El Manso. Un río de recorrido misterioso, hasta 1956


Su curso fue delimitado por las comisiones de límites de fines del siglo XIX, pero recién a mediados del XX se navegó en forma íntegra.  Por Adrián Moyano.



Recién entre 1896 y 1898 se pudo tener un conocimiento cabal sobre el recorrido completo del río Manso. La incertidumbre se terminó cuando se pusieron a trabajar las comisiones de límites argentinas y chilenas, para deslindar las respectivas jurisdicciones. Pero como mediaron casi 25 años entre el bautismo que impusiera el guardiamarina Rogers y el hallazgo de sus rápidos, prevaleció la engañosa denominación hasta nuestros días.

En 1895, todavía no se sabía dónde nacía. Recién al año siguiente, entre el 27 de enero y el 6 de marzo, una expedición bajo guía de Juan Steffen pudo avanzar sustantivamente en el conocimiento del río Manso, al reconocer su curso inferior. El grupo trasandino remontó el río Puelo y luego, el que nos ocupa, por espacio de 15 kilómetros, aproximadamente. Desde ya, tuvo que sortear rápidos y cascadas. ¡Cómo se habrán acordado del guardiamarina!

Una angostura interrumpió la navegación e hizo que los exploradores tuvieran que continuar a pie, valiéndose de machetes. Los desniveles del terreno hicieron que perdieran altura considerablemente y la volvieran a ganar a la fuerza. El contingente intentó tender un puente para vadearlo, pero fracasó y finalmente, pudo seguir adelante con el bote que había traído, pero con la ayuda de sogas desde la costa. ¿Manso?

Después del balseo, Steffen y sus compañeros tuvieron que apartarse del río, donde describe una gran curva en dirección al oriente. Entonces, cruzaron las montañas por donde finalmente, se estableció la línea fronteriza y luego, volvieron a toparse con el río para cruzarlo y seguir por su margen derecha, hasta donde tuerce hacia el norte y sigue por “llanadas boscosas”, Biedma dixit. Nos referimos a Juan Martín, autor de “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004).

Hasta ahí llegó la exploración, porque entre la falta de provisiones y las perspectivas de un camino arduo a puro machete, la expedición decidió regresar. Antes, ascendieron a un cerro de 1150 metros que, como presentaba quemazones, titularon Quemado. Debajo divisaron otro río que desemboca en el Manso: el Villegas. Sin embargo, no pudieron descubrir de dónde venía el que nos ocupa. Todavía faltaban dos años para que Emilio Frey “descubriera” el lago que, Francisco Moreno mediante, dio en llamarse, precisamente, Steffen.

Como ubicar el trazado completo del Manso era de interés para delimitar la frontera, las respectivas comisiones pusieron especial cuidado en reconocer toda su extensión. Por el lado chileno, trabajó la 7° Subcomisión, con Carlos Aguirre Luco como jefe, y por el argentino, además de Frey, los ayudantes Nysell y Janson. El primero relevó el tramo entre el lago Steffen y el río Villegas, mientras que los segundos establecieron que el lago Mascardi desaguaba hacia el oeste.

Por su parte, el ayudante Lehman levantó el croquis del río entre ese lago, el Hess y otros 8 kilómetros, aguas abajo de las cascadas. No obstante, un derrumbe impidió continuar con la tarea y establecer dónde el Manso entra en el Steffen. “No podemos cerrar estas notas sobre el río Manso sin mencionar la navegación del mismo, verdadera proeza deportiva, efectuada por Meiling y los hermanos Vallmitjana en 1956”, añade el texto de Biedma. Se trata de Otto, claro. Nótese el carácter tardío de la fecha, pero esa, es otra historia digna de reseña aparte.


Fuente El Cordillerano








Publicar un comentario

0 Comentarios