El 11 de noviembre, los cuerpos de Verónica, María Emilia y Paula fueron encontrados semienterrados. La escena del crimen fue contaminada, dificultando la investigación. Verónica presentaba heridas de arma blanca, mientras que las hermanas González habían sido golpeadas y tenían heridas de bala.
La investigación estuvo llena de irregularidades. Dos hombres fueron detenidos y luego liberados. Claudio Kelmas fue arrestado después de intentar plantar el arma homicida. Sus declaraciones contradictorias lo involucraron, y fue condenado a prisión perpetua como coautor del secuestro agravado. Otro hombre, Guillermo González Pino, fue condenado pero luego absuelto.
Surgieron varias hipótesis sobre los motivos del crimen, incluyendo vínculos con el narcotráfico y venganzas, pero ninguna pudo ser probada.
Testigos clave murieron en circunstancias sospechosas como el caso de Carlos Aravena. Su muerte se evidenció tras denunciar que personal policial se dirigía a matar a uno de los presuntos autores del crimen. Fue encontrado en julio de 1998 decapitado en un camino que conducía al basural de Cipolletti. Tenía cortes profundos en el torno y no estaba su cabeza y un brazo. El cráneo apareció a fines de octubre de 1999 al costado del camino sobre un paraje denominado el 30. La justicia no le brindó la protección adecuada, lo que sugiere una intimidación directa relacionada con su información. Ese crimen quedo impune.
En enero de 2001, Wilmar Chocón, otro testigo que dijo haber visto como subían a las tres chicas a un auto, fue atropellado en la ruta. Se informó que iba alcoholizado cuando una persona lo embistió. A pesar de haber sido llevado al hospital no resistió.
Otra de las muertes asociadas al crimen fue el de una trabajadora sexual que dijo saber los nombres de todos los implicados en el caso. No hubo avances en la investigación y quedo impune.
Estas muertes, ocurridas bajo circunstancias sospechosas y sin esclarecimiento completo sobre sus autores directos, son las que alimentan la teoría de que hubo fuerzas poderosas involucradas en silenciar información crucial sobre lo sucedido con Verónica Villar, María Emilia González y Paula González.
La familia de las víctimas, liderada por Elsa González, luchó incansablemente por el esclarecimiento del caso. A pesar de la condena de Kelmas, creen que no actuó solo y que los verdaderos responsables siguen libres. En 2012, la familia dejó de marchar, frustrada por la impunidad. El caso sigue abierto a nivel internacional, sin avances significativos.
Claudio Kelmas fue condenado a prisión perpetua como coautor del secuestro agravado. Sin embargo, persiste la duda de que no actuó solo y que la investigación oficial no llegó a los responsables intelectuales o a sus cómplices directos.
Guillermo González Pino fue otro de los condenados en el proceso inicial, aunque posteriormente fue absuelto. La ambigüedad en su participación y posterior liberación es un punto que se puede destacar como parte de las irregularidades.
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