Bariloche
Marcelo Casas, concejal de Bariloche
Lucas Antihuala, concejal de Ñorquinco
Gaston Etchechuri, concejal de Comallo
Ramón Chiocconi, legislador provincial
Alejandro Ramos Mejía, legislador provincial
María Eugenia Martini, legisladora provincial











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